Pol Tarrés y Eloi Palau son especialistas en biketrial, disfrutando y haciendo disfrutar a la gente, viajando con sus mountain bikes.

Sus saltos y trucos hacen que sus fotos sean especiales, y más si el paisaje es de Marruecos. Así disfrutan y nos hacen disfrutar.

“Hace dos años fui a Marruecos por primera vez. Fui a participar a un raid solidario solo para estudiantes llamado Uniraid. Se trata de 9 días por el desierto de Marruecos con coches de más de 25 años, con solo 2 ruedas motrices y menos de 1.300 c.c. Además, cada equipo tiene que llevar un mínimo de 60 kg de material solidario para ir repartiendo durante las rutas a los poblados más necesitados. Durante esta impresionante aventura conocí un país que me sorprendió no solo por sus contrastes y sus paisajes, también por la gente, y me prometí a mí mismo que volvería, pero con la bici. Una vez finalizada la temporada 2018 de trial, en noviembre, pudimos organizar todo el viaje con Eloi Palau y los dos cámaras, Rai y Guille. Planeamos la logística de la ruta con Rai, que ha estado más de once veces en Marruecos los últimos cinco años cubriendo eventos de todo tipo. Escogimos las localizaciones que queríamos ver y tres meses más tarde ya estábamos en Marruecos”. – Pol Tarrés

Así empezaron

La aventura empezó en la provincia de Guelmim, en el sur del país. Pol y Eloi hicieron una pequeña ruta que finalizaba en la playa de Legzira, donde se encontrarían con Rai y Guille.

La playa es famosa por sus arcos, formados por la erosión del agua del mar durante miles de años, aunque a día de hoy solo queda en pie uno; el sitio sigue siendo impresionante.

El día siguiente, y antes de subir hacia la cueva Akhiam, pararon en una pequeña ciudad comercial bereber, Tafraoute. La cuidad se encuentra en el valle de los Ameln, donde hay una zona impresionante de piedras en la que Pol y Eloi podrían pasárselo como niños con sus habilidades sobre la bicicleta gracias al trial.

Además, en 1985, el artista belga Jean Verame, realizó una obra de arte de grandes dimensiones pintando de azul y rosa varios bloques de piedras. Cuando llegaron allí vieron que muchas de las piedras estaban pintadas con grafitis y estaban llenos de turistas franceses, por lo que buscaron un sitio que fuera más natural y alejado. Encontraron esta maravilla de lugar que ni uno de ellos se pensaba que podría encontrar en Marruecos.

De camino a la cueva de Akhiam, en la zona del Alto Atlas, pararon en un pequeño pueblo. Allí, Pol y Eloi jugaron un poco al fútbol con los niños, luego sacaron las bicis y cuando hicieron algunos trucos, los niños quedaron asombrados de lo que los dos riders podían hacer con las bicis.

Durmieron en un hostal de Agoudal y a la mañana siguiente Pol y Eloi hicieron una ruta de unos 20 km y quedaron con los cámaras en la cueva de Akhiam. Aunque no entraron en la cueva, ya que el propietario del hostal les dijo que no era muy seguro, pudieron jugar un poco con el paisaje casi lunar y la forma del terreno.

La siguiente parada eran las khettaras y la cárcel portuguesa de Erfoud, que tanto Pol como Rai habían visto en el recorrido de Uniraid. Las khettaras son un sistema muy antiguo de captación de agua. En la superficie hacen estas pequeñas montañas que parecen un campillo de un bikepark.

La cárcel portuguesa fue un lugar para almacenar agua de lluvia que construyeron los esclavos del África subsahariana a principios del siglo xix. Posteriormente vendían los esclavos a Portugal y de ahí viene el nombre. Hay un pequeño sendero que sube hasta la cima, donde hay unas vistas impresionantes que dejan a cualquiera boquiabierto.

Siguiendo el planing, se dirigieron a Merzouga, donde hicieron noche en un campamento en medio del desierto. La mañana siguiente tenían previsto probar las bicis por las dunas sin saber muy bien qué podrían hacer, ya que ni Pol ni Eloi habían estado en dunas con bicis antes.

Después de desayunar en un sitio privilegiado, en frente de las dunas del campamento, se dieron cuenta de que el coche perdía un poco de aceite por el palier de la rueda izquierda trasera. Tuvieron que volver a Erfoud a arreglarlo, porque si no, no podrían continuar los siguientes días. Al volver al campamento había empezado una tormenta de arena. Se encerraron en las haimas a jugar a cartas y contar historias con el personal del campamento y esperaron a que pasara.

Tormentas de arena

Duró todo el día y no pudieron salir. Al día siguiente todavía soplaba el viento, pero Pol dijo que había que probarlo, que no sabíamos cuándo tendríamos esta oportunidad otra vez.

Cogieron las bicis las cámaras y se dirigieron a las dunas. El viento era tan fuerte que la arena dolía cuando te tocaba las piernas, comenta Eloi. Al final decidieron dejarlo e ir tirando hacia Fez. Aunque ya habían alargado un poco el planing, no podían ajustar más si querían ver Fez y Chefchauen. Recogieron todo y pusieron dirección Fez.

Llegaron alrededor de las 3 de la noche después de casi 7 horas de coche. Pol y Eloi pudieron perderse por los callejones de la medina de Fez, aunque algunos apenas pasaban con el manillar. Allí visitaron la famosísima curtiduría Chouwara, donde Pol y Eloi regalaron a los trabajadores autóctonos un espectáculo sin precedentes por encima de las cubas donde se dejan las pieles en remojo varios días.

Después de pasear por la medina y comprar algo de fruta y queso cargaron las bicis en el coche y en algo más de 3 horas se plantaron en Chefchauen, la famosa y conocida Ciudad Azul de Marruecos, lo que sería la última localización del viaje.

En esa ciudad pudieron disfrutar de las encantadoras calles todas pintadas en azul y de las bajadas por las escaleras y ofrecer un gran show a los residentes y turistas de la ciudad, donde Rai y Guille pudieron hacer un poco de su magia y conseguir fotos como estas…

Pol y Eloi: “Al terminar esta aventura por Marruecos no podemos quedarnos con ningún aspecto negativo, desde la gente hasta los lugares que hemos conocido, pasando por la comida. Ha sido una experiencia increíble y ya estamos pensando en cuál puede ser el siguiente destino…”.

Texto: Pol Tarrés // Fotos: Rai Rosich y Guille Brunet

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