Bajas temperaturas y riesgo de granizadas. La noche del sábado al domingo fue de intensa lluvia y tormentas en la zona del Ripollès y La Garrotxa. Dejó de llover justo antes de la salida, prevista para las 8 horas, pero las temperaturas habían bajado y mucho. Termómetros en torno a los 10ºC en Sant Esteve d’en Bas, lugar de salida de la prueba, y de apenas 1ºC en las cimas de los puertos de apenas 1.000 m de altitud: Capsacosta, Canes, Bracons y Coll de Bac. Con el cajón de salida ya prácticamente organizado, en la que faltaban quizás la mitad de los inscritos, la organización anuncia por megafonía que el recorrido de la ruta larga, de unos 170 km, de la Terra de Remences, se suspende. Tan solo se dará salida para completar el recorrido de la ruta corta, unos 100 km. Es algo histórico, en las veinte ediciones anteriores no hay noticias de una decisión como esa. Así que la de este 2018 ha sido una Remences histórica.

Por lo demás, la mera cancelación de la ruta larga supuso una notable relajación en el gran pelotón. Salida mucho más tranquila que en otras ediciones y más espíritu cicloturista. Ya no había prisa. O, al menos, no había tanta prisa. Casi por milagro, la mayoría de los 1.500 ciclistas que efectuaron el recorrido apenas se mojaron. Pero sí que pasaron frío. Especialmente en la subida al Coll de Canes y su posterior y rapidísima bajada. Como suele ser habitual en la Remences, la organización del CC Bas fue impecable: inmejorables avituallamientos y gran presencia de voluntarios. Así da gusto. Más información en la web Terra de Remences.

La Remences 2018 canceló el recorrido largo por mal tiempo.

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