El viacrucis de Tom Dumoulin

Han pasado dos años y medio desde que Tom Dumoulin se subiera al podio del Tour de Francia. En julio de 2018 parecía la principal alternativa al dominio de los Sky (ahora Ineos) en las grandes vueltas, pero desde aquella foto en los Campos Elíseos no ha vuelto a ser el mismo. Las caídas, los desencuentros con su exequipo y el fichaje por Jumbo-Visma con un rol más secundario han modificado su estatus en el pelotón. Ahora, él mismo ha decidido bajarse de la bicicleta para reflexionar acerca de su futuro.

“Últimamente siento que es difícil encontrar mi camino como ciclista, con la presión y las expectativas que eso conlleva. Yo sólo quiero hacerlo bien para mucha gente: el equipo, los patrocinadores, mi familia… Y por eso me he olvidado de pensar en mí mismo el último año. ¿Qué es lo que quiero? ¿Quiero seguir siendo profesional? ¿Y cómo? Me he topado durante muchos meses con esas dudas en mi cabeza y realmente necesito parar un tiempo”, desveló el neerlandés en un vídeo difundido por el Jumbo-Visma.

Añada del 90

Volvamos al principio. Dumoulin es una de las estrellas de la rutilante añada del 90, prolífica en escaladores (Quintana, Pinot, Bardet, Aru…) y clasicómanos u hombres rápidos (Sagan, Kwiatkowski, Matthews, Bennett…). Especialista contrarreloj y potente rodador, en 2015 exploró sus condiciones de vueltómano en la Vuelta a España que perdió a un día del final cuando ya parecía ganada. Aquel sábado en la Sierra de Guadarrama fue el primera capítulo en el viacrucis de la Mariposa de Maastricht.

La desolación de Dumoulin en la Vuelta 2015. Foto: Tim De Waele

Un año después ganó el prólogo del Giro y vistió seis días la maglia rosa, pero abandonó por unas molestias, y también venció dos etapas en el Tour, en la montaña de Andorra y en la contrarreloj de Le Caverne de Pont d’Arc, pero nunca llegó a estar metido en la lucha por la general y en los Alpes se montó en el coche tras una caída. No le impidió colgarse la medalla de plata en la crono olímpica de Río de Janeiro para culminar un buen año de transición.

Y es que la definitiva explosión de Dumoulin se produjo en el Giro de 2017. En el Blockhaus fue el único que mantuvo las distancias ante un Quintana desencadenado. En la contrarreloj de Montefalco no falló y le superó en la general. Repitió triunfo en el Santuario de Oropa y, cuando todo parecía a su favor, sufrió un apretón que le obligó a pararse en la cuneta durante la etapa reina. Aquella imagen se hizo viral, pero él nunca perdió la calma y, aunque dos días después cedió la maglia rosa, la recuperó en la crono final de Milán.

El (casi) doblete

Con su primera grande y el arcoíris contrarreloj que logró en Begen se presentó en 2018 como la gran amenaza para asaltar el trono de Froome. Ambos rivalizaron en un Giro que dominó Simon Yates hasta el taponne de la Finestre y que el africano blanco se llevó con un ataque a la antigua usanza. También se vieron las caras en el Tour, pero la victoria fue para un Geraint Thomas incontestable. El neerlandés fue segundo el podio de Roma y de París. Nadie había estado tan cerca del doblete desde Pantani en el 98.

En el podio del Tour 2018 junto a Thomas y Froome. Foto: POOL/Reuters

No es la primera vez que Dumoulin reflexiona acerca sobre su carrera. “Perdí el control de mi vida. Soy un ciclista, no un recluso”, reconoció al término del año que disparó definitivamente su imagen mediática. Por desgaste físico o mental, por la caída que sufrió en el Giro y una lesión que se complicó más de la cuenta o por las desavenencias con Sunweb, en junio de 2019 cerró una temporada en blanco y rompió su contrato para protagonizar la bomba del mercado. El mejor ciclista neerlandés fichó por el mejor equipo de su país.

El potente bloque formado por Jumbo-Visma estaba llamado a discutir la tiranía del Ineos. Y así fue, aunque en el caso de Dumoulin con un rol de gregario, al servicio de Roglic. Séptimo en París y décimo en el Mundial contrarreloj, en la Vuelta se despidió tras una temporada lejos de su mejor versión. En los albores de la nueva campaña ha dicho basta (por ahora). “El equipo me apoya y es como si me hubiera quitado una mochila de cien kilos de los hombros. Por fin me he despertado feliz”, declaró con una sonrisa.

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