La alimentación es clave en cualquier proceso de preparación para cualquier prueba en la que queramos rendir a buen nivel.

Una óptima combinación entre los nutrientes más determinantes en nuestro rendimiento, en nuestra salud y en la cantidad adecuada serán determinantes para que podamos sacar el máximo partido de nuestra condición física.

En este sentido y en torno a las múltiples estrategias nutricionales que existen para deportistas, suena siempre con fuerza la de la alimentación en los días previos a la competición como una de los aspectos más importantes para llegar con los depósitos energéticos a tope el día mismo de la prueba.

Mucho se ha escrito y dicho al respecto, con las consiguientes teorías paralelas, dudas y debates que ello genera en torno a esta cuestión. Por este motivo en este artículo vamos a explicarte qué es lo que realmente tiene más evidencia científica.

Glucógeno, la clave

Este polisacárido que se almacena en nuestros músculos, pero sobre todo en nuestro hígado, puede descomponerse y liberar a nuestras células glucosa de manera relativamente rápida, que lo convierte en la forma más importante de almacenar hidratos de carbono en el cuerpo, a la postre, uno de los depósitos energéticos críticos para poder pedalear con intensidad. Esto hace que uno de los principales objetivos en la alimentación durante los días previos a una competición sea almacenar todo el glucógeno que sea posible en nuestro organismo. Pero ¿cuánto glucógeno podemos almacenar? ¿Hay un límite?

Almacenamiento

El glucógeno en el hígado puede almacenase en cantidades que superen hasta los 100 g y algo menos en el músculo, aunque el nivel de entrenamiento del ciclista puede hacer que estas cantidades sean superiores. Estas cantidades de glucógeno nos dan una autonomía para poder realizar un esfuerzo a la máxima intensidad de 60 a 90’ en sujetos muy entrenados, aunque se ha visto que realizar una buena carga de hidratos en los días previos puede mejorar estas cifras.

Estrategias

Sobre cómo realizar la carga de hidratos, han existido a lo largo del tiempo diversas teorías. En años anteriores se pensaba que llevar una dieta restrictiva de hidratos de carbono al tiempo que se entrenaba con intensidad provocaba un vaciamiento de los depósitos y un posterior efecto rebote que, apoyado por una ingesta masiva de hidratos los dos o tres días previos a la competición, aumentaba nuestra capacidad de almacenar glucógeno.

Con el tiempo esta estrategia demostró traer consigo problemas digestivos que contrarrestaban cualquier ventaja asociada. Recientemente se aboga por una dieta equilibrada durante toda la semana, con una proporción del 60-65 % de hidratos de carbono, 20 % de proteínas y un 15 % de grasas, mientras que se entrena con normalidad reduciendo la intensidad a medida que nos acercamos a la competición. También en los dos días previos se indica aumentar el porte de hidratos de carbono para incidir así en un mayor almacenamiento de estos.

¿Cuestionable?

Las últimas investigaciones revelan que en el caso de que consigamos incrementar nuestra capacidad de almacenamiento de glucógeno en los días previos a la competición, este se usa más rápidamente durante la primera hora de esfuerzo, con lo que quedará en entredicho la utilidad de este tipo de estrategias.

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