Tour de Francia (18ª): Ineos canta redención

«Emancipaos de la esclavitud mental, nadie salvo nosotros mismos puede liberar nuestras mentes», cantaba Bob Marley. Cautivos de un Tour nefasto, reemplazados por el tiránico Jumbo-Visma, los granaderos de Ineos encontraron la redención en los Alpes. Sin el campeón Bernal, hundido en el Grand Colombier, el equipo dominador de la última década se soltó las cadenas y ganó como nunca antes lo había hecho, con una fuga larga y un final de película: dos de sus ciclistas cruzaron juntos la línea de meta.

La victoria fue para Michal Kwiatkowski, arcoíris en Ponferrada, ganador de San Remo, Amstel, Strade, San Sebastián o Harelbeke, por citar algunos de sus grandes éxitos, un súper talento convertido a gregario, pero con sueldo de estrella. El polaco, pieza clave de la maquinaria Sky-Ineos en los triunfos de Froome (2016, 2017), Thomas (2018) y Bernal (2019), no levantaba los brazos desde hacía dos años en la carrera de su país. “No puedo expresar lo agradecido que estoy, especialmente con Richard. Nunca olvidaré esto”, declaró con fidelidad.

Richard es Carapaz, La locomotora del Carchi, vencedor del último Giro, fichaje estrella del Ineos en 2020. Su objetivo de la temporada era revalidar la maglia rosa, pero el equipo dejó fuera del Tour a Froome y Thomas y se llevó al ecuatoriano como plan B. Sin opciones en la general ni ataduras tras el abandono de Bernal, se tomó el tríptico de los Alpes como una guerra particular: fue segundo por detrás de Kämna en Villard-de-Lans y solo los mejores le cazaron en la Loze. A la tercera, como Hirschi, fue la vencida, pero no para él. Cedió el triunfo a Kwiato y se ganó un gregario para siempre. De paso se vistió los lunares de la montaña.

Ajeno a la emancipación de los Ineos, el pelotón de los favoritos transitó toda la etapa al ritmo controlador de los Jumbo, que solo dio vía libre a algunos –no al filósofo Martin– y no bajó la marcha hasta coronar el Cormet de Roselend. No se conformó Bahrain-McLaren, que por delante metió a Bilbao y Caruso, infatigables pese a su inerte trabajo del día anterior, como anunciando el movimiento de Mikel Landa. Y su momento llegó al pie del terrible Plateau de Glières, allí donde la resistencia francesa combatió a nazis y colaboracionistas.

Como un guerrillero, el alavés se enfrentó de tú a tú al ordenado ejército de Roglic, guiado por el cabo Van Aert. No le dejaron irse más de medio minuto, o no pudo, pero no queda más que aplaudir su valentía. Nos recordó la norma número uno del Landismo: atacar hasta reventar la carrera. Ya no tiene las piernas del Giro que debió ganar hace cinco años, pero al menos se cobró dos víctimas ilustres: Urán, el eterno ciclista a rueda, y Adam Yates, el gemelo menos bueno. Da igual si al final termina quinto o sexto, Landa se quedará en nuestra imaginación, agarrado de abajo y con la mirada al frente.

El chispazo del escalador vasco animó a Pogacar, que quiere y ya no puede, y también a Mas, que empezó el Tour aspirando al top 10 y puede acabar en el top 5. No titubeó Roglic, que respondió imperturbable y se permitió el lujo de acelerar en el tramo sin asfaltar de Glières para llevarlos a casi todos con la lengua fuera. Entre la polvareda se le aparecieron a Porte viejos fantasmas: sufrió un pinchazo, pero se recuperó –Van Aert y Dumoulin mediante– y el sábado se jugará el podio con Supermán López en la contrarreloj. No peligra el amarillo de Roglic.

1ª: Kristoff / 2ª: Alaphilippe / 3ª: Ewan / 4ª: Roglic / 5ª: Van Aert / 6ª: Lutsenko / 7ª: Van Aert / 8ª: Peters / 9ª: Pogacar / 10ª: Bennett / 11ª: Ewan / 12ª: Hirschi / 13ª: Martínez / 14ª: Kragh Andersen / 15ª: Pogacar / 16ª: Kämna / 17ª: LópezClasificaciones 

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