Tour de Francia (7ª): Landa se pierde en otra de Van Aert

El Arte de la Guerra de Sun Tzu es un antiguo tratado chino sobre estrategia militar datado en el siglo V a.C. Su influencia se extendió desde el Extremo Oriente hasta Europa y hoy todavía se aplica en los negocios o la legislación. Unos 2500 años después, Mikel Landa podría firmar algo así como el Arte de la Derrota, un ensayo que explique cómo perder una grande, unas veces por las órdenes de equipo, otras por accidente o despiste. El mal fario le persigue desde que en 2015 se reveló como uno de los mejores escaladores del pelotón.

Por aquel entonces era un gregario del Astana sin currículum en las carreras de tres semanas hasta su explosión en el Giro: subía más que Contador, pero en su equipo mandaba Fabio Aru. Allí se gestó el #FreeLanda que nació de manera oficial en el Sky, donde empezó el gafe. En 2016 abandonó el Giro por enfermedad y en 2017 se dio un tortazo que le apartó de la lucha por la maglia rosa y en el Tour se quedó a un segundo del podio. Con el Movistar en 2018 y 2019 le penalizaron el famoso tridente, la irrupción de Richard Carapaz y, para variar, las caídas.

El Landismo, movimiento que sigue a su líder con sorna y devoción a partes iguales, soñaba con un 2020 sin problemas y como jefe de filas del Bahrain-McLaren (lo de Wout Poels no había por donde cogerlo). El optimismo duró hasta que un coche se cruzó en su camino mientras se entrenaba, primer aviso. Luego fueron la pandemia (nos tocó a todos) y unos calambres posconfinamiento en el Dauphiné. Y ahora un abanico. El escalador de Murguia se dejó 1:21 en la séptima etapa del Tour. Fiel a su estilo, llega con tiempo perdido a sus queridos Pirineos.

Landa no fue el único de los favoritos que cayó en la trampa de los abanicos: Tadej Pogacar, maillot blanco de mejor joven y aspirante al amarillo final, Richie Porte y Bauke Mollema, otros dos eternos candidatos a los que siempre les pasa algo, persiguieron sin éxito al grupo principal. No tuvo suerte Richard Carapaz, víctima de un pinchazo cuando ya estaba montado el zafarrancho. El balance es positivo para el espectáculo: por fin se abrieron diferencias y los damnificados tendrán que jugar al ataque en las montañas si quieren ganar el Tour.

Hubo perdedores, agitadores y ganadores en un gran día de ciclismo de principio a fin. La victoria de etapa fue otra vez para Wout Van Aert. El hombre de moda aprovechó la libertad que le concedió su equipo y remató a un pelotón reducido por empeño de Bora-hansgrohe e Ineos Grenadiers. El equipo de Peter Sagan lanzó la carrera en una cota de 3ª categoría para dejar a sus rivales por el maillot verde. Lo consiguieron y el eslovaco recuperó su prenda favorita pese a que no se impuso en el esprint intermedio y ni siquiera pudo disputar la llegada.

Las señales de Sagan, como las de Landa, no son del todo positivas. Sube en la bolsa el campeón Egan Bernal, que estuvo muy atento en los cortes provocados por su compañero Michal Kwiatkowski. El colombiano y una decena de ciclistas liderados por Adam Yates siguen en un estrecho margen de quince segundos a las puertas de los Pirineos. El sábado, primer plato con Menté (6.9 kilómetros al 8.1% de pendiente media), Balès (11.7km al 7.7%) y Peyresourde (9.7km al 7.8%). Que siga la fiesta.

1ª: Kristoff / 2ª: Alaphilippe / 3ª: Ewan / 4ª: Roglic / 5ª: Van Aert / 6ª: Lutsenko / Clasificaciones

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