Niños y mayores se sorprenden con los componentes de cada bicicleta, mientras Matt Hunter hace girar una rueda en las manos de un chico y éste juega con la fuerza centrífuga con una sonrisa en la cara.
Afganistan

Después de 11 días, la rutina de montar en bici, vadear ríos, comer y dormir se ha convertido en nuestra vida. La higiene es inexistente, con los ríos demasiado fríos para nada más que lavarse la cara. Y a pesar de los retos diarios en forma de pasos montañosos y terreno técnico, la vida se ha vuelto sencilla.

Mientras empujo mi bicicleta a través de otro collado montañoso, con piedras tan grandes que no permiten pedalear, me recuerdo a mí mismo esta idea. La frustración de no poder montar la bici es algo a lo que me he acostumbrado. En unos días estaré embarcando en un avión rumbo a los lujos de Europa. Mentiría si dijera que no anhelo con ganas una buena cama o el abrir un grifo y disponer de agua potable al momento. Pero al mismo tiempo soy consciente de que nunca voy a repetir lo que estoy haciendo en este momento, y nunca volverá a vivir las mismas experiencias otra vez. Así que sonrío, regocijándome en la amalgama de sensaciones que me inundan en ese momento.

Es lo más duro que he hecho en mi vida, pero me encanta.

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