Pablo Rodríguez sorprendía a todos en la Copa del Mundo de Vallnord (Andorra) con el tercer lugar por detrás de Ondrej Cink (2º) y de Julien Absalon (1º y ganador de esta edición de la Copa del Mundo). El joven gallego de MMR fue de menos a más en la carrera –llegó a rodar el 18º–, pero a medida que avanzaba la prueba se fue encontrando mejor, tanto que si la carrera dura una vuelta más podría haber ascendido hasta la segunda posición.

Pero, dónde está el secreto del rendimiento de Pablo Rodríguez en Vallnord, después de una temporada en la que su mejor resultado en la Copa del Mundo era la 9ª plaza de Albstadt (Alemania), en su primer año élite y después de proclamarse la temporada pasada subcampeón de la Copa del Mundo en Sub-23. Parte del secreto del podio de Pablo en Andorra reside en el stage que realizó en altura en Manzaneda y la información que esta concentración le aportó para su puesta a punto, a diferencia de otras ocasiones en las que se había concetrado en Sierra Nevada, opción que descartó para esta ocasión.

“Necesitaba una carrera así”

“La clave ha sido el stage en alto que hice en Manzaneda, cuando se pueden preparar las cosas con calma. Lo había intentado un par de veces el año pasado, pero no me había salido bien. Este año estaba muy mentalizado. Probablemente me ayudó mucho la preparación que hice, la medalla de Carlos C0loma y un poco que me dijo ser más listo de cabeza que de piernas. Un poco todo ayudó. Esta temporada he aprendido mucho, tanto mentalmente como físicamente y necesitaba esta carrera, que saliera algo así. Llevaba unas piernas descomunales”.

Rodríguez –que venía de ser 7º en la Swiss Cup de Basilea– detallaba de la siguiente forma el entrenamiento en altura, que junto a los días en Vallnord llegó a los 24 días: “El entrenamiento en altura es muy especial. Tienes que guiarte un poco por las sensaciones, por la primera semana. La primera semana me encontré muy muy mal y ahí tienes que tapar el pulsómetro, tapar los watios y guiarte un poco por sensaciones. A partir de ahí sí que empecé a coger ritmo y la última semana estaba haciendo unos números a 1.800 metros de altura que hacía a nivel del mar en casa. Sabía que los números y las sensaciones eran muy buenas”

Foto: Jesús Andrés Fernández

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