A sus 22 años, Samuel Gaze sigue siendo un diamante en bruto que hay que pulir. El pasado mes de marzo hizo historia al ser capaz de superar al imbatible Nino Schurter en la Copa del Mundo, al cortar una racha espectacular del suizo de casi dos años sin conocer la derrota. Directamente desde Tokoroa, Nueva Zelanda, llega un ciclista descarado, que promete darnos muchas alegrías.

¿Qué significó para ti derrotar a Nino Schurter en la primera Copa del Mundo de este año?

Fue espectacular. Lo disfruté muchísimo y fue un logro tremendo y algo que nunca olvidaré. Al ser la primera victoria de mi carrera en la Copa del Mundo fue increíble, pero además poder derrotar al actual campeón olímpico y campeón del mundo fue todavía más especial.

¿Qué recuerdas de tu primera carrera en la categoría élite de la Copa del Mundo?

Fue en Nove Mesto, bastante decepcionante. Tuve problemas de migraña y tuve que ser trasladado al hospital. Fue una gran decepción, pero ese año fue determinante para dar forma a lo que quería lograr en 2018. Fue parte de mi proceso de aprendizaje y estoy contento de haber aprendido esa dura lección.

Antes de élite, ganaste dos Copas del Mundo Sub-23. ¿Qué recuerdas de esos títulos?

El primero fue en Nove Mesto, en 2016, y el segundo en Cairns, en 2017. Estas dos carreras fueron fundamentales y determinaron mi carrera. Me sentía tremendamente contento y afortunado. La primera fue muy especial, porque además mi padre estaba allí y fue la primera carrera internacional que veía, y evidentemente también por defender el título doce meses después en Cairns.

Tu 4º en Vallnord en 2017 fue tu carta de presentación a la Copa del Mundo. Es un circuito de altura y calor. ¿Cuáles son mejores para ti?

Estaba muy feliz con el resultado en Vallnord, con la altura y el calor y la adrenalina de la pista. Pero las pistas que me van mejor son las que tienen subidas fuertes. Las pistas que resultan duras y que requieren de potencia y mucha fuerza son las que mejor se adaptan a mis características. Los circuitos de Nove Mesto, Lenzerheide, Mont Saint-Anne o pistas similares son los que me van mejor.

Ganaste la Copa del Mundo de Eliminator con 19 años. Lástima que esta disciplina no sea más popular, ¿no?

Es una disciplina fantástica y muy dura físicamente. En tres horas tienes que correr cuatro o cinco mangas al máximo nivel de esfuerzo continuo en cada una de ellas. Es muy difícil recuperarse entre carrera y carrera. Es una lástima que no formen parte del máximo nivel. El Cross Country Olímpico parece imponerse sobre el Eliminator. La llegada del Cross Country Short Track es bueno para la Copa del Mundo. Está a medio camino entre las otras dos y no es tan dura como la Eliminator. Estoy contento de que forme parte de la Copa del Mundo y permita sumar puntos para la general.

¿Qué harías para darle más relevancia a la especialidad de Eliminator?

Le está llevando tiempo asentarse y puede que sea positivo que sea una disciplina para especialistas, porque es completamente diferente del cross country. El Eliminator es mucho más exigente y duro físicamente que el Short Track, por el máximo esfuerzo y velocidad en ese espacio de tiempo. Si coincidieran en la misma Copa del Mundo, me alegraría.

¿Cómo dosificas tu fuerza en carrera?

Hay que intentar ser constante y cuidarse lo máximo posible. Cuando se está fuera de carrera hay que usar el cuerpo de manera sensata y eficiente y, lógicamente, cuando llega la ronda final, dar todo lo que se tiene.

Su padre, el mejor espejo

¿Cómo te aficionaste al MTB?

Por mi padre. Empecé con el motocross. Mi familia tenía moto. Intenté una combinación entre el ciclismo en carretera y el MTB para divertirme. Era muy competitivo y empecé a correr de muy joven. Con 12 años ya corría carreras por encima de mi edad. Hice carretera hasta 2013, cuando decidí que quería intentarlo en serio en bicicleta de montaña. Vine a Europa y participé en carreras, y di con un gran equipo, Specialized, y me propuse lograr objetivos importantes. Imagino que lo llevaba en la sangre desde que empecé y es por mi padre.

Naciste en Nueva Zelanda, ¿consideras que es un hándicap para cuando os desplazáis a Europa a competir, que os cuesta más?

Sí, es difícil. Estar tan lejos de Europa supone una desventaja para poder rendir al máximo. La primera línea de la competición está en Europa. Sin embargo, en Nueva Zelanda creces con todo tipo de pistas y te sientes afortunado de disponer de esos caminos de montaña e instalaciones que tenemos. Es solamente la competición lo que nos cuesta mucho desarrollar al primer nivel. Pero en Nueva Zelanda se vive en un ambiente relajado, y eso influye en nuestra personalidad cuando venimos a Europa. Me gusta pensar que cuando corro lo hago de forma relajada y que me divierte. Y eso es algo que consigues viniendo de un lugar que es muy distinto de Europa, donde todo es muy serio desde muy joven. Algunos te comparan con Jaroslav Kulhavy. Los dos somos grandes y tenemos cualidades similares. Somos corredores potentes que preferimos el llano y las pistas duras.

¿Te planteas volver a la carretera?

Estoy disfrutando mucho en mountain bike, me encanta y tengo grandes objetivos. Todavía tengo mucho por hacer. Tengo muchas ganas de lograr una actuación brillante en Tokio.

¿Qué recuerdas de tu estreno en Europa?

Fue en 2012, en el Mundial de Leogang y Saalfelden, en Austria. Acabé el 46, a más de 9 minutos de Anton Cooper. Me encantó. Fue una gran experiencia. Acabar el 46 del mundo era algo muy importante. No entiendo cómo pude volver al año siguiente y hacer una temporada tan buena. Fue una sorpresa. En esa primera carrera surgió algo especial para mí.

¿Existen muchas diferencias entre el ciclismo de Europa y el de Nueva Zelanda?

Tenemos diferentes ideas. En Nueva Zelanda todo se centra en divertirse y disfrutarlo. En Europa, también, pero nosotros no tenemos el gran número de carreras desde temprana edad que hay en Europa; cuando alcanzamos la edad de competir, estamos más frescos.

¿Lo más importante en la vida a tus 22 años?

Ahora mi vida gira en torno a la bicicleta y en lo que puedo hacer para mejorar mi rendimiento, pero me gusta pasar tiempo con mis amigos. Somos normales fuera de la bici. Nos lo pasamos bien fuera del deporte. Ir a la playa, salir con amigos, tomar un café… Es importante tener una vida al margen de la bicicleta.

No te aburre la carretera, ¿verdad?

No, me fascina. Me lo paso bien viéndolo. Las carreras pueden durar cuatro o cinco horas, pero todo se decide en los últimos segundos. Me dan ganas de volver a competir.

¿Lo que más te gusta del mountain bike?

Lo reñido que está. Hay muchos corredores que van muy bien. Me encanta la competición, la preparación, ir más allá de tus límites.

Tanto que viajas, ¿qué no falta en tu maleta?

La bicicleta, siempre viaja conmigo. Mis zapatillas. Son solo dos o tres cosas, pero siempre están ahí. Por supuesto, siempre viajo con mi portátil, mi teléfono y cosas que me ayuden a estar entretenido cuando no estoy con la bicicleta. No soy un gran lector, pero siempre está bien ver series.

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