La experiencia de volar por senderos técnicos entre un manto verde de plantas de té, en aldeas con infinidad de matices y cultura colonial, es indescriptible. India es misticismo, cultura, naturaleza y también mountain bike.

Texto y fotos: Dan Milner – Traducción Nurul Ahme

Con cada bache que toma nuestro jeep, mi hombro se golpea contra la dura carrocería del coche. Me apoyo fuerte sobre el asiento, pero poco me ayuda para salvarme del golpe. Voy a salir bastante magullado de esta experiencia, tanto o más como si hubiese estado en un concierto punk. Nueve personas y seis bicicletas transitamos por el llamado hoyo de Mosh en un jeep Mahindra de seis plazas; nuestro objetivo: pedalear por una montaña llamada Meesapulimala, el segundo pico más alto de la India, al sur del Himalaya.

A velocidad de Jeep
El ritmo de nuestro jeep no es mucho más rápido que pedalear en bicicleta. Ascendimos a una altitud de 1.200 metros con unas vistas impresionantes de la cumbre. Poca gente tiene mountain bike aquí, no te encuentras a nadie pedaleando. Descender esta montaña de 2.640 m de altura culmina con toda una semana de travesía en bici que nos ha llevado a través de las montañas escarpadas del sur del estado indio de Kerala. En mitad del bosque, nuestro vehículo se detiene para descargar las bicicletas y a sus ocupantes. Comienza en ese momento nuestro periplo en bici. Cargamos con nuestras mochilas y comenzamos a transitar lentamente hacia la última subida, de unos 300 m, que nos llevará a la cima Meesapulimala.

La fauna de la zona
En algún lugar por el que estamos pedaleando, escondido en el denso bosque del Parque Nacional de Eravikulum, se esconde el tigre de Bengala. Pero también hay bisontes, elefantes, osos perezosos, leopardos, lobos, cobras y una larga lista de fauna impresionante. Intento no pensar mucho en los animales que nos rodean y centrarme en seguir mi subida con mi bicicleta hasta los últimos metros de la cumbre. Mientras sigo pensando y sin darme cuenta, me he distraído con el paisaje de estas montañas. De repente, reparo en que estoy al borde de un acantilado escarpado, rodeado de niebla y con una caída de centenares de metros hacia abajo. Un aviso que me hace recuperar de nuevo la máxima concentración en lo que estoy haciendo.

India, ese país paradisíaco
Hacer mountain bike en la India no es fácil, pero compensa. Las subidas son duras y las bajadas no son senderos fáciles, limpios y cuidados. Pedalear en este clima cálido y húmedo de marzo tampoco ayuda. El caos del tráfico de la India con una bicicleta de montaña es toda una aventura. Mike Mclean me está enseñando lo mejor de los senderos y caminos de Kerala, y se unen a mí en esta aventura las bikers del Scott Contessa, Karen Eller y Ricky Westphal. Juntos y durante una semana transitaremos a través de los bosques sombríos y recorreremos vastas plantaciones de té. El té fue plantado por los británicos aquí en 1875 para sustituir al mercado del café, en claro declive en aquella época. Los arbustos verde esmeralda cubren las laderas empinadas que nos rodean. Son el reflejo del desarrollo económico de la zona y, al mismo tiempo, enmarcan el entorno de nuestra aventura. Los recogedores de té, que llevan una pesada cesta a cuestas, levantan la mirada de su trabajo mientras discurrimos por la ladera. Nuestro manillar se sumerge en ramas rígidas mientras los neumáticos Schwalbe pasan rápidamente sobre las rocas. En pocos kilómetros volvemos a pasar por otro dominio colonial británico: una casa de huéspedes donde en la puerta se lee un rótulo que dice “Cocina casera” y un cementerio que data de 1869. Es fascinante viajar al pasado en este entorno.

El departamento de Stag brook
Cuando entramos en el departamento de Stag brook, nos encontramos los bloques de la torre del centro de la ciudad, Merseyside. Nuestra ruta fue rápida y sudorosa, por la humedad de la zona. Hacemos subidas cortas y bajadas por senderos ondulados, hasta que Mike se detiene en la primera tienda de té después de solo una hora de pedaleo. Las tiendas de té despiertan un gran interés en mi compañero Mike. De hecho, las puede olfatear a una milla de distancia. Nos detenemos en ellas como momento de descanso, para refrescarnos y aprender un poco la cultura autóctona. Observamos con interés un pan plano de Kerala, cómo lo golpean en la cocina para darles forma antes de ser servido. A media mañana nos detuvimos en una segunda tienda de té y a la hora del almuerzo nos detendremos de nuevo para comer dosas de panqueque y samosas picantes, todo regado con más té. Después de vivir en India durante 15 años, Mike habla hindi, aunque con un acento de Manchester. Al igual que los lugareños, él evita cubiertos apara comer. “Cualquiera que pueda comer un huevo frito con sus manos desnudas es un héroe para mí”, se ríe, limpiando la yema del huevo con una parotta y empujándola en la boca con los dedos.

El primer viaje de Mike a la India fue en bicicleta a Kerala. En su viaje por el Himalaya y el glaciar Pindari hace cinco años, Kerala todavía tiene un lugar en su corazón. Ha acumulado un amplio conocimiento sobre los senderos y rutas en bici en Kerala, una red de singletracks naturales que conoce como si fueran el patio de su casa. Este conocimiento del terreno resulta impagable cuando las nubes de tormenta aparecen durante el día y debemos acortar la ruta. Aunque la lluvia en marzo, mes en el que realizamos nuestro viaje, no es habitual, nos cae un chaparrón repentino, parecido a un monzón. Truenos retumbantes y gotas de lluvia nos envían otra vez a una tienda de té para esperar que la tormenta pase. “Mis pies se han vuelto blancos”, dice Karen mientras nos sentamos a desayunar. Las lluvias regulares de la tarde han mantenido nuestras zapatillas de bici mojadas durante tres días y nuestros pies están ahora blancos y arrugados.

La humedad nos atrapa
Nuestro lujoso alojamiento en una cabaña nos permite secar la ropa, pero los zapatos, en cambio, se resisten a perder la humedad en su interior. Las lluvias de la tarde llenaron los caminos de barro, pero también ayudaron a despejar el aire y bajar la humedad. A 10 grados al norte del ecuador, incluso la lluvia es cálida “como las plantas de té”. Pedaleamos unos 30 km en bucles ondulados a través de exuberantes plantaciones de cardamomo y entre árboles enredados con vides de pimienta. No nos dábamos cuenta, pero cada salida suponía unos 700 m de ascensión. Las cervezas que tomábamos tras la ruta estaban en el balcón, era curioso ver cómo estaban vigiladas por un grupo de monos. Qué bien nos sentaban después de pedalear.

Fusión de culturas
Kerala, el estado en el que nos encontramos, es una mezcla de creencias hindúes, cristianas y musulmanas. Jugó un papel importante en el comercio de especias, lo que trajo comerciantes árabes que se establecieron aquí hace muchos años. Resulta llamativo ver las tiendas de especias en la vibrante calle principal de Kumily, que comparten espacio con agencias que venden tours de vida silvestre en el cercano Parque Nacional Periyar. Es la única ciudad en nuestro viaje en la que vemos otros turistas occidentales. En el transcurso de siete días recorremos 185 kilómetros y descenderemos más de 7.000 metros. La media es buena, estadísticamente, teniendo en cuenta los viejos senderos coloniales por los que transitamos y que están llenos de sorpresas y desafíos técnicos. Con 3.000 m de ascensión acumulados en las piernas, en nuestro cuarto día no me quejaré por un par de tramos hechos en bus y acabar así la semana.

De nuevo el viejo Jeep
Un viaje en Jeep accidentado nos lleva a una altitud de 1.900 m. Es una nueva ruta llena de baches que nos acerca a otra tienda de té, donde nos preparamos para desayunar mientras miramos a través de un mar de nubes. Un nuevo transfer en 4×4 jeep por pista nos lleva también por un acueducto a través del cual se transporta el agua a las plantaciones de té. Llegamos a un sendero justo debajo de espectaculares picos en forma de cuerno. Los bosques húmedos ocultan muchas zonas técnicas resbaladizas para nuestras bicis. Me veo irremediablemente humillado por los coguías indios de Mike, Panda ja Danu y su hermano Deepak. Montan en bici hace unos seis años, pero se lanzan en cada zona con la energía de los niños sueltos en un castillo hinchable. Intento seguir su ritmo por los caminos y por unas zonas de hierba a la altura de la cintura, confiando en que se asusten al encontrar cualquier cobra en su camino. “Hay alrededor de 2.000 muertes por mordedura de serpientes al año en la India”, dice Mike cuando le pregunto sobre el riesgo de las mordeduras de serpientes locales. Pero me contesta que “la mayoría están en los campos de arroz. Y cada finca de té tiene un stock de antiveneno”.

Este tiene que guardarse refrigerado, pero hay muchos cortes de luz aquí, así que esto tampoco es una garantía total. Realmente la posibilidad de ser mordido por una cobra es bastante rara, como la de ver un tigre o ser perseguido por una ardilla gigante gris en los rastros de Kerala. Ahora, de pie en la cumbre de Meesapuilimala, miro abajo la alfombra de las plantaciones de té extendido como Astroturf, 2.000 metros por debajo de nosotros. El descenso que nos espera estará lleno de recompensas y sorpresas, como fue la semana de la aventura hasta llegar a este punto. Pero una cosa es cierta: en poco tiempo nos pararemos y nos beberemos una o dos tazas de té compradas por unas pocas rupias a un viejo llamado Sahajam en la tienda de té Sneha. Luego haremos una pausa para secar el sudor de nuestras cejas, reflexionar sobre el camino que acabamos de bajar y contar las magulladuras de este viaje singular por India. Pedalear por las montañas Ghat de Kerala es un indescriptible estímulo a nuestros sentidos, una forma física, mental y cultural muy gratificante para todos los que les apetezca descubrirlo.

En la web británica www.mountainbikekerala.com cuidan de la logística, de la comida y de los desplazamientos internos. El viajero solo necesita contratar por su cuenta el billete de avión para el aeropuerto de Kochi (también llamado Cochin). Una experiencia, en todo caso, irrepetible.

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