¿Cuántos de vosotros habéis deseado alguna vez decir basta, plantaros, cerrar un capítulo de vuestra vida y abrir otro?

Sinceramente, pienso que somos muchos los que nos hemos visto inmersos en este mar de dudas, y el actual director de marketing de Macario Llorente, Cristóbal Pérez, fue uno de ellos.

Hay veces que puede que haya quien piense que una persona que controla y dirige el marketing de una empresa como Macario, con más de 3.000 clientes y 100 empleados, debe haber mamado el ciclismo.

Pero no es el caso de la persona que nos ocupa, que después de doce años de ser autónomo en el sector de la automoción y la consultoría, sentía que había llegado el momento “de volver a una gran empresa, ya que había muchas cosas que como profesional independiente no podía hacer, como asumir un proyecto ambicioso que pida una inversión económica”.

Cristóbal llegó a Macario, sí, por una oferta de trabajo que vio y que le sedujo. Fue en 2014 y desde entonces por sus manos pasa la suerte de marcas como Shimano, GT, Cateye o Pearl Izumi, entre otras.

Vive a media hora del trabajo y se desplaza en coche, escuchando noticias. “La música me gusta, pero cuando llevo tres canciones me aburro. Necesito que alguien me cuente historias, reconoce. Y sus jornadas laborales son, como las de muchos, maratonianas.

Al medio día se desplaza hasta un restaurante que hay al lado de Macario, en el que siempre como pescado. Lo hago todos los días. Carne poca, la verdad. Si hay que comerse un chuletón, se come, pero me cuesta digerir”. Un pescado que acompaña con Casera. Un clásico.

Entre burbujas reconoce que se considera una persona exigente, “siempre quiero ser mejor”, y en un momento de la conversación, se nota que le gusta hablar.

Se confiesa. Empecé a montar en bici porque dejé de fumar. No es que fumara mucho, pero para mí era un reto dejarlo y lo conseguí. Y me gustó tanto la bici que pensé que este iba a ser mi nuevo sector”.

A la mínima que puede intenta salir en bici, sobre todo los fines de semana, pero tiene claro que “como ciclista soy uno más. Mi ánimo de competitividad no es encima de la bicicleta, sino en el trabajo”.

Un entorno laboral al que dedica más horas que las que un médico le recomendaría y al que le cuesta llegar temprano. “Piensa que me levanto a las 06.00 horas. Me gusta madrugar, pero necesito dormir”, un sacrificio que compensa con un trabajo que le tiene robado el corazón. Una dedicación que “tiene las mismas cosas que los demás, pero las buenas son incomparables”.

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