La de Francesc Guerra es de esas historias que realmente me motiva contar. No tanto porque cada fin de semana le podemos ver volar en las carreras, sino porque además de ser uno de los corredores de MTB más rápidos del panorama nacional, tiene una historia personal de lo más admirable.

Francesc Guerra “Guerrilla” como le llaman los amigos, está finalizando sus estudios en Ingeniería Superior de Telecomunicaciones, lo que demuestra que el deporte, incluso practicado a un alto nivel de exigencia, es compatible con la formación personal y los estudios. Guerrilla es el ejemplo de alguien que nunca opta por el camino más sencillo. ¿Y sabéis por qué? Porque él sabe que como en el deporte, también en la vida, el esfuerzo tiene su recompensa. Por eso, a Francesc no le asusta el esfuerzo y lucha como nadie por lo que quiere.

Josef Ajram – ¿En qué momento de tu vida la bici comenzó a ser importante para ti?

Francesc Guerra – Cuando tenía 6 años, mi padre, que ya era un aficionado al ciclismo, me compró una Monty azul de rueda 20” con la que empecé a hacer mis primeras pedaladas por la montaña. Recuerdo que pasaba días enteros en la plaza que hay delante de casa y llegaba a hacer más de 40 km dando vueltas y saltando bordillos. Entonces, con 8 años, mi padre me planteó si quería federarme y empezar a participar en carreras para los más jóvenes (Kid’s Cup). Le dije que sí y ahí empezó todo.

J.A. – ¿Cuáles son tus mayores motivaciones para seguir tomándotelo tan en serio?

F.G. – Creo que la clave para seguir ha sido que en los años de categorías de promoción no pensaba en la bici como una herramienta que me iba a dar de comer en el futuro sino como una forma más de pasármelo bien. Por eso, hasta hace dos años no he tenido un preparador. Siempre me ha gustado competir y una de mis mayores motivaciones para seguir entrenando es marcarme objetivos. Como a todo el mundo, me gusta ganar y la mayoría de veces eso no ocurre, pero me quedo con la satisfacción de haberlo intentado. Recuerdo más alegrías de carreras que no he ganado que de las que sí.

J.A. – ¿Cómo te da por estudiar una carrera como la de Ingeniería de Telecomunicaciones?

F.G. – En mi caso, siempre había tenido curiosidad por cómo se puede llegar a hablar por teléfono, conectarnos a Internet, ver la TV, etc. Lo veo como algo mágico e intangible, así que eso fue lo que empujó a matricularme en telecos.

J.A. – ¿Siempre tuviste claro que ibas a compaginar los estudios con el deporte?

F.G. – Es algo que tanto mis padres como yo siempre hemos tenido claro. Hoy en día puedes considerarte un privilegiado si no te cuesta dinero competir. Poder tener un sueldo para vivir al día ya es algo que en este país no lo pueden decir más de 4 corredores. Siempre he sabido que tener una formación superior debía ser fundamental para mi futuro pero, a la vez, nunca he desistido en seguir haciendo lo que me apasiona. En mi caso, tengo la suerte de pertenecer a una gran estructura como Scott España, en la que me siento cuidado en todos los sentidos y a la que considero como una gran familia.

J.A. – ¿Qué es lo más duro de hacer las dos cosas a la vez?

F.G. – Tanto el ciclismo como los estudios son dos actividades que requieren de un trabajo diario y constante. Por muy buenas aptitudes o condiciones innatas que tengas, sin actitud no se consigue nada. No me creo que nadie pueda ganar una carrera sin entrenar ni que alguien pueda aprobar un examen sin estudiar. En todos los ámbitos se necesita capacidad de sacrificio y esfuerzo. Cuando sabes todo lo que te ha costado conseguir algo, el placer al alcanzarlo es mucho mayor.

J.A. – ¿Cómo es un día normal en tu vida?

F.G. –  Mi día a día consiste en levantarme a las 8 h, desayuno, compruebo el correo y me informo de cómo ha cambiado el mundo (redes sociales). Alrededor de las 10 h salgo a entrenar siguiendo el plan que tenga marcado. Después de comer, voy a la universidad, donde decidí finalizar el proyecto final de carrera y normalmente a las 20 h me vuelvo para casa. Después de cenar, nueva dosis de mundo real mediante Social Media, pongo un rato la TV y al sobre.

J.A. – ¿Crees que montar en bici te ha ayudado en algo con tus estudios?

F.G. –  Me ha ayudado en ambos sentidos. Como he comentado anteriormente, el ciclismo requiere de una gran capacidad de sacrificio y más si quieres alcanzar objetivos ambiciosos. Esto también sucede con unos estudios superiores como cualquier ingeniería u otra licenciatura. Te obliga a llevar una rutina de estudio diaria para poder aprobar las asignaturas, como puede ser el entrenamiento para una competición. Además, gracias al ciclismo he aprendido a canalizar mejor los nervios antes de un examen y mantener la tranquilidad en momentos de dificultades.

J.A. – ¿Qué dirías a los que aseguran que es imposible estudiar si compites a alto nivel?

F.G. –  No hay excusas para dejar de estudiar. La clave está en una buena distribución del tiempo y en tener la ambición suficiente por formarte tanto física como mentalmente. El entrenamiento que puedas hacer encima de la bici en un día no va a ser tan extenso como para que te impida ir a clase, tener 1 h para realizar los deberes o repasar para un futuro examen. Si contásemos todas las horas que desaprovechamos a lo largo de los días, nos daríamos cuenta de que siempre se puede hacer más. Y no hay peor sensación al acabar una carrera que la de no haberlo dado todo, ¿no?

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