La “emoción” ha durado lo que ha tardado Chris Froome en llegar al primer paso intermedio. En el kilómetro 10 de esta contrarreloj de Marsella que tenía un trazado total de 22,5, el británico ya había sacado a sus rivales el mismo tiempo que les llevaba en la general antes de empezar. O sea, duplicado distancias. Se había acabado el discurso de que en la crono de esta tarde todo podía cambiar. Froome tenía el Tour en el bolsillo y se habían terminado todas las discusiones.

El resto ha sido una especie de ‘paseo’ sin tomar demasiados riesgos para no perder el Tour intentando ganar la etapa. El británico ha terminado certificando hoy la cuarta Grande Boucle de su carrera deportiva, quedándose oficialmente a una de entrar en el club de los pentacampeones que la UCI y ASO tienen en el Olimpo del ciclismo. Esto se veía venir desde antes de los Alpes. Todo lo que no fuera tenerlo por detrás y a más de un minuto significaba dejarlo como máximo favorito en esta etapa individual final.

Realmente, nunca hubo historia. Froome se puso por delante del resto de favoritos en Düsseldorf y así se mantuvo todo el tiempo salvo el espejismo de Fabio Aru. Pero el italiano, según la versión de su equipo afectado por una bronquitis –lo que no deja de ser una señal de que el cuerpo no está preparado para esforzarse a ese nivel-. Lo de hoy era para él un trámite, y con todo casi dobla a Bardet. Algo que, por cierto, ha pasado inadvertido en la entrada a meta, ya que el foco estaba puesto en otro asunto.

Bardet salva el podio por un segundo

Porque la crono del ídolo francés ha sido simplemente dramática. Ya en el primer paso cronometrado las referencias hacían pensar que no podría mantener el segundo puesto, pero tal vez sí arreglar un poco el asunto en la subida a Notre Dame de la Garde. Nada más lejos. El francés que venía a ganar el Tour estuvo a punto de bajarse del podio de París en favor de Mikel Landa. Cuando cruzó la línea de meta tanto los presentes en el Velodrome de Marsella como los técnicos que estaban junto a la valla de la llegada han lanzado un hondo suspiro de alivio. Por un segundo, Bardet se mantiene tercero.

chris-froome-marsella

La imagen del jefe de filas del AG2R, hundido del todo pese a haber salvado el tercer puesto del ‘cajón’, es una de las que se quedan en la memoria colectiva de este Tour de Francia. Sentado y prácticamente sin poder articular un solo movimiento. En silencio junto a los micrófonos de la prensa. La imagen de Landa no se ha visto, pero dado su carácter tampoco tiene que estar especialmente contento. Ha perdido el podio, en parte, por tener que atender a su líder en varios días clave. Ya lo dijo en el segundo día de descanso: “Esto no me pasa más. La próxima vez que venga al Tour será de líder”. Veremos si es vestido de azul Movistar. Y evidentemente, la cabeza da vueltas respecto a la exigua diferencia, como ha reconocido hoy mismo: «Se me ocurren varios sitios donde podría haber recuperado ese segundo».

Bodnar arriesga y gana

La etapa ha sido para un Bodnar que literalmente se ha lanzado a tumba abierta desde la subida que marcaba el segundo paso intermedio hasta la meta. El polaco del Bora-Hansgröhe ha conseguido el triunfo en la parte final, ya que Kwiatkowski era mejor que él el primer tercio y tanto el polaco como Contador –sexto de la etapa y finalmente noveno, adelantando a Barguil- lo superaban en la segunda.

Urán, por su parte, ha tenido un día relativamente plácido. ‘Rigo’ ha perdido tiempo con Froome, como se esperaba, pero también superó claramente a Bardet desde el inicio de la etapa. El colombiano logra un segundo puesto en el Tour que nadi esperaba y repite su mejor versión de vueltómano con los otros dos segundos del Giro. Se lleva además una etapa, una prestación que a Cannondale-Drapac le viene que ni pintada en un año en que está buscando patrocinador.

Y así queda el Tour de Francia visto para sentencia. Las diferencias se han hecho en las etapas individuales contra el reloj. Por lo demás, Froome sin ser tan superior como otros años ha conseguido a base de regularidad llevarse de nuevo ‘su’ carrera. Ahora piensa en la Vuelta para ajustar una cuenta que tiene pendiente desde 2011, el año de su explosión. Y Bardet suspira… mirando con el rabillo del ojo a la etapa de mañana, no sea que las bonificaciones -difícil, pues se espera sprint y no hay intermedias- o unos segundos tontos en meta le amarguen el paseo por los Campos Elíseos.

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