El Tour de Francia (9ª) habla esloveno

No por mucho empeño que le ponga el realizador del Tour veremos a un francés de amarillo en París. Es más probable que el campeón hable esloveno. Y es que los dos ciclistas que han salido más reforzados del paso por los Pirineos proceden del pequeño país que abre la puerta a los Balcanes: Tadej Pogacar, ganador de la novena etapa en Laruns un día después de su exhibición en el Peyresourde, y Primoz Roglic, el favorito al que todos miran y que, sin grandes alardes, ya es el primero en la general. «Kaksna je pot do stopnick v Parizu?», se preguntan.

Eslovenia es uno de los diez territorios más pequeños y menos poblados de Europa, pero desde su independencia de Yugoslavia en 1991 siempre ha destacado en los deportes de invierno y de piragua. En 2017 ganó el Europeo de baloncesto, apoyado en la explosión de Luka Doncic, y en 2019 se reveló como una potencia ciclista: Roglic se confirmó con la victoria final en la Vuelta, la misma carrera que destapó al prodigio Pogacar, el Doncic de la bicicleta (cinco meses les separan). La pueden liar en el próximo Mundial de Imola.

La segunda jornada de los Pirineos cerró un ciclo de tres días seguidos con ritmo, velocidad y tensión. El aficionado medio (de siesta, montaña y fin de semana) y el experto (que se come todas las etapas de inicio a fin) se lo agradecen a un pelotón muy combativo. La organización del Tour, también. Su producto estaba en duda un año necesitado de fuertes emociones para olvidarnos de la pandemia. No podemos negar que la preocupación sigue ahí: el lunes se realizarán 650 test PCR y los resultados del martes marcarán el futuro inmediato de la carrera.

Quizá porque es el último esfuerzo antes de un merecido descanso o, tal vez, porque no saben si volverán a salir a la carretera, los ciclistas corrieron como demonios. Cubrieron los primeros 60 kilómetros a 44km/h hasta los pies de la inédita Hourcère (11.1km al 8.8% de pendiente media), un señor puerto que consolidó la fuga más peleada del Tour y adelgazó el pelotón. Por delante se marchó solo Marc Hirschi, un suizo todoterreno, campeón del mundo sub-23 en Innsbruck, donde también se coronaron unos cualquiera: Valverde y Evenepoel.

En el grupo de los favoritos ya manda el Jumbo-Visma sin discusión. Los Van Aert y compañía guiaron al rebaño hasta los pies del Marie Blanque, temido por sus cuatro kilómetros finales de largas rectas que no bajan del 10%. A nada le teme Pogacar, el gran animador del Tour, que enseguida lo probó. Dumoulin (consolidado gregario) cerró el hueco e hizo la selección. Volvió a atacar Tadeo sin miedo y solo le siguieron los más fuertes del Tour: el dorsal 1 Bernal (progresa adecuadamente), el aspirante Roglic y Landa en su mejor versión.

Los cuatro se jugaron las bonificaciones en la cima (susto incluido para los eslovenos) y se lanzaron a tumba abierta en una preciosa persecución. El ciclismo fue cruel con Hirschi: en el Tour no basta con merecerlo. Y fue justo con Pogacar: ganó el que más lo intentó. Ya es el vencedor de etapa más joven desde un tal Armstrong en 1993. Otro dato sin importancia: en septiembre cumplirá 22 años y podría superar a Bernal como el campeón de menor edad desde la Primera Guerra Mundial. ¿Se le puede considerar ya uno de los favoritos?

1ª: Kristoff / 2ª: Alaphilippe / 3ª: Ewan / 4ª: Roglic / 5ª: Van Aert / 6ª: Lutsenko / 7ª: Van Aert / 8ª: Peters / Clasificaciones

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