APRENDIÓ A MONTAR EN BICI ANTES QUE A ANDAR. COMO MUCHOS OTROS HIJOS DE UN PADRE QUE TIENE UN NEGOCIO FAMILIAR, EL NIÑO MIGUEL LLORENTE (24/05/1950, MADRID) PASABA MÁS TIEMPO EN MACARIO QUE EN LA CALLE. Poco a poco la diversión, los ratos de juego, fueron reemplazados por horas de ayuda, hasta que tanto él como su hermano mayor Jaime empezaron a trabajar ya en Macario. Pero a Miguel siempre le habían gustado las ciencias, en concreto la física y la química. Tanto que se doctoró en Químicas, hizo la tesis y estuvo dos años trabajando en Estados Unidos antes de ejercer como profesor en la universidad a su regreso a Madrid.

Su labor académica le permitía seguir ayudando en Macario, hasta que se vio en la necesidad de abandonar su pasión por la enseñanza y la investigación para asumir las riendas de la empresa que fundó su padre. No lo dudó. Agarró con fuerza el timón y a día de hoy Macario Llorente es un referente en el sector del ciclismo. Este apasionado del ciclismo nos cuenta una vida de película.

¿Qué recuerdos tienes de tus primeras experiencias en Macario?
Macario en aquellos tiempos era un taller, que fabricaba los cuadros a los ciclistas de la zona y de Madrid. Pasaban por ahí y el ambiente de ciclismo era total. Desde pequeño estaba siempre en el taller, y corría en carreras de bicis. Supe antes a montar en bici que a andar. Siempre estuve trabajando. También estudié y compaginaba las dos cosas e incluso hubo unos años en los que también fabriqué cuadros.

Tu vida es la vida de Macario, pero los estudios también te apasionaban, tanto que te doctoras y ejerciste en la universidad.
Me doctoré en Químicas e incluso estuve dos años investigando en Estados Unidos –en Cincinnati, en un laboratorio de investigación de material de caucho y propiedades elásticas– y llegué a ser profesor en la Universidad Complutense. Iba a la facultad y por la tarde echaba una mano, pero al final tuve que implicarme más. Mi hermano se separó de nosotros y tuve que hacerme cargo. Solicité la excedencia en la universidad y aún la tengo (sonríe). Esto pasó a principios de los 90.

¿Nunca pensaste en volver a tu carrera académica?
Ahora ya tengo 66 años, y estoy casi para jubilarme, aunque no me voy a jubilar. Sí que lo pensé, pero no tenía más remedio que hacerlo. La otra parte también me gustaba, el tema de la enseñanza y la investigación. Pudo más la obligación y el amor a una empresa que creó mi padre para que siguiera adelante que la otra vocación.

Macario ya es una empresa consolidada en el canal ciclista nacional, ¿qué queda hoy de aquella empresa que fundó tu padre?
De la original muy poco. Empezó con un taller con pocos empleados y se dedicada a la fabricación de cuadros. Cuando mi padre falleció se dejaron de hacer cuadros porque no se enseñó a nadie a hacerlos y los cuadros de acero de entonces se empezaron a cambiar por los de aluminio y carbono. Empezamos con el tema de la distribución y hubo un momento importante cuando nos nombraron distribuidores de Shimano, lo que además coincidó con el boom del mountain bike. La empresa creció en poco tiempo rápidamente. Y ahora sigue siendo familiar, pero somos más de 70 empleados.

¿Cómo nació vuestra relación con Shimano?
Desde siempre apostamos por las marcas japonesas como Shimano, algunas de componentes como Cateye o Panaracer y en 1988, cuando empezó el tema del MTB, Shimano decidió nombrar tres distribuidores en España. Quizás entendió que ninguno era lo suficientemente importante para hacerlo solo entonces, y en 1994 se decidieron por nosotros. Nos nombraron en exclusiva y el crecimiento vino a partir de ahí.

¿La filosofía de la empresa siempre ha sido la misma a lo largo de la historia o se ha ido renovando?
Hemos ido cambiando nuestra filosofía. Antes teníamos todas las marcas posibles, las queríamos tener para dar un mayor servico a los clientes, pero en los últimos años la filosofía es centrarnos en las marcas importantes, en pocas marcas y que sean importantes.

Hablando de marcas, habéis trabajado con muchas, ¿hay alguna que te hubiera gustado tener y que no has tenido?
Alguna más sí que podríamos tener, pero no muchas más. La idea es que si cogemos alguna marca ,tiene que ser en exclusiva, no compartida, y que sea una cierta entidad. Sí que hemos tenido las marcas que queríamos tener, pero las hemos dejado.

¿Y en qué consiste tu trabajo en Macario a día de hoy?
Mi trabajo es el de gerente, como consejero supervisor de la empresa. Hay directores de los diferentes departamentos. Ellos dirigen la política de la empresa y yo estoy de supervisor, consejero. Tengo una experiencia y todavía puedo aportar. Y siempre he sido bastante abierto a las cosas nuevas y a las innovaciones. Soy consciente de que son importantes.

¿Cómo ves el futuro de Macario?
Bien, en los últimos años la empresa va bien. El ciclismo tiene sus problemas, pero cada vez hay más gente que monta en bici. Tenemos la marca líder del mercado y el futuro es optimista.

A tus 66 años, ¿sigues yendo con todo el desarollo a trabajar a Macario o ya aflojas un poco la marcha?
De momento sí, aunque voy todos los días a la empresa, de vez en cuando me tomo una mañana o un día libre o cojo la bici y me doy una vuelta por ahí. La idea es un poco eso. De momento me considero todavía bastante en forma para seguir yendo a trabajar. Monto mucho en bici, y por ahora la salud la tengo bien.

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