Cabellera y barba al aire, tejanos con costuras al límite, su pie peinando el suelo, su bici flirteando con la ley de la gravedad. Una imagen icónica y germinal, inicio de algo muy grande que hoy llena nuestra vidas: El MTB.

Esa foto. Sí, una instantánea mítica en blanco y negro que podríamos ver enmarcada en el United States Bicycling Hall of Fame que nos recuerda impertérrita que Scott Nicol es uno de los primeros pioneros del MTB que se deslomaban por las bajadas de Tamalpais a lomos de las primeras klunkers.

Fundador de Ibis en 1981

Si le haces la recurrente pregunta a Scot sobre el nombre de Ibis, este te responderá tedioso que Ibis es un ave de belleza, reverenciada por los antiguos egipcios por su gracia y forma. Y que, de hecho, a menudo llevaban sus Ibis momificados con ellos a sus tumbas. Y en tono desenfadado te aclarará que obviamente “no espero que la gente sea enterrada con sus bicicletas, espero que la gente continúe montando y disfrutando de sus bicicletas Ibis mientras goza de este deporte que ha creado tantas amistades maravillosas”.

En la propia web de Ibis, si indagamos en ella, veremos que es una empresa pequeña si la comparamos con grandes monstruos de la industria. Pero esa ha sido su idiosincrasia, una empresa de personas y personalismos.

Toda la gente que trabaja en Ibis está retratada en una especie de orla empresarial en la que Scot es el más longevo de ellos y en el que muchos de sus empleados no habían tan siquiera nacido cuando él decidió fundar la empresa en 1981, el mismo año en que Lennon nos dejaba. Algunos genios nacían, otros nos abandonaban.

¿Y quién es realmente Scot?

Nace a mediados de la década de los cincuenta y no es hasta los once años que logra hacerse con un irresistible Schwinn.

La historia es realmente curiosa. La bici era del vecino y Scot de manera unilateral decidió intercambiarla por la bici de su madre sin el consentimiento materno, algo que, como dice él mismo en tono desenfadado y jocoso, “mi madre no me perdonó hasta 22 años después, cuando le pagué con intereses con una Ibis personalizada”.

Pocos saben que durante un ciclo vital de cinco años decidió vivir en Alaska, que no es precisamente California, trabajando de hidrólogo.

Al Scot más personal le gusta el pollo frito acompañado de un buen puré de patatas y es claustrofóbico.

Al Nicol más mediático lo asociamos a cuadros casi artesanales, alejado del consumo de masas y preocupado porque el misticismo de que Ibis perdure.

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