¿Por qué duelen tanto?

Cuando un músculo se contrae con con motivo de un calambre, el flujo sanguíneo en su interior queda restringido. Se produce entonces una isquemia, falta de oxígeno en su interior. Esta situación produce dolor, que se acentúa además por la acidosis muscular que provoca la actividad muscular sin presencia de oxígeno, con altas concentraciones de ácido láctico y sustancias de desecho. Es el pez que se muerde la cola; cuanta más restricción de oxígeno, más dolor, más producción de ácido láctico y productos de desecho, que a su vez, producen más dolor.

Estamos convencidos de que si tuvieras que elaborar una lista con las cosas más molestas que te pueden ocurrir montando en bici, en ella incluirías con toda probabilidad los calambres. No es de extrañar, pues las sensaciones que provoca este trastorno muscular son bastante desagradables y muy dolorosas. Son más frecuentes cuando pedaleamos en ambientes calurosos y en esfuerzos prolongados. Aparecen más en competiciones que en entrenamientos o exigentes salidas de fin de semana y, en cualquier caso, pueden tener réplicas hasta las 18 horas posejercicio. Es habitual de hecho tener calambres musculares por la tarde después de haber realizado un esfuerzo físico muy intenso por la mañana.

Debemos tener en cuenta que en deportes como el mountain bike, donde el gesto del pedaleo supone un trabajo muscular reiterado, totalmente cíclico y donde las piernas giran sin parar siempre en los mismos ángulos, el músculo recibe una sobresolicitación que le predispone, más que en otros deportes con mayor variabilidad de movimientos, a padecer calambres musculares.

Cuando aparecen no suele haber vuelta atrás, o bajamos la intensidad del esfuerzo pedaleando con menos potencia, o bien tendremos que parar para dejar pasar un tiempo y que remitan, al menos parcialmente. De hecho, una vez hemos tenido calambres, la musculatura queda muy limitada para volver a contraerse con intensidad, tardando hasta horas en recuperarse totalmente.

¿Hay manera de evitarlos?

A la pregunta que plantea el titular de este artículo, diremos que no existen medios totalmente infalibles para eliminar por completo las posibilidades de padecer calambres, si bien podemos adoptar medidas que reduzcan considerablemente las probabilidades de que aparezcan. Hay que tener en cuanta, además, que científicamente se ha demostrado la existencia de cierta predisposición genética en algunos individuos o incluso de ciertas patologías, no vinculadas a la práctica deportiva, que también pueden ser fuente de calambres cuando estás pedaleando, así que asegurar que tenemos la clave para eliminarlas sería muy osado por nuestra parte.

Existen diversas teorías científicas que intentan explicar por qué ocurren. Entre todas ellas, la alteración en el volumen de fluidos que hay en el músculo parece la más razonable para explicar por qué aparecen estos trastornos musculares en la mayoría de los ciclistas. Este fenómeno parece tener conexión, irremediablemente, con la deshidratación que en mayor o menor medida podemos padecer al pedalear, especialmente en un ambiente caluroso. Otro motivo puede ser una sobreexcitación de las terminación nerviosas que entran en las células musculares para provocar su activación. Una fatiga en esta terminación nerviosa, sumada a una exigente demanda por parte de nuestros impulsos voluntarios, por encima de lo que nuestro músculo está acostumbrado a soportar, pueden provocar un exceso de excitación que haga contraer el músculo de manera involuntaria, lo que en otras palabras se llama ir por encima de nuestras posibilidades.

Las causas

  • Deshidratación: La pérdida o alteración de fluidos extracelulares parece ser uno de los motivos por los que el impulso nervioso responsable de la activación muscular pierde eficacia y provoca una contracción incontrolada e involuntaria. No reponer adecuadamente los fluidos que perdemos con la sudoración es un error que nunca deberíamos cometer.
  • Desequilibrio hidroelectrolítico: Igual de importante es reponer los líquidos que perdemos como la cantidad de sales minerales que se pierden con él. Los fluidos extracelulares en el músculo contienen una proporción óptima entre agua y sales como el sodio, el potasio o el calcio. Alterado este equilibrio, las probabilidades de calambres aumentan.
  • Excesiva intensidad: Aunque no se conoce exactamente el mecanismo, se asocia a menudo la aparición de calambres musculares con la realización de esfuerzo muy intenso. Lo cierto es que pedalear por encima de nuestras posibilidades durante mucho tiempo también suele comportar calambres, ¿nunca te ha ocurrido?

Cómo prevenirlas

  • Refuerza tus músculos: con ejercicios de tonificación
  • Controla la intensidad: fíjate en el pulso, no superes tu umbral anaeróbico
  • Pedalea cómodo: no adoptes una posición que sobrecargue tu musculatura
  • Evita la cafeína: su composición te predispone a la deshidratación
  • Hidrátate: bebe regularmente mientras pedaleas
  • Toma sales minerales: escoge una bebida enriquecida con ellas, hay gran variedad
  • Minimiza la fatiga muscular: una buena medida es no abusar del desarrollo

Y si ocurren, ¿Qué?

  • Sacude o masajea el músculo con un masaje enérgico o incluso movilizando la pierna para que el músculo haga un movimiento de vaivén podrás relajar levemente el calambre.
  • Debes beber especialmente preparados con sales minerales. En su defecto, algún alimento salado puede servirte para reponer los minerales perdidos, si fuera ésa la causa.
  • Busca un lugar fresco y con sombra si estás en un ambiente muy caluroso, buscar una sombra o incluso aplicar frío puede relajar la contracción muscular, que en muchas ocasiones viene acentuada por el calor.
  • ¿Has probado con imperdibles? Es un método drástico, sin duda, pero se ha demostrado que la activación nerviosa transcutánea inhibe la contracción muscular. Algunos bikers llevan un imperdible en el bolsillo y se punzan en el músculo afectado por la rampa. A los que se atreven ¡les funciona!

Galería de fotos

Fotos: S. Romero

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