Una de las bicis de referencia y compañera infatigable de Julien Absalon, el mismo que, junto al recientemente retirado Ralph Naf, ayudaba a desarrollar el sistema utilizándolo de incógnito en alguna de las pruebas de XC tapando el sistema con una bolsa de tela negra. Hasta que para 2016, BMC nos destapó su revolucionaria microsuspensión. Lo mejor es que el sistema no es demasiado complejo, al menos aparentemente. Se aprovecha las propiedades del carbono para integrar una goma XCell sustentada internamente por un doble guiado que garantiza la rigidez lateral del cuadro. La bici viene montada por defecto, en cuanto la sacas de la caja, con el  compuesto intermedio, ya que se incluyen dos extra de goma XCell, uno más blando y otro más duro, que se pueden instalar fácilmente, solo se requiere una llave Allen.

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Test dinámico

En marcha ya desde el primer pedal apreciamos la pequeña microsuspensión. Micro porque en el mejor de los casos afecta en 1,5 cm. A diferencia de sus competidoras, aquí es más fácil apreciar cómo trabaja la goma, sobre todo a la que empiezan los terrenos rotos o paso por raíces. Es del todo perceptible. Tanto que en salidas posteriores nos ha permitido aumentar con algún psi de más la rueda trasera para rodar con más velocidad en las cuestas sin dificultad técnica, a sabiendas de que en el terreno roto la microsuspensión nos compensará esa mayor presión del neumático. Y es que en las cuestas más bacheadas nos permite durante más tiempo pedalear sentados (si lo deseamos), ya que dibuja muy bien el terreno y no se muestra tan rebotona como las hardtails convencionales.

Lo que sí aconsejamos, sobre todo para los usuarios más agresivos, es sustituir la goma XCell intermedia que viene de serie por la del compuesto más duro. Seguiremos apreciando cómo trabaja, pero no se notarán tanto los topes que realizamos con los compuestos más blandos en los grandes impactos. Además, otra gran ventaja respecto a otras soluciones técnicas, como las tijas, es que la microsuspensión aquí actúa siempre sin importar si estamos sentados o, como sucede en las bajadas, levantamos el culo del sillín; el sistema sigue trabajando igual que lo haría una doble suspensión. Toda una revolución, sí, pero también un auténtico dolor de cabeza para las bicis de doble suspensión. Aquí tienen una competidora más ligera, más simple y que encima requiere de un mantenimiento más bajo al no contar con articulaciones y sus consiguientes rodamientos.

Y a todo ello, BMC ha querido rematar la faena reconduciendo el cableado internamente a lo largo del tubo vertical e incorporando un eje pasante de 142 mm. Por todo ello hemos disfrutado de la bici como un niños con zapatos nuevos. Pero como suele ocurrir, la calidad y las evoluciones técnicas se pagan. El precio del cuadro tope de gama (el único que se comercializa) es de 3.399 euros. Por ello entendemos que es mejor opción hacerse con la bici completa con precios más ajustados. Y por último, avisar sobre el tallaje de la bici, tradicionalmente grande, fiel a la utilización de tubos largos y potencias cortas. Así, lo mejor que podéis hacer es dejaros asesorar por un buen profesional para que acertéis con la talla que se adapta mejor a vuestras necesidades y fisonomía.

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