Hace menos de un año desde que vimos a un joven con una bici de descenso barata, con protecciones de fútbol americano, recorriendo las calles de San Salvador. Unas cuantas reuniones más tarde y 11 meses después, nos encontramos en la parte trasera de un destrozado pick-up en la capital salvadoreña; esta vez cargados con nuestras propias bicicletas, cámaras y tablas de surf para un alucinante viaje por el corazón de Centroamérica.

Después de un largo trabajo de preparación y de haber contactado con algunos amigos locales, ya sabíamos de antemano que el país tenía una vibrante cultura del mountain bike. Aunque aún pequeña si la comparamos con los grandes mercados, lo que les falta en tamaño y material, lo suplen con una desmesurada pasión.
Sabíamos también que el viaje iba a ser una experiencia única y muy especial, una suerte de aventura a medio definir que nos llevaría a recorrer buena parte del país, en busca de los mejores senderos, olas y amistades por el camino.

Capital del color

Lo que hace a El Salvador tan colorido es su propia gente, tanto en los pequeños pueblos como en las grandes ciudades;
todo el mundo es superamigable y te dan la bienvenida rápidamente, dispuestos a conversar contigo un buen rato, ya sea de bicis, surf o de la vida misma… Comer en la calle unas sabrosas pupusas, camuflados entre el gentío y los numerosos perros callejeros, se convirtió en uno de nuestros pasatiempos preferidos, así como comprar verdura fresca directamente a las mujeres que transportan pesados fardos de producto en su cabeza para venderlos a pie de calle. La vida real aquí pasa en la calle y difiere mucho de a lo que estamos acostumbrados
en América. Una gran experiencia…

Ecoparque DH

El llamado Ecoparque El Espino alberga tres de los más famosos circuitos de descenso de El Salvador, así como kilómetros y kilómetros de senderos para practicar rally. Situado al lado del volcán El Boquerón, sus infinitos senderos nos invitan a pasar allí días y días con la promesa de “un último descenso”… aunque siempre había uno más… Nos costó bastante abandonar el lugar.

Los riders locales, capitaneados por Roberto Gato Meléndez, son los encargados de construir, mantener y gestionar la red de caminos y el divertidísimo bike park que allí se encuentra. Cada circuito es muy diferente del anterior, desde pistas técnicas como la llamada Classic, con multitud de peraltes, dobles, gaps, raíces y piedras; hasta otras como Maizal, mucho más rápida y con gigantescos drops. Papayo, en cambio, es una sendero más natural, con unas vistas increíbles, y el desnivel acumulado más grande de todas ellas, con casi 1.000 metros de desnivel. Además, después de finalizar tu descenso en las fincas inferiores, existe un camión customizado que te devuelve a lo más alto del parque por tan sólo ¡1 dólar al día! Los niños persiguiéndote a través de los senderos, mientras esquivas gallinas y perros ladrando, en cambio, es gratis…

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