Hemos estado siete horas pedaleando y nos arrastramos durante los últimos metros hacia nuestro campamento, un pequeño círculo polvoriento en las afueras de la aldea de Ambiko. Ha sido un duro día de descensos rocosos y de largas pateadas con la bici , y mientras me seco el sudor de la frente con mi guante apestoso, lo único que deseo es una cerveza fría para acabar de procesar todas las memorias que hemos vivido hoy.

Y, justo mientras pienso esto, un hombre sale de detrás de una valla del pueblo con unas cervezas en la mano para los cansados turistas, y rápidamente damos buena cuenta de ellas, mientras nos aseguramos de que haya muchas más esta noche a la hora de nuestra cena, a las 18.30. Tenemos que dejar claro con los guías y lugareños a qué hora va a ser a la cena, ya que la Etiopía rural tiene su propio sistema de contar el tiempo, donde la una del reloj es la primera hora de luz del día, y las 12 la última hora de luz, independientemente de lo que piense el resto del mundo.

De datos y distancias

Estamos en el segundo día en nuestra ruta a través de las montañas Simien de Etiopía, y a pesar de su nuevo sistema de reloj, nosotros seguimos con nuestras estadísticas occidentales: hoy han tocado 25 km con 1.344 m de Ascensión y 500 m de descenso, y hemos ascendido a un paso de 4.200 m que acababa en una aldea a 3.100 m. Estas estadísticas son aún importantes en el segundo día, aunque cuando hayamos acabado nuestra travesía de ocho días a través de esta cadena de montañas tan salvaje, esos números seguramente serán irrelevantes. A finales de semana habremos abrazado el nuevo sistema horario de Etiopía y abandonado la obsesión por los números a cambio de nuevas emociones y sensaciones.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.