Tour de Francia (2ª): Alaphilippe no es Valverde

«No soy como los demás y nadie es como yo», tuiteó hace unos días el prodigio belga Remco Evenepoel. Le guste o no al nuevo Merckx, en la vida y, especialmente en el deporte, existen las odiosas comparaciones. Que se lo digan al pobre de Abraham Olano, todo un campeón del mundo al que le cargaron el muerto de suceder a Indurain. O a Julian Alaphilippe, a quien al sur de los Pirineos algunos le ponen cara de Valverde. «Son clavados», insisten.

Es cierto que el francés del Deceuninck-Quick Step es de raza ganadora, como el Bala, pero hay clases y clases. Es verdad que los dos son ciclistas explosivos y con un poderoso cambio de ritmo en sus piernas para los finales más duros, puncheurs, como les llaman en Francia, una característica que les ha enfrentado varias veces por la gloria en las Ardenas. En 2016, un rebelde Alaphilippe fue segundo en la Flecha Valona, por segundo año consecutivo y detrás del español. Cruzó la línea de meta dando un golpe en el manillar. No le gusta perder, está claro.

En 2017 batió al Imbatido, un señor, que no se quejó y escenificó el relevo con un educado saludo en el podio. No sabemos si Valverde felicitó en Niza al ídolo local, otra vez al ataque, como en las cotas del champán el año pasado, de nuevo ganador y de nuevo maillot amarillo. Una cosa les diferencia: el murciano se creyó que podía ganar el Tour, midió sus esfuerzos y nunca lo consiguió. Alaphilippe ya lideró la carrera durante 14 días en 2019, pero sabía que no era su sitio. No se contiene y es más generoso, disfruta y hace disfrutar.

No por esperado deja de ser espectacular el cambio de ritmo del francés en la subida de Cuatro Caminos, la última de un día con fuga permitida y al trantrán de los UAE-Emirates y los Jumbo-Visma, que quieren ser los Ineos, pero tampoco lo son. El equipo neerlandés controló, pero Alaphilippe se cansó. Anticiparon su ataque los fieles Devenyns y Jungels. Solo le siguieron otro de las nuevas generaciones, el suizo Marc Hirschi, y un clásico de los repechos, el británico Adam Yates. El pelotón no les vio hasta las calles de Niza y allí ganó el que más lo deseó.

«Esta victoria es para mi padre (falleció el 27 de junio). En San remo no pude. Aquí sí», declaró entre lágrimas el triunfador, pura emoción. No lloró el colombiano Daniel Felipe Martínez, sorprendente vencedor del Dauphiné y una de las bazas del EF Pro Cycling, pero se dejó algo más de tres valiosos minutos tras una caída bajando el Col d’Èze. Su compatriota y compañero Sergio Higuita lideró al pelotón de favoritos, todos juntos a solo dos segundos de Alaphilippe y que ya piensan en el primer final en alto de la carrera, el martes en Orcières-Merlette.

1ª: Kristoff / Clasificaciones

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