Hidratarte adecuadamente… no es importante, es crucial!!!

Además de disminuir tu rendimiento, la deshidratación supone una situación de riesgo para tu salud. Presta atención y toma nota de cómo evitarla.

Para comprender mejor el fenómeno de la deshidratación lo mejor es saber que poseemos diversos mecanismos para eliminar calor del interior de nuestro cuerpo. Esta circunstancia se debe a que los seres humanos necesitamos mantener una temperatura corporal constante, alrededor de unos 37°C, para que todos nuestros procesos fisiológicos se produzcan con normalidad. El ejercicio físico, la práctica de la bicicleta de montaña, por tanto, es una actividad que tiende a incrementar la temperatura corporal, y con ello también a que se activen todos esos mecanismos de pérdida de calor para neutralizar el aumento de temperatura provocada por el ejercicio. Entre esos mecanismos se encuentra la producción de sudor, que consiste, explicada de manera muy básica, en expulsar agua del interior del cuerpo para que éste se enfríe. Esta producción de sudor ocasiona que en el interior de nuestro organismo disminuya la cantidad de agua circulante, que a la postre es fundamental para el buen funcionamiento de nuestros órganos y de miles de procesos bioquímicos. Es imprescindible, por lo tanto, ir reponiendo la cantidad de agua o líquido que vamos perdiendo a través del sudor mientras montamos en bicicleta, y aquí es donde entra en juego la hidratación.

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La necesidad de beber
La teoría nos dice que deberíamos reponer la misma cantidad de líquido que perdemos a través del sudor para evitar así cualquier riesgo de deshidratación, por escaso que sea. Sin embargo, la práctica nos dice que en muchas ocasiones esto es complicado, especialmente en situaciones de esfuerzo muy intenso y/o clima muy caluroso, donde el ritmo de sudoración es muy alto y las pérdidas de fluido corporal enormes. En situación de esfuerzo resulta complicado beber grandes cantidades de líquido, con lo que a veces es inevitable asumir ciertos niveles de deshidratación. En todo caso, deberíamos llevar a cabo pautas de comportamiento que reduzcan al máximo la deshidratación y los efectos negativos que ésta comporta, en un primer momento, sobre nuestra capacidad de rendimiento, y, sin duda, en segundo lugar, por los riesgos que supone para la salud.

La sed es una alarma que actúa con cierto retraso; cuando tienes sed ya estás ligeramente deshidratado.

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