La historia de Imael Lejarreta es probablemente una de las más duras que conozco en el mundillo de mtb. Hace tres años un coche arrollaba a su hijo, Iñaki Lejarreta. Las consecuencias fueron fatales, e Iñaki, uno de los mejores corredores de nuestro país, nos dejaba con apenas 29 años. Iñaki estaba muy unido a su padre, con quien mantenía una relación muy especial, de padre y amigo. No hace demasiado nos encontramos a Isma en un evento y aprovechamos para hablar con él.

Solo Bici – Isma, hacía tiempo que no te veíamos en las carreras desde el fatal accidente de Iñaki.

Isma Lejarreta – Es cierto. Cuando estaba Iñaki íbamos a la Copa del Mundo, al Europeo, a todos lados, pero desde que se fue Iñaki hemos estado apartados de este mundo, hasta que decidimos acercarnos al Mundial de Vallnord.

SB – ¿Fue difícil estar de nuevo en el mundo de Iñaki?

Un poco difícil, sí, al no estar Iñaki, pero también especial al recibir tanto apoyo y cariño de la gente.

SB – Y luciendo la camiseta con el recordatorio a Iñaki bien visible.

Me prometí a mí mismo que lo llevaría toda la vida. Llevo el corazón atravesado con su nombre en toda la ropa. También hicimos en su momento unos escudos y unos pins, que mi mujer lleva en el bolso y yo a veces en la chaqueta. El suegro de Iñaki también suele llevar algunas prendas y algún pin.

SB – También se hicieron adhesivos para la bici, ¿no?

Sí. Y hay mucha gente que los lleva pegados a la bici o en cualquier otro lado. Siempre nos hemos sentido apoyados, al igual que cuando Iñaki estaba en la movida. El mundo del mountain bike es un mundo de amigos. Quizás en otras especialidades deportivas no haya tanta camaradería, pero el MTB es un mundo más familiar.

SB – El pasado 16 de diciembre se cumplían tres años del fatal atropello a Iñaki, ¿tenéis pensado algún recordatorio especial?

¿Algo especial? Ya le dije a mi familia que yo no quería recordar este día. Ya me enviaron muchos WhatsApp y les dije que no. Prefiero recordar el 1 de septiembre, que es cuando nació Iñaki.

SB – Pero sí que creasteis una fundación que lleva su nombre.

Y ahí estamos, trabajando, pero no sé por qué se tarda tanto. Llevamos ya dos años peleando con la Administración, al no ser una cosa de millonarios o de partidos políticos. Iñaki siempre era muy verde, amante de la naturaleza, del deporte y sus amigos, y cogiendo este hilo planeamos hacer una

fundación para fomentar lo que le gustaría a Iñaki, un poco de deporte, amistad, de naturaleza. Atar las tres cosas.

SB – ¿Qué se persigue con su fundación?

En un principio tenemos un proyecto oficial como tal. Tengo un terreno de dos hectáreas en el monte, que tiene una parte con unos árboles autóctonos. Queremos recuperar ese terreno como un jardín. Sería de la fundación, para que la gente disfrute. Está en el monte, tiene un río…, en el que hay hasta una secuoya que plantamos Iñaki i yo. Hemos hablado con los agentes políticos, con la Diputación y están a la espera de un patrocinador por parte de ellos para darle un poco más de juego al terreno. Es un bosque en medio de la naturaleza. El bosque de Iñaki Lejarreta para disfrute de todos.

SB – ¿Tenéis pensadas más actividades?

Alguna que otra exposición, lo que la gente nos proponga nos parece bien, como la marcha que hacemos cada mes de septiembre. La verdad, sentimos un gran vacío. Lo recordamos mucho y cada día nos cae una lágrima.

SB – Casi un mes después del fatal atropello nacía Mairi, la hija de Iñaki.

Recuerdo la ilusión que le hacía a él. Le tocaba la tripa… Han pasado ya tres años y Mairi nos consuela un poco. Es una alegría verla. Es muy maja y la queremos mucho.

SB – Salías mucho en bici con Iñaki, ¿lo sigues haciendo?

Desde niño he ido en bici. La nuestra más que una relación de padre e hijo era de padre amigo. Ahora cada vez que salgo en bici hablo con él. No sé si me entiendes, como cuando vas hablando con el compañero cuando vas pedaleando.

Salgo tres veces a la semana. Soy bastante explorador. Y no puedo evitar estas conversaciones con Iñaki, y alguna lágrima se me cae cuando estoy con él. A parte de padre e hijo, éramos bicicleteros. Teníamos la relación que se tiene con un buen amigo, con una persona querida… Todo lo revives un poco ahora.

SB – ¿Tienes que pasar mucho por el lugar del accidente?

Tenemos que pasar cada día. Nosotros dijimos de no poner nada. Hubo quien puso un banco que ya no está y alguna persona un bidón con flores. Cuando paso por allí, miro de reojo. Allí o en otra parte está. Se fue, y punto.

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