En sus inicios, lo que ahora conocemos como Litespeed, no era más que una pequeña empresa de maquinaria metalúrgica llamada Southeast Machine, ubicada en Chattanooga, Tenessee, y dedicada a crear muy diversas piezas de metal, desde pequeños tornillos hasta construcciones muy complejas. Se cuenta que uno de sus dos hijos tuvo una lesión como corredor de fondo y decidió seguir el consejo de su médico de usar una bici para recuperarse.

Después de una visita a la tienda de bicis del pueblo, no encontraron ninguna bicicleta que les pareciera interesante, así que decidieron construir un cuadro ellos mismos con la tubería de titanio que tenían a su disposición en la empresa. Aquello no fue más que el inicio de una obsesión, que después de ser perfeccionada con pruebas y errores, hizo que su fama de constructores de cuadros de titanio de calidad corriera de boca en boca, primero en el ámbito local y regional, y finalmente nacional, cuando decidieron presentar su marca de bicicletas en titanio Litespeed en 1986, en la feria de Long Beach, California. Era el final de la Guerra Fría, y el titanio, antes considerado material militar, comenzaba a estar disponible para los civiles, que aprovecharon sus excelentes características de peso y rigidez para mejorar el status quo del momento en bicis de acero y aluminio.

Producción propia e internacional por encargo

Sus primeros catálogos de 1990 ya muestran un gran interés por el mountain bike, con modelos que con el tiempo se han convertido en piezas de coleccionista como las clásicas Ocoee o las Obed, ambas disponibles como rígidas o como doble suspensión, y con configuraciones de la época que incluían en algún caso sistemas de elastómeros traseros. Al mismo tiempo, la familia Lynskey (propietarios de la marca, que después fundaron la marca Lynskey Performance Designs) se hicieron famosos por numerosos encargos a medida para importantes marcas del sector del ciclismo que les encargaban modelos específicos de titanio para sus gamas, entre las que se incluyen nombres tan ilustres como Baso, Haro, DeRosa, Univega, Alpinestars, Marin, Rocky Mountain o Bianchi. Y para ilustre, el mismísimo Lance Armstrong, que en 1999 usó una Litespeed, pintada para parecer una Trek, en una contrarreloj que le llevó a la victoria en el Tour de Francia.

Actualmente Litespeed sigue en pie, combinando la producción de titanio de calidad con novedosos avances en fibra de carbono desde su sede en Tennessee, fiel a sus raíces sureñas.

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