Cannondale, la historia de la época dorada del mountain bike

Si hay una época considerada de esplendor y eclosión de nuestro deporte esa es sin duda alguna la de los años noventa. Más concretamente, la segunda mitad de esa misma década. En ese periodo marcas como Cannondale tuvieron un papel relevante y decisivo, contribuyendo de manera muy importante a aquel histórico auge del mountain bike a nivel mundial.

En aquellos años, la empresa norteamericana encontró en la competición su particular trampolín. No sólo para darse a conocer como marca, sino para hacer que sus bicis fueran, con diferencia, las más deseadas por todos aquellos jóvenes y entusiastas aficionados al mountain bike.

Modelo Super V DH de 1996 con horquilla Moto.

La combinación era perfecta. Por un lado, una empresa emergente y con ideas frescas que no paraba de crear bicis innovadoras y con claro sello de identidad.

Por otro, la creación de un equipo de competición, el Volvo-Cannondale, que tuvo, la capacidad primero y el acierto después, de aglutinar a algunos de los mejores atletas del momento. Tanto en descenso como en DH.

La canadiense Alyson Sydor fue una de las dominadoras del XC internacional en los 90.

Los miembros de aquel equipo eran los que en gran parte, ayudaban también a desarrollar las Cannondale de la época y al mismo tiempo, promocionarlas a escala mundial. Esta fue sin ningún tipo de duda, la mejor y más potente campaña de comunicación para Cannondale durante aquellos años.

Cannondale, de fabricar bolsas a bicis de alto rendimiento

Dicen que cuando Joe Montgomery, fundador de la compañía, estaba llamando por teléfono a la oficina estadounidense de registro de patentes y marcas, se quedó en blanco cuando el funcionario que le atendía a la llamada le pidió el nombre de la marca a registrar.

En ese momento Joe, que se encontraba en una cabina telefónica, tenía ante sus ojos y sólo a unas decenas de metros, la estación de tren de Cannondale. Una minúscula población del condado de Fairfield, en el estado de Connecticut.

Estación de tren en Cannondale, en el estado de Connecticut.

No se lo pensó dos veces y ante el lapsus, pronunció de manera instintiva la palabra que en esos momentos tenía ante sus ojos … Cannondale. Su interlocutor en la oficina estatal tomó buena nota. En ese momento, corría el año 1971, acababa de nacer oficialmente una de las compañías más importantes en la industria del ciclismo.

En los primeros años, Cannondale se dedicó a fabricar artículos para la acampada y más tarde, para el cicloturismo, basando buena parte de su catálogo en bolsas porta equipajes para instalar en todo tipo de bicicletas de aventura.

Pero pronto llegó la ambición y la necesidad de seguir creciendo. En ese momento, Montgomery tuvo la genial idea de crear bicicletas. Joe entendió que esa era la evolución lógica. Reinventarse creando una bici que fuera ideal para llevar todas esas bolsas que ellos mismos ya fabricaban.

Bicicleta Cannondale de carretera, Touring, con cuadro de aluminio y portabultos Cannondale.

Fue entonces, cuando en 1983 Cannondale creó su primer cuadro de bicicleta. Era un cuadro de carretera llamado FT500, pero con orientación touring. Es decir, con la posibilidad de anclar todo tipo de portabultos. Una bici que precisamente, vendría a ser la antesala de lo que ahora, con matices y casi 40 años más tarde, llamamos gravel. Una bici orientada a las largas travesías y a la aventura.

Pioneros en el aluminio

Aquella primera bicicleta touring de Cannondale sorprendió a propios y extraños. No tanto por su capacidad de portar bultos, sino por el material de su cuadro. En contra de la tendencia de aquel momento en la industria del ciclismo, en donde predominaban los finos tubos de acero Columbus o Reynolds por ejemplo, la marca de Connecticut se desmarcó usando tubos sobredimensionados de aluminio. Un material exclusivo y muy exótico para aquella época.

En la compañía denominaron la serie del aluminio de aquellos primeros cuadros como CAAD2 (Cannondale Advanced Aluminum Design). Una serie que todavía hoy existe, aunque ya en la versión CAAD13 y que demuestra la vigencia y validez de la los americanos en el diseño y producción de cuadros de alta gama en este material.

 

Modelo SilkRoad del año 1995, para carretera y con suspensión tipo Fatty en la pipa de dirección.

A finales de los 80 la compañía de Montgomery sigue creciendo y da el salto al incipiente mountain bike. Lo hace, fiel a sus principios. Mediante bicicletas de tubos oversize en aluminio, soldaduras magistrales y otras soluciones técnicas que maravillan en aquel momento a la industria y al aficionado.

Las nuevas Cannondale de montaña se convierten, enseguida, en codiciados objetos de deseo. Eran ligeras, innovadoras y con una estética totalmente rompedora. A pesar de que no eran precisamente económicas, la compañía consigue curiosamente hacerse con una importante cuota de mercado. Probablemente, entre los usuarios con más poder adquisitivo o en todo caso, aspiracionales.

Bicis de montaña para la historia

Quienes recordamos la época de los noventa, tenemos en la menta muy presente todavía la exclusividad que representaba tener una de aquellas Cannondale. Modelos como la Super V, Super V Raven, la Fulcrum DH que no pasó nunca de la fase de prototipo o sin ir más lejos, la serie de cuadros rígidos F1000, F2000, F3000 o F4000. Eran el sueño de cualquier biker.

Cannondale Delta V1000 de 1994.

 

Pero las Cannondale no era sólo bicis caras, bonitas y con tubos gordos. Tenían gran cantidad de aportaciones técnicas que con más o menos acierto, con más o menos recorrido, contribuyeron en cualquier caso a la innovación de la fabricación de bicicletas, de todas las bicicletas. Crearon una tendencia que años más tarde, muchas otras marcas siguieron.

Es innegable que ellos fueron los responsables de que otras marcas se decidieran a dar también el salto al aluminio, un material que marcó una época durante al menos los veinte siguientes años. Un material que no olvidemos, sigue todavía vigente, en convivencia con la fibra de carbono.

Bicis revolucionarias

Los de Connecticut también fueron de los primeros en investigar y proponer bicicletas de doble suspensión, con sistemas monopivote. Frenos de disco años más tarde, direcciones sobredimensionadas con diámetros de 1,5» que de alguna manera fueron un revulsivo ante las originales direcciones de 1» o sistemas de pedalier como el famoso BB30 sobredimensionado. Un estándar del que Cannondale liberó la patente y que años después diversas marcas adoptaron a sus bicicletas.

 

La SE2000, modelo perteneciente a uno de los primeros modelos de Cannondale en doble suspensión, con sistema EST, corría el año 1991.

La integración ha ido otro de los elementos tecnológicos más identitarios y desarrollados por Cannondale. Sus componentes Si (System Integration) han marcado un antes y después en cuanto prestaciones como la rigidez y la relación de esta con la ligereza. Un aspecto en el que las bicicletas de la marca han sido siempre un auténtico referente.

Aquellas potencias oversize o la aparición de la suspensión Fatty (que integraba la suspensión en el propio tubo de dirección y horquilla de la bicicleta) suponían un auténtico hito tecnológico que, desde luego, no dejaron indiferente a nadie.

Nadie puede negar que que en aquella época Cannondale eran bicis con el mejor aluminio de la época y algunas de las más brillantes ideas tecnológicas que entonces nadie pudiera imaginar.

Una de las priemeras versiones del modelo Super V, en aluminio y horquilla Fatty.

Mas tarde Cannondale siguió con sus innovaciones, pero estamos hablando ya de la década de 2000. Entrarían en juego horquillas como la Lefty o modelos tan revolucionarios como aquella primera versión de la Scalpel, pero esto daría para otro artículo a parte, que no descartamos publicar en breve.

 

Espectacular evolución del modelo Super V en la Super V Raven, con un cuadro en carbono que supuso todo un hito en los 90.

Volvo Cannondale, el dream team del mountain bike

Aquellas exclusivas bicis de los noventa, sin embargo, no hubieran tenido el mismo impacto sin el que, sin duda, fue uno de los mejores equipos que jamás haya existido en la historia de nuestro deporte. Nos referimos, como no, al legendario Volvo Cannondale.

Una de las fotos promocionales del equipo Volvo Cannondale de la época.

El equipo comenzó su andadura en la temporada 1994 con Charlie Livermore como director. Una de las figuras más relevantes en el entrenamiento y la gestión de equipos de ciclismo en Estados Unidos.

La estructura vino propiciada por la entrada de la empresa automovilística sueca Volvo, quien aportó un fuerte espaldarazo a las capacidades de aquel nuevo equipo. Esta esponsorización supuso una irrupción, un punto de inflexión en la historia de la competición en mountain bike.

Hasta aquel momento los equipos solían estar apoyados por empresas de la propia industria del ciclismo. Bicicletas y compañías de componentes, fundamentalmente. El Volvo Cannondale fue, sin embargo, el primer equipo en traer consigo un sponsor «extra sector». Fue un equipo y una marca pionera en este sentido.

Creó un precedente y sembró la semilla para que otros equipos consiguieran hacer lo propio en temporadas posteriores.

La Fulcrum DH fue una bici que se empleó a modo de prototipo en la Copa del Mundo de descenso, inicialmente por Missy Giove y que Cannondale nunca tuvo la intención de comercializar.

Cannondale, de la mano de Volvo, propició en este sentido un gran impulso a nuestro deporte, favoreciendo la entrada de mayores ingresos en el mundo de la competición, mejores contratos para los corredores y a la postre, mayor repercusión de las pruebas de la Copa del Mundo.

Óscar Saiz, el primer español en forma parte del equipo, en 1998.

Lo mejores en cada disciplina

Por aquel equipo desfilaron algunas de las estrellas más rutilantes del mountain bike de los noventa y de todos los tiempos. Figuras como Anne Caroline Chausson, Missy Giove, Cédric Gracia o Mikes Rokwell en descenso, entre otros. Sin olvidar a nuestros Óscar Sáiz o David Vazquez, quien llegó a conseguir un segundo puesto en la general de la Copa el Mundo de 1998.

En la disciplina de XC el equipo contó con Tinker Juárez, uno de los mitos vivientes de la bicicleta de montaña, quien todavía permanece en activo en pruebas de ultra distancia. Tinker además, fue el único atleta que permaneció en el equipo durante todas las temporadas en las que este funcionó como tal, desde 1994 hasta 2002.

Tinker Juarez y su inconfundible aspecto. Uno de los corredores más emblemáticos de todos los tiempos en el mountain bike de competición.

Pero además de Tinker, por el Volvo Cannondale pasaron Cadel Evans, quien después de ganar Copas del Mundo pasó a la carretera siendo a posteriori Campeón del Mundo y vencedor del Tour de Francia. También el suizo Christoph Sauser o la canadiense Alyson Sydor, entre otros.

Missy Giove fue una de las primeras estrellas femeninas de nuestro deporte. Polémica, personal y espectacular sin límites sobre su Cannondale.

Tanto talento en un mismo equipo dio pronto sus frutos. En la primera temporada del equipo, 1994, sus corredores, corriendo en sus respectiva selecciones, consiguieron cuatro medallas de oro en los Campeonatos del Mundo celebrado aquel año en Vail, Colorado.

Cadel Evan dio triunfos importantes el Volvo Cannondale antes de marchar a su periplo con la carretera.

Durante las nueve temporadas de existencia de este «Dream Team» del mountain bike quedaron varias cifras e hitos para la historia difíciles de superar.

Un jovencísimo Cédric Gracia se dio a conocer internacionalmente en el Volvo Cannondale.

Durante todo ese tiempo entre sus corredores se consiguieron nada menos que 14 victorias en la general de la Copa del Mundo, entre descenso y cross country y 85 victorias en pruebas de la Copa del Mundo. Eso sin contar las medallas Olímpicas de plata de Sydor en Atlanta 1996 y el bronce conseguido por Sauser en Sidney 2000.

Esta es una de las historias de mayor éxito del mountain bike. La historia de una marca y un equipo que contribuyeron a la evolución del deporte y las bicis que ahora conocemos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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