Todavía no ha terminado Bergen y ya se está hablando del Mundial 2018. Es normal, porque a los intereses españoles les viene bien el trazado que han presentado los señores de Innsbruck. Nada que ver con los últimos años, donde todo lo más que se podía ver eran repechos en los circuitos para tratar de cortar un poco el pelotón. El del año que viene va a ser apto para escaladores.

Tampoco es seguro que mañana gane Sagan, pero si lo hace será el primero –y seguro que su hito durará muchos años- que consigue tres veces seguidas el maillot arco iris. Así que aparte de las bondades que ofrece el terreno austriaco para meter cuestas hacia arriba y hacia abajo, también hay algo de querer romper un poco la dinámica de los últimos mundiales, propicios para clasicómanos con buena punta de velocidad o incluso sprinters puros.

265 kilómetros, 5.000 metros

Lo cierto es que el trazado es largo y duro. Algo menos de 5.000 metros de desnivel acumulado, más que suficiente para que los ciclistas acaben llegando de uno en uno. O casi. Para el perfil de corredor que abunda y triunfa en España, el recorrido es mucho más propio. Pero también atraerá a otro tipo de corredores como grandes escaladores o vueltómanos. De hecho, tanto Aru como Nibali ya han puesto sus miras sobre la cita austríaca.

perfil-innsbruck

El perfil completo de la prueba de Innsbruck.

Después de una ruta de 80 kilómetros, el circuito al que se  darán seis vueltas –dos los junior, tres las féminas elite y cuatro los sub23- tiene una dura subida de 7,9 kilómetros casi al 6% de media. Un puerto de segunda, por decirlo así, que se pasará en varias ocasiones. Y luego, antes de la meta, tocará un ascenso final de tres kilómetros al 11,5% y máximas de casi el 20%. De ahí, para abajo hasta meta. El recorrido se ajusta a ciclistas como Valverde o Landa, por ejemplo.

España, sin medallas

A falta de la prueba absoluta masculina, España no ha conseguido todavía ningún metal. Ni siquiera un puesto de Top10. La opción más clara era, en la categoría sub23, la de Iván García Cortina. Por primera vez en muchos años, la selección española pudo tomar las riendas de la carrera para echar abajo una escapada que no había cogido a tiempo. La buena faena de Sergio Samitier, Jaime Castrillo y Jon Irisarri en el pelotón consiguió rebajar las distancias hasta ponerla a una distancia controlable.

Finalmente, con Cosnefroy y Lennard Kämna por delante, el propio Cortina intentó ir en su busca en solitario, pero esta vez en el pelotón no hubo dudas detrás. Le dieron caza y el asturiano aún quiso entrar en el sprint, pero fue demasiado. No parece que en la prueba elite masculina eso vaya a cambiar en un circuito que da poco lugar a las sorpresas, aunque la esperanza no hay que perderla. En cualquier caso, parece que 2018 será, al menos sobre el papel, más propicio para los intereses españoles.

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