Texto: Ramón Llonch

Zarpar del Golfo de Guinea hace unos 500 años era para los nativos del lugar atravesar la puerta sin retorno. Dejar su tierra para siempre y convertirse en esclavos. Hoy, sin embargo, visitar este lugar permite conocer infinidad de lugares encantadores y pacíficos. Descubrir la pura esencia de África, a golpe de pedal.

Después de varios viajes por África, llego a la conclusión de que aquí la distancia no se mide en kilómetros ni el tiempo en horas.

Las creencias, los ritos y prácticas ancestrales gobiernan las vidas –y las muertes– de buena parte de los habitantes del continente africano: el uso de la razón –por lo menos de la mía– quedará ahogado por un océano de misterios a los que a ritmo de pedal podrás acercarte, observarlos, sufrirlos y admirarlos, pero que difícilmente comprenderás. ¡Bienvenidos a África! 

De Accra a Kumasi, capital del Reino Ashanti

Ebenezza me esperaba en su aldea en un punto indeterminado de la antigua carretera que unía Accra y Kumasi; visitar unas amistades y la curiosidad por conocer la antigua capital del imperio Ashanti me hicieron desviar por unos días el itinerario que preveía atravesar siguiendo el litoral tanto de Ghana como de los dos pequeños países que están al este, Togo y Benin.

Apenas unos pedazos de asfalto semihundido sobresalen del barrizal en que se ha convertido esta ruta que los ingleses trazaron abriéndose camino hacia el norte; delante de la antigua estación hay un tren parado para siempre y sus vagones diseminados por la vía convertidos en viviendas con ruedas. Allí me espera con su hija; él es doctor de las hojas, un alquimista de la botánica a cuyos remedios acuden centenares de personas de los alrededores en busca de una fórmula que alivie sus males. Comemos juntos entre elixires y semillas; mientras, algunos pacientes que hacen cola se entretienen jugando con mi bicicleta. Me indica la ruta hacia Kumasi con la misma hospitalidad con la que el día anterior me sacó del caos de Accra, punto de partida de este viaje a través de los escenarios de uno de los mayores raptos masivos de la historia de la humanidad: la esclavitud.

Última semana del Ramadán. No recuerdo con particular cariño estos primeros kilómetros lluviosos hacia Kumasi; tanto yo como la bicicleta todavía necesitamos tiempo para adaptarnos a África. La humedad, el sol, los insectos… todavía miro demasiado el reloj allí donde el tiempo no es tan importante.

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