Historia de una evolución….

No es plan de ponernos nostálgicos, pero ya ha llovido mucho desde la primera aparición a principios de los 90 de los primeros modelos de sistema automático, entre los que destacaban las dos grandes marcas pioneras: Look (adaptó su modelo de carretera de finales de los 80) y Shimano, con su popular sistema SPD. Algunos otros se quedaron por el camino, como un modelo sacado por Onza, con un sistema muy parecido al de Shimano pero sin muelle, en su caso era sustituido por dos elastómetros. Y es que si nos atrevemos a afirmar que la aparición de los pedales automáticos supuso una auténtica revolución, también podemos afirmar que aquellos pedales con rastrales con taco, ahora, viéndolo con cierta perspectiva, no lo fueron tanto. Mecanicismo al poder
La aparición del pedal automático supuso un paso en firme en pro de lograr economizar al máximo la fuerza que transmitimos a la biela durante los 360 ̊ del recorrido de pedaleo. Es una cuestión de efectividad y repetición, un pedaleo redondo nos permite optimizar nuestro rendimiento.

Entre finales de los 80 y principios de la década de los 90, los pedales automáticos irrumpieron con fuerza.

Sus beneficios

Un pedaleo más eficaz
Nos permiten pedalear transmitiendo toda la fuerza del golpe de pedal durante el recorrido del mismo, consiguiendo de esta manera un pedaleo lo más redondo posible, a la vez que amortizamos toda la fuerza que generamos.
Además de mejorar la efectividad, también nos ayudan a que ambas piernas trabajen de la manera más pareja posible, previniendo descompensaciones musculares.

Una sujeción más óptima
Resulta una obviedad, pero el hecho de ir enganchados repercute directamente en nuestra seguridad. Se minimiza el riesgo de que nuestro calzado patine, especialmente en terrenos rotos o saltos, donde un buen calado nos evita posibles percances. Además, algunos sistemas permiten regular la dureza del enganche para dotarlo de la sujeción ideal en función del peso y de las propias preferencias.

Mayor control de la bici
Conseguimos que bici y biker se fusionen en un solo ente. La bici se torna mucho más manejable y nos permite transmitir mejor los cambios de sentido, subir un escalón (los pedales nos dejan ejercer una fuerza hacia arriba) o realizar un salto. La gestión de la bici se vuelve mucho más precisa, por ello nunca veremos ningún corredor de nivel sin sus pedales automáticos.

Una posición biomecánica mejor
El ciclismo es un deporte de repetición. Una de las mejores maneras de prevenir lesiones y mimar nuestras rodillas es realizar un óptimo ajuste de los pedales automáticos y que éstos trabajen siempre desde el mismo punto. En este aspecto, los pedales de plataforma hacen que nuestra rodilla trabaje desde puntos distintos de giro, sin poder tener un control biomecánico más preciso para prevenir lesiones.

 

 

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