Árbitros, normas y hashtags

Qué difícil es ser árbitro. Los arbitrados siempre se van a quejar de las decisiones porque serán “arbitrarias” y ese es un adjetivo muy mal encarado, casi tanto como “riguroso”.

Ser árbitro en ciclismo es particularmente difícil porque el terreno de juego se extiende varios kilómetros. Para paliar eso, en las carreras hay muchos árbitros; el número concreto depende de la categoría del evento. En las grandes vueltas hay un comisario jefe viajando en el coche de dirección de carrera y tres comisarios más que conforman el denominado jurado técnico y junto al comisario jefe deliberan y redactan las sanciones. Para asistirles están los cuatro jueces que siguen la competición en moto y tienen potestad para realizar observaciones a todos los miembros de la caravana, ya sean participantes, técnicos, personal de la organización o medios de comunicación. Y aparte están el regulador, el cronometrador, los inspectores antidopaje, el juez de meta…

Si con esta cantidad de personas involucradas el arbitraje no resulta suficientemente complejo, añadamos las presiones externas y las normas, las dichosas normas. Como todo marco legal, la normativa ciclista es procelosa, inabarcable y casi inaplicable en su totalidad; en parte porque mucho de lo escrito choca frontalmente con lo no escrito, los códigos según los cuales funciona el pelotón. Los jueces conocen perfectamente esos códigos y tratan de relajar las normas para que cuelen. Por eso se permiten implícitamente los trascoche tras pinchazo y se amplía el fuera de control cuando un ‘grupetto’ con la mitad de los participantes decide fumarse la última subida en una etapa de montaña.

A veces los árbitros se encuentran ante situaciones complejas en los cuales tanto su obra como su omisión agraviarán a alguien. Es entonces que toman decisiones y se vuelven arbitrarios, y rigurosos.

giro 2015 porte clarke

Simon Clarke (Orica-GreenEdge) asiste a Richie Porte (Sky).

Ayer, décima etapa del Giro d’Italia, Richie Porte (Sky), tercer clasificado de la general provisional a 22 segundos del líder Alberto Contador (Tinkoff-Saxo), pinchó a 10 kilómetros de meta. Su compatriota Simon Clarke (Orica-GreenEdge) le vio en solfa y gentilmente se detuvo a cederle su rueda delantera, que incluso colocó en la Pinarello de su colega según se puede ver en la imagen superior. “Es que es australiano. Había pinchado y necesitaba ayuda. Los segundos que estaba perdiendo podían costarle el Giro. Fue una situación particular, mi equipo no tiene a nadie luchando por la general. Simplemente ayudé a un amigo”.

Porte llegó a meta con 47 segundos de retraso respecto al grupo de Contador y el resto de implicados en la lucha por la ‘maglia rosa’. Mostró su agradecimiento a Clarke en Twitter e Instagram; en esta última red social acompañó la fotografía de rigor con el hashtag #oweyouabeer (#TeDeboUnaCerveza). Incluso la cuenta del Giro d’Italia se regocijó con la acción de Clarke: “Esto es ciclismo. Esto es el deporte más bello del mundo”.

Mientras se lanzaban los parabienes, el jurado técnico se reunía en la oficina permanente del Giro d’Italia, ayer aneja a la sala de prensa. Durante sus deliberaciones llegaron Dave Brailsford y Dario David Cioni, mánager y director deportivo de Sky respectivamente, para confirmar sus temores: la norma 2.3.012 (“Los corredores pueden concederse favores como ceder comida, bebida o accesorios. Prestar o intercambiar neumáticos o bicicletas […] sólo estará permitido entre corredores del mismo equipo”) iba a ser considerada, y las sanciones provistas en el apartado 12.1.040, sección 8.2, a ser aplicadas a su líder deportivo. “La asistencia no reglamentaria a un corredor de otro equipo [será castigada con] 200 francos suizos y una penalización de 2’, 5’, 10’ o eliminación para la cuarta vez que se incurra en esto”.