El renacido Nairo Quintana

Pocos ciclistas tienen tamaña legión de fans y haters. Es el deportista más querido y uno de los rostros más populares en Colombia, su país, pero no goza de la misma simpatía en Europa. A los 23 años se presentó con el Movistar Team como el antídoto contra el dominio del incipiente Sky (ahora Ineos). Algunos lo enterramos antes de tiempo pese a su lustroso palmarés. Ya en la treintena y en un nuevo equipo, el sábado se liberó con una exhibición de otra época en el Mont Ventoux. Es el renacido Nairo Quintana.

El escalador de Cómbita (Boyacá) cambió tras ocho temporadas de azul Movistar por el rojo y negro del Arkéa Samsic, conjunto francés de segunda división. Su ofuscación con el #SueñoAmarillo –Bernal se apropió del hashtag y el primer triunfo colombiano en París–, una actitud cada vez más conservadora en carrera y las tensiones con Mikel Landa contribuyeron a su pérdida de reputación, sobre todo en España, una caída proporcional a la de su rendimiento.

Por si a alguien se le olvida, Nairo suma más de 40 victorias, dieciséis de ellas en generales. Desde que irrumpió en el Tour del 2013 –fue segundo detrás de Froome, ganó una etapa, el maillot de la montaña y el de mejor joven–, ganó un Giro (2014) y una Vuelta (2016), además otras carreras como la Tirreno-Adriático (2015 y 2017), la Vuelta al País Vasco (2013), la Volta a Catalunya o el Tour de Romandía (2016).

Algo se rompió en el Tour del 2016, el de su tercer podio, como si por repetido no tuviera valor. Y desde que fue segundo en el Giro del 2017 no ha vuelto a subirse al cajón en una grande. Bajo el yugo de los Sky y superado por las expectativas, a Quintana se le exige ganar a lo grande, atacar sin mirar atrás y sin sacar el codo. Ya no valen los triunfos de etapa, ni siquiera su particular colección de cimas míticas.

El binomio con Movistar se acabó el año pasado sin solución de continuidad. Seducido por un suculento contrato y el ambicioso proyecto del Arkéa, en solo cinco días de competición ha demostrado lo bien que le ha venido el cambio de aires. Eligió el Ventoux, un marco inigualable para escenificar su resurrección, el mismo lugar donde retó a Froome en 2013. En esta ocasión la meta estaba un poco más abajo, en el Chalet Reynard, después de 14.6 kilómetros al 7.6% de pendiente media.

El renacido Nairo Quintana atacó en la parte más dura, a 7.2km de la llegada, y ya nadie pudo seguirle. Claudicaron Pinot y su gregario Gaudu, Lutsenko y Vlasov, la dupla de Astana que dominó la llegada un día antes, o Kuss, llamado a ser el último hombre de Roglič y Dumoulin en la montaña del Tour, entre otros. Faltaban rivales de gran entidad, pero el tiempo de la ascensión es el más rápido desde Pantani en 1994, un dato que asusta. El valor de esta victoria lo comprobaremos en marzo: París-Niza y Volta a Catalunya.