Muchos conoceréis a Firefly por sus bicis de carretera de titanio, pero esta pequeña empresa de Boston, formada por Tyler Evans, Jamie Medeiros y Kevin Wolfson, tiene una historia muy interesante también vinculada al mountain bike. Aunque es una empresa relativamente joven, ya que fue creada en enero de 2011, sus componentes disponen de una dilatada experiencia en el sector, y es que, entre Tyler Evans y Medeiros, atesoran más de 30 años de experiencia soldando cuadros de titanio, acero y también diseñando en carbono para algunas de las marcas más aclamadas del sector.

Perseguir tu pasión tiene sus frutos

Tyler, después de estudiar Escultura y enamorarse especialmente del trabajo con metales, pasó a trabajar de mecánico en algunas tiendas de su ciudad, hasta que la oportunidad le permitió aunar sus dos pasiones, al entrar a soldar en la meca que era por entonces Merlin Metalworks en 1996, bajo el ala de su padrino Tim Delaney, que le enseñó a soldar finos y delicados tubos de titanio en un tiempo récord. Allí sentó las bases de su arte, conoció todos los secretos de la profesión y se dio cuenta de que aquello era exactamente lo que quería hacer en su vida.

Después de la marcha del núcleo duro de Merlin (Rob Vandermark y otros) para fundar Seven Cyles, Tyler quedó unos años como uno de los principales soldadores en la marca, junto con gente como Gwyn Jones. Hasta que, en 1999, Tyler también decidió abandonar Merlin, que acababa de ser comprada por el grupo Saucony y avanzaba un tanto a la deriva, y pasó a formar parte del nuevo equipo de Independent Fabrication. Allí conoció a Jamie Medeiros y estuvo soldando cuadros durante los siguientes 13 años, en los que dio un paso más en la calidad de construcción e incorporó nuevas variables a la producción artesana de cuadros, como la atención personalizada con el cliente, la importancia de los detalles, la pintura y otros.

Pero llegó un punto de estancamiento e inflexión en su vida, y Tyler decidió aliarse con Jamie Medeiros (director de R&D) y Kevin Wolfson (diseñador) para fundar Firefly Bicycles en 2011, en el propio Boston, Massachusetts. Allí se ubica su impresionante local, diseñado por su mujer Alessandra Mondolfi y que destaca por un diseño muy cuidado, a juego con las producciones sobre ruedas que salen de la compañía.

“Entre los tres estamos recopilando lo mejor de nuestro bagaje e historia anterior e incorporándolo a Firefly. Hay mucho trabajo por recorrer y a mejorar en la atención al detalle, en los acabados finales y en la calidad de las bicicletas artesanas hechas a medida. Nuestra intención es crear las mejores bicicletas posibles con el máximo nivel de exigencia en cada detalle, por muy pequeño que sea”, declara Tyler Evans.

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