No por esperado deja de ser sorprendente. Es el gran fichaje del verano. Y de la temporada. El año pasado había renovado con el Sunweb hasta 2022, un contrato que acabó en papel mojado. El lunes anunció el final de su vinculación con el equipo alemán y el Jumbo-Visma hizo oficial su llegada para las tres próximas campañas. El mejor conjunto neerlandés del pelotón se hace con el mejor vueltómano neerlandés, un matrimonio que huele a Tour, con permiso de Bernal e Ineos. Dumoulin vuelve a casa.

Y decimos que Dumoulin vuelve a casa porque empezó su carrera profesional allá por 2011 en el filial del Rabobank. Por la escuadra para jóvenes y de categoría Continental pasaron otros grandes talentos de los Países Bajos y parte del extranjero, como Hesjedal, Boom, Gesink, Mollema, Gesink, Van Garderen o Van Baarle. El Jumbo-Visma es heredero de aquel Rabobank que entre 1996 y 2012 tiñó las carreras de naranja hasta que el patrocinador principal se retiró tras el escandaloso ‘caso Armstrong’ que conmocionó a todo el mundillo ciclista.

Tom Dumoulin (Maastricht, 1990) sacude el mercado de fichajes por dos cuestiones ineludibles: rompe un contrato sólido y sin precedentes con su exequipo y es uno de los pocos ciclistas que parece capacitado para acabar con el dominio del Ineos (antes Sky) en el Tour. El neerlandés explotó como candidato para carreras de tres semanas en la Vuelta del año 15, la que perdió en la penúltima etapa, aislado y sin equipo para la montaña ante el potente Astana de Aru.

En el 17, otra vez sin un bloque de garantías, conquistó el Giro con autoridad pese a protagonizar una de las imágenes de la década: su parada en una cuneta ante la llamada de la naturaleza le costó la maglia rosa a dos días de Milán. En la contrarreloj final escaló de la cuarta plaza al cajón más alto del podio. En el 18 completó el siempre difícil doblete Giro-Tour con dos segundos puestos, solo superado por Froome, en Italia, y Thomas, en Francia. Una vez más, en soledad, denominador común de su etapa en el Sunweb.

Este curso volvió a la Corsa Rosa para ganar, pero una caída en la cuarta etapa camino de Frascati acabó con todas sus opciones y le obligó a retirarse. Retornó a la competición en el Dauphiné con las miras puestas en el Tour, pero la lesión de rodilla se reprodujo y abandonó, renunciando a la Grande Boucle y, más tarde, a la Vuelta. El tratamiento médico y las promesas incumplidas por el equipo –nunca ha rodeado adecuadamente a Dumoulin desde que explotó, sino que ha debilitado su grupo de gregarios– enfriaron la relación entre las dos partes.

Jumbo amenaza el reinado del Ineos

La incorporación de Dumoulin es la guinda para el proyecto del Jumbo-Visma, que anunció el fichaje con un vídeo en el que admite sin miramientos cuál es su principal objetivo: ganar el Tour. El mensaje, en neerlandés, recalca el sentimiento nacional –Países Bajos no gana la ronda francesa desde 1980 con Zoetemelk– y llama a la unión, para evitar la lucha de egos entre los tres líderes para las grandes carreras, protagonistas de las imágenes: Kruijswijk, Roglic y Dumoulin.

¿Se convierte el Jumbo-Visma en la principal amenaza del Ineos? El escuadrón británico seguirá siendo el más fuerte y el favorito para reinar en París. Más aún tras la irrupción de Bernal y si se confirma la llegada de Carapaz, último vencedor del Giro. El Jumbo no puede competir en ganadores de grandes –cuatro contra uno– pero ya avisó durante el último Tour con un cambio de tendencia en la montaña. Los experimentados Gesink y Bennett o los incipientes Bouwman, De Plus, Kuss, Tolhoek y Vingegaard forman una segunda unidad a tener en cuenta.

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