Head es una marca de peso y presencia dentro del sector del deporte que ahora ha decidido apostar por el MTB y desembarcar con fuerza en nuestro país para ofrecernos un catálogo trabajado de bicis que nosotros hemos querido probar. Si hasta ahora lo asociábamos a raquetas y esquís también lo haremos, después de estas líneas, sobre bicis.

Sorprendido gratamente desde el principio. No sabía que Head tenía un catálogo tan bien trabajado de bicis, así que tener la ocasión de probar una bici que nunca ha pasado por mis manos siempre es una buena opción. Y no saber nada o poco sobre ella tiene cosas buenas. Dejas los prejuicios al margen y nuestra impresión no se ve contaminada. Es como cuando vas al cine a ver una película y no conoces ni la temática ni al director. No has visto ni el tráiler del que todo mundo habla. Aquí va nuestra película en tres actos:

Introducción

Head ya trabajaba en sus propias bicis desde hace bastantes años y en su haber tiene bicis de doble suspensión (tocan el carbono y el aluminio), bicis infantiles y hasta modelos de carretera. En cuanto a la Rubi, la que ahora nos atañe, desdoblan completamente su gama en 27,5 y 29”, siempre con idéntico montaje y precio. Existen cuatro modelos que comparten cuadro pero distintos montajes, desde el más sencillo de la I hasta el más completo (con Shimano XT) de la IV. Nosotros elegimos la III por su excelente equilibrio entre peso, montaje y precio.

Trama

Basta de teoría, para ello tenéis su catálogo. Volvamos al instante en el que la sacamos de la caja. Pasamos la mano por encima del cuadro y nos detenemos en la unión del tubo horizontal con el tubo de sillín. Garantía de rigidez, pensamos. Un cuadro de aluminio de triple conificado, junto con un refuerzo a la altura del sillín y un diámetro de tija de 31,6 mm, auguran una bici rígida, como su propio nombre indica. Y es que si a eso le sumamos unas ruedas que, si bien no destacan en peso, debido a su diámetro, flexan menos que las 29”. La morfología y geometría de su cuadro deja entrever que estamos delante de una bici a medio camino entre la iniciación y las geometrías más radicales del XC.

Contrastándolo posteriormente con la cinta métrica, lo cercioramos. Posturalmente tiene un toque deportivo, sobre todo si invertimos su potencia y situamos los espaciadores por encima de la potencia. No es la clásica bici cuadrada, de tubos cortos y pipa de dirección generosa, algo que me parece razonable, puesto que una bici que esté cerca de los 1.000 euros no debe poseer una geometría de paseo. Por equipamiento y geometría estamos delante de una bici para los que ya dejaron la iniciación atrás. Solo pedalean por una mezcal de vicio y placer sintiéndose cómodos transitando por rodadoras pistas, senderos con flow y excepcionalmente trialeras de baja dificultad técnica.

Esta es la típica bici a la que, debido a sus altas cotas de rigidez, debemos realizar dos pasos a conciencia: primero, tubelizar las ruedas para poder circular a menos presión y, segundo, ajustar la horquilla a la presión adecuada, con tendencia a un tacto más blando para aprovechar al máximo sus 100 mm de recorrido en cuanto abandonamos la pista. ¿Por qué? Pues por el sencillo motivo de que este tipo de bicis rígidas son muy eficientes cuesta arriba en pista y dando pedales, pero se tornan algo más indomables en terreno roto, con falta de tracción. Y es que no es como una doble suspensión que dibuja constantemente el terreno o un cuadro de carbono con mayores cotas de absorción. Por ello nos habría gustado que montara una tija de menor diámetro, de 27,2 mm en vez de 31,6 mm, para ganar en absorción vertical y ayudar a pedalear con mayor fluidez en terreno bacheado.

Desenlace

Nos ha gustado el comportamiento de la horquilla. Tiene lo básico para pasarlo bien; barras de 32, de aire, ajuste de rebote y bloqueo remoto. Y es que en las bicis rígidas, unas ruedas ligeras y una horquilla de calidad son el 75 % de su comportamiento. Al montar triple plato hemos podido realizar rutas de larga duración gestionando muy bien el esfuerzo y encontrando siempre la relación adecuada. Pero por el contrario, creemos que un doble plato se ahorraría alguna duplicidad de marchas y le daría un aire más moderno. El triple ya nos huele a antaño. Por lo demás, nos ha dado toda una lección. Acostumbrados a ir en bicis de World Cup de precios prohibitivos, nos ha enseñado que una bici de tres dígitos es capaz de hacernos disfrutar de lo que más nos gusta: ir en bici. Y es que objetivamente esta Head Rubi tiene todo lo necesario para cualquier biker: una relación de marchas inacabables, una horquilla de garantías, la seguridad de unos frenos hidráulicos y una geometría que nos invita a andar rápido. No necesitamos nada más para pasarlo bien.

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