Como muchos días, Carlos Coloma ha arrancado a las 08.00 horas. Ha llevado a sus dos hijos al cole –Carlos y Lucas, de 6 y 8 años– en coche y se ha ido a desayunar al bar de su pueblo, Albelda de Iregua, donde ha empezado a llenar el combustible con un zumo de frutas natural variado, tostadas con aceite y tomate y café.

Hoy no toca tortilla de avena. De regreso a su casa, antes de empezar a entrenar, atiende a Solo Bici.

Carlos, inicias una nueva etapa.

Al final, es una nueva etapa entre comillas. Desde que tengo uso de razón, desde los 17 años, siempre he estado en diferentes equipos y patrocinadores personales y siempre he tenido ese espíritu inquieto de cuidar a patrocinadores y gente y ser detallista y agradecido con quien está detrás de los proyectos deportivos. Ahora, desde los Juegos de Río 2016, todo se ha hecho más grande y requiere más atención de lo habitual. Se trata de que la gente que ayuda sea partícipe, unir empresa y deporte.

El de 2018 también era tu proyecto, ¿no?

Bueno, mi proyecto siempre ha sido desde 2012 la escuela de niños que funciona de forma autónoma –la forman 58 niños–. Estamos encantados con los valores que transmitimos y que sea la válvula de escape para los niños, además les sirve para desarrollar el sentimiento de compañerismo y sacrificio, y me hace superfeliz. También me gusta tener trato con el patrocinador. Me encanta, tener en cuenta sus necesidades. Por ejemplo, si les gusta montar en bici con nosotros. El proyecto anterior no era mío, pero sí que se me dio bastante libertad, el de ahora sí que lo es.

Casi pareces ya más empresario que ciclista.

Soy deportista al 1.000 x 1.000, 24 horas al día, y la parte de gestión es una cosa que me sale natural y no es forzada. Son tantos años, veinte ya, haciendo Copa del Mundo y tratando con tantas marcas que forma parte del día a día.

¿Qué destacarías de este nuevo capítulo?

Un poco la filosofía con la que se ha montado. Tiene dos vertientes. Una es la de crear jóvenes talentos y otra la de llegar a Tokio 2020, con Rocío (del Alba) y yo. Y luego el apartado que tenemos con Josep Duran y Carlos Canal, que son dos jóvenes de futuro. Carlos es un júnior de segundo año que es una auténtica bomba. No lo metemos en el equipo siendo júnior. Es demasiado, pero sí estará cuando sea Sub-23. El equipo está hecho a mi medida y a la gente que está a mi alrededor. Y después está la parte de acercar el MTB al aficionado y a la gente que está apoyando el proyecto.

¿Por qué BH?

Por varios motivos. Fue mi primera bici. Es la marca más cercana de casa, la tengo a 45 minutos, y su forma de trabajar y fiabilidad está más que demostrada. La bici doble es muy importante y tienen intención de seguir apostando al 100 % por ella. La bici de ahora es una pasada. La geometría es brutal, más aún montada como la llevamos, a la carta. Esa seguridad que te da una empresa tan sólida que lleva tantos años en el sector. Al final ha sido como un matrimonio bien avenido. De la primera reunión al primer borrador pasaron dos días. En el trasfondo venía Cafés-Templo, pero al final todo ha salido sobre el guión. Se ha juntado que nos ha acompañado la suerte y que la hemos buscado con dos cojones.

Tienes 37, pero al hablar pareces más joven.

Al final es del día a día, de retroalimentarte a ti mismo, de hacer lo que te gusta y de no atarte a nada. No me ata el dinero más que la ilusión, y eso te hace tener mucha libertad y no depender de nadie y perseguir tus sueños. Más allá de que haya tenido contratos más grandes o más pequeños, siempre he mirado mi felicidad y que la gente que me rodea y mi familia esté cómoda. Hay que ser feliz al 100 x 100.

¿Qué sueños te quedan por cumplir?

Ser campeón del mundo y después repetir medalla olímpica en Tokio 2020. Sé que sera muy difícil, pero me voy a dejar la piel. La medalla de los Juegos de Río de 2016 parecía más complicada y está en casa. Soy capaz de todo y gracias a Dios lo he podido demostrar.

Sin duda, el bronce de Río 2016 te cambió la vida personal y deportiva.

Lo que sí me ha dado es mucha más tranquilidad. Antes ya era un corredor respetado en el mundo del MTB. Me he ganado la vida bastante bien y no tengo las aspiración de ser el más rico del mundo. Para mí lo más importante es dedicarme a lo mío, con mi familia, y tener la libertad de que pase lo que pase siempre salen nuevos proyectos y nuevas marcas que confían en mí. Sí, sin duda me ha dado una estabilidad y una tranquilidad grande. Cuando fui a Río no tenía la necesidad de lograr una medalla, pero tras la lesión de 2013 pasé momentos muy jodidos. Después de la segunda operación salí del bache.

Eres uno de los veteranos, ¿cómo puedes hacer frente a la juventud de tus rivales?

Con ilusión. Lo digo humildemente, a mí no me marea ni me da miedo nada. Tengo energía las 24 horas del día y durante el día se pueden hacer muchas cosas, pero el cuerpo tiene que responder. Salvo la del hombro, no he tenido lesiones serias. Llegará un momento en que el cuerpo no de más de sí, pero todavía no es así.

Tras tantos años en la Copa del Mundo, ¿qué crees que ha cambiado más?

Nos ha venido empujando el viento de culo, como digo yo. Ahora nos empuja en el plano mediático. Nuestro deporte ha crecido de forma brutal. La UCI lo ha sabido reconducir. Antes las carreras de la Copa del Mundo eran muy largas, ahora son más técnicas y atractivas. La gente que practica mountain bike nos ve como ídolos y estrellas. Se han hecho circuitos más atractivos, con rock garden, tramos técnicos con subidas explosivas. Hemos quitado de 40 a 50 minutos de carrera de cuando yo empecé. Todo es más atractivo y se ha sumado el short track, que está muy bien y a la gente le da opción de ver más carreras. Hay muchos más alicientes, instrumentos para que la gente se enganche a nuestro deporte.

Una nueva temporada se acerca y de nuevo Nino Schurter será el hombre que superar. Parece casi imposible que se le pueda ganar.

Nos ha pasado lo mismo o parecido que nos pasó en su día con Julien Absalon, pero si cabe más. Ya se ha visto que Nino no es imbatible a un día, pero en una clasificación de la general de Copa del Mundo ya es mucho más complicado. Y no es por falta de ambición, pero es que no creo, no veo a nadie que le pueda hacer frente a siete pruebas a lo largo de una temporada y pensando en una clasificación general.

Se mueve bien en todos los terrenos, ¿no?

Lo tiene todo para ser el corredor perfecto. En el momento en el que la Copa del Mundo dio un giro con la nueva política de las carreras, ahí estaba él. Todo coincidió. Y se ha convertido en el corredor que seguir. Es explosivo. Tiene una técnica brutal, una potencia descomunal. No se le ven puntos flojos. Parece que los circuitos de la Copa del Mundo están hechos a su medida y después su despunte se produjo en el momento clave de la historia del MTB.

Si tuvieras el poder de firmar unos objetivos esta campaña, ¿qué escribirías?

Mi ilusión es volver a estar en el top 10 de la Copa del Mundo. En 2018 lo podría haber conseguido en tres ocasiones, pero quiero volver a estar de forma regular en el podio de la Copa del Mundo, que hace mucho que no lo piso y quiero volver a luchar por las medallas en un Campeonato del Mundo. No tengo ninguna obsesión en particular, pero para mí y para mi tranquilidad como competidor quiero estar entre los diez primeros. Es lo que marca la diferencia entre un buen corredor y uno que no lo es.

Explica, para quien no lo sepa, ¿cómo empezaste en el MTB?

Desde pequeño, en el pueblo, como muchos niños iba en bici, con mi BH California, a la que pintaba con un spray. Después tuve una bici de trial, que me dio la técnica, y con 12 años, cuando llegaron las primeras mountain bike, mi padre y un primo mío empezaron a montar. A los dos días me dijeron de dar una vuelta e hice una travesía de 15 km. Mi padre me dijo que les había dejado sorprendidos y mi primo que no era normal lo que andaba. Pero seguí un año de futbolista, y al siguiente mi padre me dijo que había el Open OF3 de Barcelona y me llevé la general. Ahí empezó todo, en 1994.

¿Te ves reflejado en tus hijos?

¡Claro! Los veo disfrutar tanto que me contagian y me veo cuando yo era pequeño.

Pero ¿te gustaría que siguieran tus pasos?

Realmente, y con el corazón en la mano, te digo que me gustaría que se dediquen a lo que de verdad les llene, porque la vida es muy corta, pasa rápido, en ocasiones demasiado, y hay que hacer lo que te llene. Pero sí que me gustaría. Cuando eran más pequeños decía que no, pero ahora los veo montar y me hace muchísima ilusión.

¿Dónde guardas la medalla de Río 2016?

La tengo a mano porque mucha gente que viene a casa me pregunta por ella y me encanta enseñarla.

¿Cuántas bicis tenéis en el equipo?

Cada corredor del equipo tiene cinco bicis montadas en total, son unas 15 aproximadamente, y después hay dos eléctricas de test y otras tres bicis para el tema del embajador del mes, con lo que buscamos que una persona se sienta parte del equipo. Al final, entre las 15-16 bicis del equipo oficial y las bicis de test, son unas 22, más las dos que tiene Canal, pues serían unas 22-24 bicis.

¿Algún modelo que te tenga enamorado?

La bici que me tiene superenamorado es la Lynx, la doble suspensión. Me parece una barbaridad de bicicleta, en cuanto a geometría y a funcionamiento. Es increíble.

Y ¿cómo ves la cantera del MTB nacional?

La veo fenomenal. Cuantas más escuelas haya en España y más proyectos que apoyen directamente al corredor y enseñen tanto a preparar el material como el funcionamiento de una bici, más proyectaremos a los corredores hacia Copa del Mundo y hacia lo complicado que es adaptarse a la categoría Sub-23 y Élite.

Viajas mucho, ¿qué se repite más en tu lista de música?

Hay de todo porque es un auténtico descojone. Me gusta todo tipo de música y depende del momento, desde reguetón, pasando por Queen o Julio Iglesias.

Y, para acabar, ¿con qué vino brindamos para que todo salga rodado en esta aventura?

Por supuesto, con un buen vino de Hueda Nocedal Rioja.

Brindemos, pues. Salud.

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