Nairo tenía que atacar. Era el ‘Día D’. Porque el Blockhaus ponía fin a esta primera semana completa del Giro y ya era hora de poner todas las cartas boca arriba sobre la mesa. Así que Movistar se lo tomó en serio desde el principio. Controlando a la fuga, poniendo el pelotón en fila india justo antes de la entrada al puerto y, finalmente, dejando el grupo de favoritos en poco más que una familia numerosa para que Nairo terminase rematando la faena. Hoy no había tacticismos posibles.

En ese sentido, hay pocas dudas de que Quintana ha cumplido. El colombiano ha ganado en uno de los puertos más duros de este Giro y demostrado su condición de mejor escalador de la carrera. Además, dado lo parejo de todos los favoritos en la clasificación general, se ha vestido con la ‘maglia rosa’ de líder. La forma de hacerlo de Movistar recordaba un poco a los Sky del Tour, pero las diferencias no han sido tantas. Ahora hay un nombre que sobresale al resto como gran rival del colombiano: Tom Dumoulin.

A lo Indurain

El neerlandés cada vez recuerda más a Miguel Indurain. Sube a ritmo, sin entrar al trapo a los ataques de corredores más escaladores a los que estas etapas se les adaptan mucho mejor. Frente a ellos, Dumoulin sabe que una subida a tirones puede terminar por romperlo del todo y sus opciones de éxito se basan en ir peleando cada palmo de terreno que pierde. Venderlo caro para después arrasar en la contrarreloj con sus condiciones de gran rodador.

El gran problema de Tom es que el tiempo juega en su contra. El paso de los días, en concreto. Los grandes rodadores que no son especialistas cuesta arriba tienen el problema de que una vuelta de tres semanas se les hace eterna. Por si fuera poco, el Giro es una prueba con una tercera semana devastadora. De momento, tras el descanso de mañana es lógico que le quite la ‘maglia’ a Nairo. Hoy sólo ha cedido 24” en meta y está a justo medio minuto en la general. Un tiempo más que recuperable en 40 kilómetros. De esta crono, el neerlandés debe salir con unos dos minutos sobre Quintana.

De uno en uno

La subida era dura, y Movistar la ha hecho aún más selectiva. Tanto es así que los primeros 20 corredores han llegado prácticamente de uno en uno. Cada ciclista con sus fuerzas, tratando de distanciar o reducir distancias según el caso. Pinot entró con Dumoulin, demostrando que le ha sentado bien ese cambio de la presión francesa a ser un outsider con opciones en el Giro. Bauke Mollema fue mucho tiempo con ellos, pero terminó cediendo y se dejó 41 segundos en meta. Muy buena prestación, de todas formas.

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Después estuvo Nibali, que durante la primera mitad del puerto pareció que podría aguantar con Nairo hasta el final. Espejismo. El italiano estalló a más de cuatro kilómetros de meta y entró con un minuto de retraso. Pero, eso sí, el día lo ha salvado bien. Lo lógico es que en la contrarreloj del martes se ponga más o menos parejo con el ahora líder. Si todo va como es debido, claro.

Así se han ido sucediendo las llegadas. Kangert sorprendía séptimo a dos minutos, justo por delante de Ilnur Zakarin. Luego llegaba Kruijswijk a 2’35” demostrando que no está al gran nivel del año pasado, al menos por ahora. Ay, la caída en el Agnello. Bob Jungels ha hecho una ascensión más que honesta pero se ha dejado 3’30” y Tejay Van Garderen un poco más. Thomas ha perdido 5’08” por culpa de una moto, la misma que ha privado a Mikel Landa de cualquier opción de hacer algo importante en el Giro con una pérdida de 27 minutos. Todo esto ha dado de sí un puerto, pero no cualquier puerto: el Blockhaus. El lugar donde hace hoy 50 años Eddy Merckx dejó de ser un joven prometedor para convertirse en el Caníbal. Hoy el jefe ha sido Nairo… aunque el Giro está vivo. El martes volverán a cambiar las tornas.

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