No es habitual que un chico de 18 años sienta inquietud de irse a Sudáfrica a correr una de las carreras una de las carreras más duras del mundo, la Absa Cape Epic. Pero es menos común todavía que lo haga con su padre, haciendo equipo con él durante los más de 700 km que exige la prueba.

Con vosotros, la historia de un joven que puede ser ejemplo de mayores, Josep Colomina.

Josef Ajram – ¿Quién es Josep? De dónde te viene la pasión por el mountain bike?

Josep Colomina – Hola, mi nombre es Josep Colomina y tengo 18 años. Mis padres me han inculcado siempre la pasión hacia el deporte y la superación de los retos encima de la bicicleta. Prácticamente desde que tengo uso de razón he vivido rodeado de bicicletas y mi pasión para desarrollarme en este mundo y dedicarme al mountain bike ha existido desde siempre.

J.A. – Nos vimos en la pasada Cape Epic, ¿cómo acabaste en una de las pruebas más duras del planeta?

J.C. – La verdad es que la experiencia fue algo que ni yo mismo me esperaba. Se trataba de un sueño hecho realidad junto a mi padre, alguien a quien admiro muchísimo. Cumplirlo a esta edad, con tan solo 18 años, fue mucho más emocionante para mí, fue algo único y maravilloso que estoy seguro de que recordaré para siempre.

J.A. – ¿Qué destacarías de la carrera? ¿Cómo viviste el ambiente?

J.C. – La carrera fue impresionante, pero desde mi punto de vista destacaría sobre todo los singletracks eternos y alucinantes que encontrábamos en las etapas. En cuanto al ambiente, desde que empecé la prólogo hasta la última etapa me sentí como un profesional, con una asistencia extraordinaria, compartiéndolo todo con los mejores ciclistas del mundo, algo que me hizo sentir grande pero a la vez pequeño por estar allí con tan solo 18 años. Un trato estupendo y una amabilidad que no podía llegar a más por parte de todo el equipo técnico, masajistas, asistencia y entre compañeros.

J.A. – Ahora que nos nos escucha nadie ¿Quién metió caña a quién?

J.C. – Ja, ja, ja… es una gran pregunta. Realmente, ni uno ni otro. Tanto mi padre como yo necesitábamos en esta dura carrera el apoyo mutuo. El obstáculo más grande no fue el sufrimiento físico sino el superar el sufrimiento psicológico que puede hacerte caer en los momentos más intensos. Durante todas las etapas uno se apoyaba en otro. En las bajadas, que son la especialidad de mi padre, él me daba fuerzas para seguir y contrariamente en las subidas, que son mi punto fuerte, yo se las daba a él. Es lo más importante y necesario para esta carrera, el llevarse bien y saber cuáles son las necesidades de tu compañero, en este caso, mi padre.

J.A. – ¿Cómo viviste la preparación de la Cape Epic?

J.C. – La preparación para este tipo de carrera fue realmente un sacrificio muy grande para mí a esta edad. Me encuentro en una edad complicada, en la que cuesta compaginarlo todo, estudios, amigos y familia. Mientras todos mis amigos y conocidos salían de fiesta, yo debía quedarme en casa para descansar y poder ir a entrenar al 100 %, algo que en su momento fue difícil pero de lo que no me arrepiento.

J.A. – ¿Qué error de novato cometiste?

J.C. – Tuve la suerte de hacer las cosas bastante bien, en gran medida al contar con el apoyo de mi padre, quien ya había participado en la Cape Epic y sabía exactamente lo que suponía. También me ayudó en este sentido mi equipo, One to One Entrenadores Personales. Bueno, a decir verdad, sí que cometí un error; fue concretamente en Ciudad del Cabo, cuando decidí no comerme una rica hamburguesa en el restaurante pensando en rendir mejor en la carrera. Eso sí que fue un error de novato… ja, ja, ja.

J.A. – ¿Qué carrera te gustaría correr en el futuro?

J.C. – De momento, mi próximo objetivo es mi segunda edición de la Cape Epic otra vez junto con mi padre. Claro que en un futuro me gustaría participar en carreras como la BC Bike Race, la Transalps o la Andalucía Bike Race.

J.A. – ¿Cómo ves a la gente de tu edad? ¿Tienen interés por el mountain bike?

J.C. – El interés por el mountain bike ha decrecido, en mi opinión, en los últimos años. Los jóvenes ven el ciclismo como un deporte cualquiera pero sin darse cuenta siquiera del sacrificio que requiere y las horas que hay que dedicarse a ello. Es un deporte duro, intenso y muy difícil de compaginar si realmente es lo que te gusta. Ojalá algún día se despierte el interés entre los jóvenes por este precioso deporte, porque la verdad es que vale la pena llevarlo a cabo.

J.A. – Una frase que motive a nuestros lectores…

J.C. – Hay que soportar sin dejar de avanzar.

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