La Samarathon MTB Race es una prueba que lleva celebrándose desde hace cuatro años y que este año estrenaba formato, con nueva duración de cuatro días (prologo + tres etapas) y, especialmente, el nuevo status otorgado por la UCI, que iba a atraer buenos corredores y primeras figuras del mundo del maratón.

Para comenzar, en nuestro mismo autobús de transfer venían pros como Soren Nissen o la máquina Cory Wallace, el pequeño canadiense que se ha hecho valer en pruebas multi-stage y de 24 horas (campeón del mundo) y especialmente en su local BC Bike Race.

Con su inseparable Kona y su caja gigante de cereales Corn Flakes para ir haciendo un carbo-loading durante el transfer, nos dirigimos todo el grupo hacia el sur en busca del preciado terreno del desierto.

Otra filosofía

En cualquier otro país, hablar de “terreno del desierto” sería sinónimo de largas pistas y etapas eternas, pero en la Samarathon tienen otra filosofía, e intentan evitar (en lo posible) las aburridas pistas de gravel y buscar siempre los máximos senderos y singletracks que ofrece la zona.

Además, el terreno montañoso plagado de cañones hace que el paisaje sea cambiante y para nada monótono, lo que le quita la dificultad psicológica de luchar contra esa típica línea lejana del horizonte.

Historia sagrada

Antes de desplazarnos al sur, un pequeño tour por la milenaria ciudad de Jerusalén de la mano de nuestra guía local, atravesando pequeños callejones, absorbiendo la (complicada) historia del lugar y respirando los milenios de historia que supuran sus características edificaciones de piedra blanca.

Antiguos mercados, mezcla de culturas, lo antiguo y lo más moderno de la mano en verdes colinas que se suceden una tras otra sepultando bajo sus suelos varias capas de historia y edificaciones de civilizaciones anteriores.

Directos al desierto

De las verdes colinas de Jerusalén y tras unas tres horas en el autobús, el cambio de paisaje es brutal. Estamos ahora en el árido desierto de Negev, antiguo enclave de la ruta de las especies y de civilizaciones como la de los nabateos.

Unos auténticos expertos en dominar (en lo posible) el desierto y su orografía, consiguiendo agua de donde parece imposible y creando sistemas de irrigación que permitieron que la vida existiese en este clima tan duro.

Nuestra primera noche la íbamos a pasar en Elifaz, en el Desert Experience Holiday, antes de juntarnos con el resto de los participantes mañana en el Timna Park, un centro de camping-bungalows que se iba a convertir en nuestro campo base estos cuatro días.

Media briefing, una buena cena con marcado carácter oriental, bicis montadas y a descansar pronto para el prólogo en el siempre impresionante cráter de Mitspe Ramon, uno de los lugares más sobrecogedores de Israel.

Etapa 1 – Prólogo Kitura-Kitura (21 km)

La visión de los organizadores de la Samarathon es clara, y no se reduce a un simple concepto de retorno turístico, sino a la creación de una red de senderos y trail que sean gestionados y aprovechados por los habitantes de los kibutz y pueblos de la zona de Arava.

En estos centros, los riders han dedicado años en recuperar antiguos caminos de camello que son la base perfecta para un singletrack con mucho flow. Samarathon quiere crear con este evento un vínculo entre todos los kibutz del are en torno al mountain bike, en una zona donde las oportunidades de negocio son escasas y donde ganarse el pan cada día no es sencillo.

Para poder experimentar de primera mano la vida en un kibutz, visitamos el de Kitura, de donde iba a partir la primera etapa (prologo) de la Samarathon 2019.

Antes de la salida, un breve tour con el que pudimos ver de primera mano un concepto auténtico de aprovechamiento de los recursos, con una de las instalaciones de paneles solares más grandes del país, cofinanciada entre el kibutz y el Gobierno, y que en unos años ha recuperado la gran inversión necesaria y ha comenzado a dar sus frutos. Igualmente la recuperación de los escasos recursos de la zona (agua, plantas, etc.) es máxima. Si crees que en tu casa estás reciclando por separar papel y plástico, aquí juegan en otra liga…

Después del tour y un último café (instantáneo… en los kibutz no hay lujos como el café expreso) se comienza a dar la salida de la etapa prólogo de unos escasos 20 km en torno a las montañas circundantes del kibutz Kitura.

Después de un breve tramo de pista se comienza ya a cumplir la promesa de singletrack, con un inmaculado sendero que nos lleva a las faldas de los acantilados de Shayarot, bajo un cielo azul perfecto y una temperatura ideal, en torno a los 20 grados. Nada mal para estar en febrero…

Los corredores, todos por parejas, empiezan a saborear el concepto de la Samarathon: una mezcla de pista y sendero, pero siempre intentando maximizar este último en la medida de lo posible según cada zona.

Después de una hora para los mas rápidos y dos para los de detrás, la prólogo acaba de nuevo en Kitura con sobredosis de singletrack y una cerveza artesana IPA hecha en el mismo kibutz esperándote (e incluida en el precio de la inscripción).

Porque otra cosa que caracteriza la Samarathon es que el precio de la inscripción incluye la mayoría de lo necesario (carrera, comida, cerveza al llegar, alojamiento, etc.) y no hay que andar añadiendo opcionales después, que al final es lo que encarece este tipo de carreras de muchos días en el extranjero.

Siguiendo la estela de la BCBR, las tardes son relajadas en la Samarathon, en este caso, en el camping (de lujo) de Timna Park, un parque natural nacional donde se encuentran algunas joyas arqueológicas que tendremos la oportunidad de saborear mañana…

Etapa 2 – Kibutz Kitura A Neot Samadar (76 km)

Nimi Cohen, director de la carrera, nos cuenta que la primera idea embrionaria de la Samarathon comenzó a enraizarse en su cabeza a consecuencia de una Cape Epic de hace muchos años, donde, como rider técnico, sufrió mucho en las pistas tipo gravel y los 30 km/h de media que caracterizan la carrera sudafricana.

El segundo punto de inflexión para Nimi fue su asistencia a la BC Bike Race, que coincidió casualmente con la nuestra de Solo Bici en 2014 (ver Solo Bici numero 276).

Allí, el terreno es todo lo contrario de la Cape Epic. La BCBR se caracteriza por sus mas de 85% de senderos en el recorrido, sus tramos técnicos y el ambiente relajado de la carrera y de las tardes posteriores. Mientras en la Cape Epic todo el mundo está obsesionado por engullir batidos de recuperación y poner las piernas en alto y en hielo, la gente en la BCBR está hablando relajadamente en las hamacas en torno a un fuego, con una cerveza en la mano… distintas filosofías.

La primera etapa supone un pequeño transfer a la salida desde Timna Park hasta el kibutz de KItura, de donde se sale neutralizado durante unos kilómetros.

Nuevamente vemos inspiración en la BCBR, donde también son frecuentes los transfers en bus, tanto a la salida como en la llegada. ¿La razón? No es ahorrar dinero en alojamiento ni ninguna otra idea retorcida, sino simplemente maximizar el volumen de singletrack y minimizar lo que aquí llaman Garbage Miles (kilómetros basura, aquellas pistas necesarias para enlazar los tramos buenos).

No sé cómo se debe decir en Hebreo, pero lo de esta mañana, en castellano de toda la vida, se llama la primera en la frente… Después de unos kilómetros llanos llegamos a la subida de la muerte, pendiente de 15%, longitud indeterminada pero interminable y tracción nula. Hasta los líderes acaban caminando… las vistas, increíbles, eso sí.

Para compensar, justo después de llegar a la cima comienza un singletrack increíble, casi de PlayStation, inmaculado, tan perfecto que, a pesar de ser en suave subida, se disfruta como si fuera una bajada. Perfecta tracción, terreno duro pero con agarre y curvas ligeramente peraltadas a mano para no perder flow. Sonrisas en las caras. Los tramos de singletrack prometidos, tanto naturales como los creados por los riders de los kibutz, se siguen sucediendo, alternados con tramos de pista de gravel necesarios para enlazarlos y otros tipos de terreno menos apetecible, como alguna pista de gasoducto (arriba 20%, abajo 20%) o los clásicos wadis del desierto, torrentes secos por donde discurre la escasa lluvia del desierto y que se convierten en trampas de arena suelta o piedras (fesh fesh) que ralentizan tu ritmo en un santiamén.

De repente, un tramo de dunas con arena suelta se convierte en pista de atracciones, con bicis caídas cada pocos metros y algún que otro valiente que consigue salir airoso de la zona. Por suerte, son dunas anecdóticas, y en breve volvemos a pisar sendero.

Tampoco nos engañemos, la Samarathon no es una carrera de 85% singletrack como la BCBR, así que de vez en cuando toca rodar por gravel o pistas abiertas, como en el final de la etapa, que desciende por una pista abierta, casi suicida, de 25% en bajada, con piedras del tamaño de mi cabeza y poco agarre.

Con cuidado llegamos al final en Neot Samadar, donde nos espera abundante comida y un autobús de vuelta a Timna Park, no sin antes descansar tranquilamente bajo un campo de palmeras de dátiles, parte de la economía de la zona.

Etapa 3 – Neo Semadar A Kibutz Kitura (86,5 km)

Hoy de nuevo la salida de la etapa es desde Neot Samadar, con 86 km y 1.150 m por delante, después de un temprano desayuno a las 5.00 a.m.

Las buenas noticias son que se trata de 1.150 de desnivel positivo, pero 1.360 de desnivel negativo, de bajada, vamos. Nos gusta.

Igual que ayer, la Israel Cycling Academy y Oakley organizaban en la etapa de hoy un KOM/QOM en una de las subidas del día, para que los más quemados de Strava pudieran despacharse a gusto, y de paso llevarse algunos regalos.

Hoy, después de unos kilómetros de calentamiento con falso llano (de subida suave, vamos…), comenzaba el KOM, que en esta ocasión comprendía una subida, más una bajada intercalada y una última subida, o sea que un poco atípico, pero mas divertido y equilibrado.

Tras el sofocón, bajada endemoniada llena de switchbacks y poco margen para el error en dirección a Timna Park, siempre con una tendencia bajadora que hace muy agradable el progreso. La promesa de singletrack sigue vigente, parece mentira que, cubriendo tanto territorio, puedan existir tantos senderos creados y pensados para el mountain bike en medio de la nada.

En breve el terreno se empieza a encañonar (creo que me acabo de inventar esta palabra pero es muy adecuada), dejando atrás los espacios abiertos y progresivamente adentrándonos en terrenos de paredes graníticas y acantilados sin fondo.

En este punto ya no hay sendero, y rodamos por pistas de gravel, pero el alucinante paisaje hace que no suponga ningún problema. Las paradas para fotos son obligatorias, y el silencio en los barrancos, engalanados con acacias que crecen en su base nutriéndose de la escasa agua de las riadas, y algún que otro pájaro, al que damos un buen susto al pasar, rematan la experiencia.

Momentos mágicos que no caben en la cámara de fotos. No todo va a ser perfecto y el último tramo después del cañón discurre por el wadi (río seco), lo que supone avance lento en una combinación de piedra suelta y arena compactada a tramos alternos. La rueda se hunde más de lo recomendado a estas alturas de la etapa y, a pesar de ser pocos kilómetros, se hace largo. Por suerte, en breve divisamos Timna Park a lo lejos y, antes de darnos cuenta, la organización nos pone en la mano una cerveza fresquita…

Etapa 4 – Timna Park Sinletrack Festival (52 km)

Esperad un momento que lo repito otra vez: SINGLETRACK FESTIVAL. Si los días anteriores habíamos ido probando los senderos de la zona, combinados con pistas de enlace, el último día nos deparaba un festín de singletrack en Timna Park, y de hecho íbamos a ser los primeros en estrenar una nueva sección de la red recién creada.

Aquí en Timna Park, el Ministerio de Turismo ha colaborado con los builders locales para crear de la nada una red de senderos hechos a pico y pala y cargando en la espalda todo lo necesario para llevarlos a la práctica. Al ser Timna Park un parque nacional, hay muchas restricciones de movilidad para preservar su carácter natural, así que su creación ha sido aún más complicada.

Hemos oído historias del equipo de Yaron y Joni cargando losas a la espalda para poder crear algunos de los peraltes de la zona, o arena o barro extra para shapear determinadas zonas.

La etapa de hoy consistía en un loop en forma de 8 por el parque, con 52 km y 850 m de desnivel, pero discurriendo casi en su totalidad por sendero. Sí que es cierto que los organizadores, con mucho acierto, diseñaron un primer loop por pista mas rápida y abierta, para que el grupo de la carrera se estirara un poco y no hubiera atascos en los estrechos caminos que vendrían después.

 

Adelantar en estas zonas se hacía difícil, ya que los caminos diseñados están muy limitados por la regulación del parque; su anchura es para una bici y se delimita para que no se creen otros pasos, lo que preserva el terreno, pero dificulta el poder adelantar en una carrera de estas características. Además de los participantes de la Samarathon en su versión de cuatro días, ayer se nos unieron los de la Mini-Samarathon, que realizan solo los dos últimos días de carrera (versión fin de semana para gente con poco tiempo), y también la gente que había venido solo a montar el último día y probar la nueva red de senderos.

e todas formas, rodando una vez, el grupo ya se había estirado, las distancias y los grupos se hacían manejables, y el terreno se abría ocasionalmente pare permitir algunos adelantamientos cuando el grupo se compactaba demasiado para volver a poner a cada uno en su sitio. Y no solo el disfrute de los nuevos singletracks fue increíble, sino que el paisaje que los rodeaba era mágico.

Si al principio rodamos por la base de los pilares de Salomon (que también fueron portada de Solo Bici en el número 273) y después pasamos por Spiral Hill, no esperábamos un cambio de paisaje tan drástico una vez alcanzamos la base de los acantilados.

Allí, el sendero serpenteaba con la inclinación perfecta entre formaciones rocosas sacadas de una película de ciencia ficción, paredes gigantescas y un juego de colores ocre, blancos y rojos en la roca de la base, a la que los locales llaman Little Moab, debido a la similitud de tacto con la roca existente en el famoso spot de Utah, en EE.UU.

A pesar de ser roca desnuda en muchas zonas, tiene un agarre perfecto para ruedas de bici, un tacto de lija que maximiza el grip e inspira mucha confianza. Después de varias horas de sonrisas, gritos de sorpresa y algún que otro “yuhuu”, regresamos al campo base de Timna, extasiados ante semejante homenaje.

Hacía tiempo que no disfrutábamos tanto y, aunque Nimi ya nos avisó de que íbamos a alucinar con la ruta del último día, no esperábamos semejante cantidad y calidad concentrada en un espacio tan pequeño.

Está claro que todos los grupos involucrados en la promoción del mountain bike en Israel están haciendo un trabajo gigantesco, que hemos podido notar desde nuestra última visita, donde ya disfrutamos como enanos, pero es que esta vez se han superado.

Y nos aseguran que en unos tres años está previsto que la red de singletracks en la zona sea tal que la Samarathon se pueda celebrar de forma que todas sus etapas tengan tanto porcentaje de sendero como la etapa 4 de esta 2019, así que sepáis que ya ¡hemos marcado 2021 en nuestro calendario para volver a disfrutar de otro homenaje! ¿Alguien se apunta?

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