“Me rompí la mandíbula inferior, la mandíbula superior quedó separada del cráneo, me fracturé los huesos de la órbita del ojo, me mordí la lengua y la corté en dos, me rompí el codo… Fue horroroso”, dijo Matti Lehikoinen una vez ya recuperado del grave accidente que sufrió en 2011, en un relato que puso los pelos de punta a todos los que lo leímos, ya que incluía declaraciones como “en el momento del accidente no me quedé inconsciente, así que me daba perfectamente cuenta de lo que estaba pasando. Cuando la primera persona que llegó se me acercó, traté de hablar, pero las mandíbulas se iban cada una para un lado. Agarré al tipo y le cogí la mandíbula, quería decirle que tenía la mandíbula hecha un desastre. Estaba fatal. Dicen los que estaban allí que me faltó muy poco para morirme”.

Por fortuna, Matti salió de ese grave accidente -no era el primero que sufría, ya protagonizó otro en el 2007, en el que se fracturó tres vértebras-, pero poco a poco fue volviendo a la vida normal, aunque pasó fases realmente duras en su vida, en las que incluso llegó a coquetear con el suicidio.

Y parece ser que en la actualidad se halla en un buen estado anímico, que sigue sintiendo la misma pasión por la bici -ha participado en algunas carreras e incluso ha tomado parte en las Enduro World Series (EWS)– y que mantiene la calidad que atesoraba en su día en la Copa del Mundo de Descenso y que le valió ser reconocido como uno de los más rápidos, a tenor del vídeo que ha publicado en su Facebook.

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