Julian Alaphilippe ha conseguido su segunda Flecha Valona en dos años consecutivos. El francés del Deceuninck-QuickStep va siguiendo, sin lugar a dudas, los pasos de Alejandro Valverde que ya ganó cuatro seguidas. En este caso, ‘Loulou’ lleva la mitad, pero es que la carrera parece tan perfecta para sus condiciones que no se atisba nadie capaz de hacerle sombra en los próximos años.

Bueno, sí. Van der Poel. Pero lo cierto es que el neerlandés tampoco ha mostrado nunca demasiado interés en esta prueba. Aparte, este año no estaba invitado su equipo, el Corendon-Circus con el que tiene contrato hasta 2023. Tampoco se va a ir de allí, se siente valorado y no piensa cambiar de equipo. El caso es que eso beneficia también a Alaphilippe en esta prueba.

Hoy hay que señalar, no obstante, que tuvo un duro oponente en la figura de Jakob Fuglsang. Y lo curioso es que probablemente estamos ante el duelo de la primavera. Dos corredores muy diferentes pero que se han visto de tú a tú ya tres veces en esta campaña de clásicas que acaba como quien dice el domingo. Fuglsang es un ciclista más para grandes vueltas o, mejor dicho, para vueltas de una semana. Va bien contra el crono y es escalador de puertos largos. Un diésel que no tiene los cambios de ritmo de los colombianos, pero es capaz de poner un paso en la base de una subida y llegar arriba al mismo ritmo.

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Foto: Gonzalo Arroyo Moreno/Getty Images

Alaphilippe, por su parte, es explosividad pura. En un sprint en cuesta no tiene rival a día de hoy. Se le atraganta la alta montaña y en la crono… pues depende cómo tenga el día. Puede hacer buenas contrarreloj si no son muy largas, y lo cierto es que ya no hay cronos muy largas en casi ningún sitio. Su perfil es perfecto para las Ardenas y pruebas similares.

Primero se vieron en la Strade Bianche, allá por mitad de marzo -empieza a quedar lejos-. Los dos más fuertes de la carrera, relevándose en todo momento hasta la resolución final. Alaphilippe impuso su sprint en cuesta en las calles de Siena. De hecho le arrancó 800 metros antes de meta y pudo incluso entrar en solitario, con el danés viéndolo desde detrás.

Tirreno fue el siguiente escenario. Alaphilippe ganaría dos etapas, pero Fuglsang entró en el podio gracias a su victoria en Recanati, donde destrozó al pelotón y, sobre todo, al francés que se dejó más de dos minutos y cualquier opción de ganar la carrera. Se volverían a encontrar hace sólo tres días, en la Amstel Gold Race. Ahí volvieron a ser superiores al resto, pero cuando tenían la carrera hecha se pararon y empezaron a mirarse entre ellos. Van der Poel llegó desde atrás, junto con otros más, y les comió la tostada. Fuglsang sería tercero y Alaphilippe ni siquiera iba a disputar el sprint de meta, con cara de circunstancias.

Hasta que hoy, de nuevo, se han vuelto a ver las caras en las rampas del Mur de Huy. Sin duda está siendo el duelo de la primavera. Por ahora, con cierta ventaja para Alaphilippe, que ha obtenido el premio más gordo. También es verdad que para Fuglsang ganar nunca fue sencillo -se pegó de 2012 a 2017 sin victorias-. Veremos si el domingo hay un último capítulo en Lieja.

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