Para comprender mejor el fenómeno de la deshidratación lo mejor es saber que poseemos diversos mecanismos para eliminar calor del interior de nuestro cuerpo. Esta circunstancia se debe a que los seres humanos necesitamos mantener una temperatura corporal constante, alrededor de unos 37°C, para que todos nuestros procesos fisiológicos se produzcan con normalidad.

El ejercicio físico, la práctica de la bicicleta de montaña, por tanto, es una actividad que tiende a incrementar la temperatura corporal, y con ello también a que se activen todos esos mecanismos de pérdida de calor para neutralizar el aumento de temperatura provocada por el ejercicio.

Entre esos mecanismos se encuentra la producción de sudor, que consiste, explicada de manera muy básica, en expulsar agua del interior del cuerpo para que éste se enfríe. Esta producción de sudor ocasiona que en el interior de nuestro organismo disminuya la cantidad de agua circulante, que a la postre es fundamental para el buen funcionamiento de nuestros órganos y de miles de procesos bioquímicos. Es imprescindible, por lo tanto, ir reponiendo la cantidad de agua o líquido que vamos perdiendo a través del sudor mientras montamos en bicicleta, y aquí es donde entra en juego la hidratación.

En bici de montaña, además del bidón, la mochila de hidratación es la mejor manera de asegurarte una hidratación constante

La necesidad de beber
La teoría nos dice que deberíamos reponer la misma cantidad de líquido que perdemos a través del sudor para evitar así cualquier riesgo de deshidratación, por escaso que sea. Sin embargo, la práctica nos dice que en muchas ocasiones esto es complicado, especialmente en situaciones de esfuerzo muy intenso y/o clima muy caluroso, donde el ritmo de sudoración es muy alto y las pérdidas de fluido corporal enormes.

En situación de esfuerzo resulta complicado beber grandes cantidades de líquido, con lo que a veces es inevitable asumir ciertos niveles de deshidratación. En todo caso, deberíamos llevar a cabo pautas de comportamiento que reduzcan al máximo la deshidratación y los efectos negativos que ésta comporta, en un primer momento, sobre nuestra capacidad de rendimiento, y, sin duda, en segundo lugar, por los riesgos que supone para la salud.

La importancia de las pautas
La sed es un mecanismo que nos alerta de la necesidad de hidratarnos, pero cuando tenemos sed ya estamos parcialmente deshidratados. Por eso, lo más adecuado es beber regularmente, aunque no tengamos sed, y prevenir así la deshidratación. Convertir el acto de beber en una rutina programada es la mejor manera de conseguirlo; márcate laps o programa alarmas en tu ciclocomputador para hacerlo con más exactitud.

4 consejos… Cuándo y cómo tienes que beber

¿Qué papel juega el sudor?
A través del sudor nuestro cuerpo libera calor, pero también pierde líquidos y sustancias como sales minerales, fundamentales en nuestro rendimiento. En concreto, el 99 % del sudor es agua, el 0,60 % son sales minerales y el 0,40 % otras sustancias orgánicas, tales como urea, creatinina o ácido úrico.

Se ha comprobado, además, que ante ejercicio intenso y ambiente caluroso pueden perderse hasta 2 litros de líquido por hora, unas cantidades que deben tratarse de reponer en la medida de lo posible a través de la hidratación, ya que de lo contrario incluso podemos poner en riesgo nuestra salud, eso sin contar la disminución del rendimiento físico que conlleva.

 

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