Brett Tippie es uno de los pioneros del freeride. Desde que hizo su debut profesional en 1995 ha aparecido en innumerables películas míticas como “Pulp Traction”, series como “Kranked” y eventos como el Red Bull Rampage, presentando el freeride al mundo.

Brett es una fuerza de la naturaleza. Si existiera la reencarnación, lo haría en un oso, un Grizzlie. Mientras se sube a la bici rezo por ella, por la bici. Va a sufrir. Sus enormes manos no guían el manillar, lo retuerzan.

En mi imaginario ciclista sobre Tippie me inundan instantáneas como la que podéis ver en la cabecera del artículo, con esa sonrisa de niño grande doblando llantas por los barrancos con inclinaciones de infarto. Pero detrás de la salvaje personalidad que luce ante las cámaras, existe un tipo que ha dedicado su vida a empujar los límites de lo que es posible sobre una bicicleta.

De carne y hueso

He tenido la suerte vital de compartir techo, bajadas de locura y cenas con sobremesa indescriptibles en varias presentaciones de YT, marca de la cual es actualmente embajador desde 2017.

También lo es de otras marcas como RaceFace, con cuyo presidente, el también canadiense Craig Pollack, que le ha apoyado durante toda su carrera, le une una amistad desde siempre.

Brett Tippie es un showman. Si le preguntas por cuál es su cerveza preferida, te mirará a los ojos buscando tu complicidad durante ese instante sacro antes de esputar un chiste y te soltará: “La siguiente!”, mientras esboza una gran carcajada pegadiza capaz de contagiar a cualquiera. Todo aderezado con su peluca rubio platino al más puro estilo Mötley Crue.

Así, durante largas sobremesas, entre cerveza y cerveza, Brett nos contó sobre sus inicios, cuando junto con sus colegas se dedicaban a descalabrarse ladera abajo equipados solo con tejanos.

Biografía vertical

Brett nació en 1969 en Vancouver, Canadá, pero creció en Kamloops, en plena Columbia Británica. Por sus venas corre sangre mestiza con raíces estonias, alemanas, rusas, escocesas e indígenas, que se traducen en un cóctel explosivo llamado Brett Tippie.

Corría el año 1983 y su manera de entender la bici de montaña era muy distinta a sus contemporáneos. Nada de licras y caminos marcados. Buscaban abrir nuevos límites, nuevas líneas. Buscaban pasarlo bien. Mientras nos explicaba una animalada detrás de otra, tuve el presentimiento de que nadie ha destrozado más tablas de snow y bicis que Tippie.

Él mismo nos contaba que por aquel entonces, en los noventa, había compañías que se negaban a ofrecer ningún tipo de garantía para los riders residentes en BC (Columbia Británica). Las bicis de aquellos años no estaban preparadas para el abuso a las que los primeros freeriders (Tippie, Wade Simmons, Richie Schley y compañía) las sometían.

En la primera mitad de los ochenta, las bicis carecían de suspensión, lo que no parecía suponer gran problema para despeñarse por líneas imposibles en las que Brett hacía gala de su poderoso estilo de conducción, muy influenciado por el snowboard, su otra gran pasión.

Durante un período vivió en Whistler y posteriormente se trasladó al norte de Vancouver, para establecerse definitivamente junto con su pareja y actual mujer Sarah Fenton, una fan como Tippie del MTB en su cara más extrema.

Como no podía ser de otra manera, Brett y Sarah se casaron en Whistler, el sitio donde se conocieron, rodeados de amigos y familiares, con los que compartieron después de una atípica ceremonia unas bajadas. Ella vestida de blanco y él de negro, esbozando su grandilocuente sonrisa. Así es Tippie.

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