Un amigo me contó que en este país existía el llamado Arctic Circle Trail, un camino de unos 160 km, que se inicia lejos de la civilización, en los glaciares de Kangerlussuaq, y que finaliza en la población costera de Sisimiut. En verano se convierte en una ruta turística que se puede realizar caminando en unos 10 días. Investigamos la posibilidad de realizarlo en bici en verano, pero por lo visto el tipo de terreno se convierte en una trampa en los meses más calurosos, con barro y terreno muy blando que obliga a empujar la bici más de lo deseado, bajo el persistente ataque de agresivos mosquitos. Ello, unido a una precaria señalización, hizo que descartáramos la opción de realizarla entonces y, junto a mi amigo Claude Balsiger, con el que ya he realizado numerosas expediciones a los Himalayas, y también Fabian Mooser, guía de montaña en el Valais, nos propusimos realizar ¡la primera expedición invernal del Arctic Circle Trail en bicicleta!

Lujuria de bicis en el hotel

Nuestro hotel en Kangerlussuaq (bueno, mas bien sería una cabaña) se encuentra justo al lado de la pista de aterrizaje del aeropuerto, y desde allí cogemos un bus que nos adentra unos 40 km hasta el inicio de nuestra aventura. La llegada al glaciar Russel es alucinante, y empezamos nuestra aventura junto a la cascada helada de un glaciar milenario. El contraste entre el hielo y nuestra ropa de colores chillones hace que no pueda parar de hacer fotos, pero el tiempo apremia y hay que empezar a pedalear. Pero el primer día pasa muy rápido y avanzamos mucho terreno, hasta llegar a nuestro primer destino, un poblado de 500 personas en medio de la nada, y donde nos preguntamos cómo serán el resto de los 3 días. ¿Podremos seguir este ritmo¿ ¿Dónde dormiremos? Jens Erik nos responde todas nuestras dudas. Este gigante local con un pie de la talla 54, y sus 16 perros, nos acompañará junto a su trineo durante nuestro periplo ártico, y nos hará de guía en esta ruta donde es fácil perderse en la inmensidad blanca, y que Jens conoce a la perfección y recorre varias veces al año.

A través de fiordos hasta Kanoo Camp

Hemos planeado unos kilometrajes diarios que van entre los 52 y los 60 km, algo que nunca podríamos haber hecho en la época de verano. En invierno, el hielo firme, junto con los caminos que dejan los trineos y las motos de nieve, crean una red de caminos perfectos sobre los que, de momento, es bastante cómodo avanzar, gracias también a las grandes ruedas y a la tracción de nuestras fat bikes.

En nuestra primera parada, nos damos cuenta de que hay que intentar llevar un ritmo suave. Incluso con temperaturas diurnas entre los -10 y los -30° grados Celsius, el esfuerzo nos hace sudar, lo que nos pone en problemas en el momento de detenernos, ya que cualquier líquido o humedad se congela en segundos. Poco a poco ajustamos nuestro ritmo al de Jens y sus perros. De todas formas, todo lo que necesitamos para sobrevivir está en ese trineo, así que no tiene sentido ir más rápido… Hablamos con Jens de su vida en Groenlandia y está claro que es un auténtico personaje curtido por las duras condiciones de su entorno. Lo que para nosotros es la aventura de nuestras vidas, no es más que otro día más para Jens y su trineo de perros. A pesar de vivir en una de las zonas más frías e inhóspitas del planeta, donde el invierno es oscuro y donde la temperatura solo sube de los 0 grados en los cortos meses de invierno, Jens no cambiaría esto por nada del mundo.

Tras pedalear por 59 km, alcanzamos, al cabo de 8 horas, nuestro siguiente punto, Kanoo Camp, una cabaña turística abandonada donde nos calentamos al fuego y secamos nuestras ropas, y bajo la luz de una vela, discutimos la ruta del día siguiente con nuestro guía.

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