Una vez acaba el Giro, el mundillo ciclista activa el modo Tour. La carrera más importante del año se acerca, y ya es hora de ir afinando. Llega el momento en el que los grandes capos del pelotón se enfrentan al verdadero examen. Así que todo tiene que llegar medido y estudiado al detalle. El principal banco de pruebas para eso es el Critérium du Dauphiné, que comienza este domingo con ocho etapas.

Chris Froome, Alberto Contador y Alejandro Valverde regresan a la competición después de su primer período de descanso. Lo cierto es que llegan en unas situaciones muy distintas. Desde luego, el murciano de Movistar es el que puede estar más tranquilo. Ha ganado mucho y muy bueno: Flecha, Lieja, País Vasco, Volta, Andalucía… una barbaridad de temporada a sus 37 años y de la que ya se ha hablado extensamente.

Mientras tanto, Froome y Contador tienen deberes por delante. Evidentemente todo el camino que llevan quedará olvidado si terminan ganando el Tour, pero lo cierto es que no han logrado ninguna victoria todavía en este 2017. Mientras Contador ha mostrado buen nivel y acumula ocho segundos puestos –pero sin lograr esa victoria liberadora, a veces por un segundo–, Froome simplemente parece no estar teniendo un buen año. No se puede dudar de su nivel físico y su calidad, pero en carrera siempre hay algo que no funciona. Subió al nivel de Valverde Lo Port en la Volta, pero al día siguiente se quedó cortado en un descenso y terminó dejándose 22 minutos. En Romandía todo iba bien hasta que el día decisivo perdió más de un minuto.

Bardet, Chaves y Porte

Lo cierto es que en el Dauphiné van a estar todos los gallos, a excepción de los que han ido al Giro. Tras los tres grandes aspirantes, hay varios outsiders que también lo serán en el Tour dentro de un mes. El más consolidado de ellos en grandes vueltas es un Romain Bardet que ya fue segundo en la Grande Boucle del año pasado. La diferencia es que ahora ya se le espera, y en Francia no suelen tener misericordia con quien ha rozado la gloria. Son 30 años sin alcanzarla. Aunque realmente nunca tuvo la posibilidad de ganar el Tour, dada la superioridad de Froome.

Porte de momento es el que trae resultados más fiables hasta primavera. Ganó Romandía, el Down Under y una etapa de París-Niza, donde también sufrió algo parecido a lo de Froome en la Volta. Un día de viento y lluvia se quedó cortado y le cayeron 17 minutos, pero después ganó la etapa reina. Precisamente este año BMC apostará por él en solitario en lugar de la bicefalia que mantuvo en 2016 junto a Van Garderen.

Y mientras, el siempre sonriente Esteban Chaves aparece lleno de dudas. Hace cuatro meses que no compite, desde el Herald Sun Tour, por una lesión de rodilla. Lo normal es que todavía esté un poco verde y a medida que pasen las semanas vaya mejorando poco a poco. Todavía puede estar a tiempo para el Tour, que por cierto todavía no ha descubierto.

La dureza, al final

El diseño del recorrido es parecido al de años anteriores, aunque quizás algo menos montañoso. El primer día con salida y llegada en Saint-Étienne, perfil quebrado y un circuito al que se dan cuatro vueltas al final. Tras dos etapas más llanas, vendrá la única contrarreloj el miércoles: 23,5 kilómetros sin grandes cambios de desnivel, aunque tampoco totalmente planos.

El primer día de cierta entidad montañosa será el viernes, con el Mont du Chat a 15 de meta como única dificultad. Propicio para que llegue un grupo pequeño. El sábado, un final descafeinado en Alpe D’Huez –apenas se suben cuatro kilómetros– con paso anterior por el Col de Sarenne. Y por último, la típica etapa cortita de último día el domingo. Apenas 115 kilómetros con cuatro encadenados: Col des Saisies, Col des Aravis, la Colombière y final en alto en Plateau de Solaison, 11 kilómetros al 9 % de media. Comienza, ya sí, el laboratorio de pruebas para el Tour.

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