Todos necesitamos a alguien que nos defienda y los que rodamos por el monte tenemos la suerte de contar con el apoyo de IMBA, el representante de los intereses para los ciclistas de montaña en España.

IMBA España nació con el mismo espíritu que lo hizo en California en 1988, a raíz de la preocupación que generó la amenaza de cierre de caminos en la sierra de Guadarrama, una lucha que se mantiene hoy.

Estas inquietudes se despertaron en 2003, hasta que en 2005 “nos dimos cuenta de que lo mejor era estar bajo el paraguas de IMBA USA, pues era mucho más conocida. Al principio fueron reticentes, ya tenían IMBA Canadá e Inglaterra, pero el primer año tuvimos tantos socios como todos los que había tenido IMBA Canadá en su historia”, recuerda Víctor Tarodo, presidente de la entidad y uno de los tres fundadores, junto con Julio Vicioso y Fernando Boada.

El movimiento en España fue en cierta forma el impulsor de IMBA Europa. En la actualidad, IMBA está en unos 20 países, con unos 11.000 socios en España. Víctor era abogado, pero IMBA le daba tanto trabajo que decidió dejar su profesión –podía permitírselo– y centrarse en defender nuestros intereses: los tuyos, los míos, los de todos.

Me divierte más ser presidente de IMBA que abogado, que estás todo el día tratando con lo peor de la sociedad”. No le encanta ser la cabeza visible de la asociación, pero sí su cometido. “Me gusta conocer sitios apasionantes y la satisfacción de llevar una asociación sin ánimo de lucro que trabaja para los demás”.

Lamenta que su trabajo se cocine a fuego lento: “En España los frutos de nuestro trabajo tardan en verse. Tenemos un problema con algunos conservacionistas, que son muy talibanes. Piensan que el paso de una bici destroza un sendero. La gente considera que el ciclismo es muy agresivo con la naturaleza y nosotros somos los primeros que no queremos ver el monte destrozado”.

Víctor, como el resto de los trabajadores de IMBA, no tienen sueldo –”aquí nadie cobra nada”– y se deja la saliva para demostrar que “el MTB genera un turismo que enriquece al territorio y mejores condiciones de vida. Para ciertos pueblos es una inyección de dinero bestial”, concluye.

Y es tan singular, tan romántica esta asociación, que cuando preguntas qué hay que hacer para ser parte de IMBA –más allá de pagar los 25 euros anuales–, te responden con la misma frase que pronunció John F.Jennedy en su discurso de investidura el 20 de enero de 1961: “No te preguntes lo que IMBA puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por IMBA”.

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