Paul Price fundó Paul Components Engineering hace ya 27 años en la población de Chico, California, en el garaje de su modesta casa, que compró por 49.000 dólares en estado de ruina, y que le sirvió para desplegar su ansia de producir piezas y componentes de mayor calidad que las que él podía encontrar en ese momento en el mercado. Paul, hijo de una artista y un ingeniero, era el típico niño que de pequeño lo desmontaba todo en el garaje de su padre. Un perfeccionista que no estaba contento con la calidad del material para mountain bike en aquellos años, y decidió tomar cartas en el asunto y hacer algo al respecto.


Guiado por la idea de crear las piezas más funcionales posibles, por encima de consideraciones estéticas (aunque a muchos de nosotros nos parecen también pequeñas obras de arte), Paul no tardó en hacerse con una reputación de creador de piezas fiables, duraderas, de calidad y 100% fabricadas en EE.UU. Como un verdadero artesano, Paul inició su negocio como único trabajador, diseñando, creando y puliendo todas las piezas que salían de sus máquinas, hasta que el negocio creció exponencialmente y Paul Components tuvo que mudarse a un local más grande y abandonar el garaje de su casa… por suerte.

Ingeniería de leyenda

Como buen ingeniero, y propietario de una pequeña empresa que no necesita de grandes capitales ni meetings diarios, Paul puede permitirse el lujo de crear piezas niche, de consumo relativamente minoritario, pero que solucionan problemas importantes para determinadas personas en el mundo del ciclismo. Míticos son ya sus frenos para CX Minimoto o sus bujes, que compiten en calidad y artesanía con los míticos Chris King, y sus clásicos y estrafalarios desviadores traseros se están convirtiendo en piezas de coleccionista y museo que alcanzan precios prohibitivos en eBay y en diversos foros especializados en piezas retro.

Como ingeniero y creador, le encanta encontrar soluciones a problemas específicos, por pequeños que sean, y solo hay que ver su catálogo de extraños accesorios y adaptadores para darse cuenta de que la funcionalidad extrema es el mantra diario que emana de su caótico pero funcional local en la costa californiana.

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