Hay personajes de nuestro deporte que, más allá de un triunfo de renombre, un segundo o un tercer puesto, son recordados por una instantánea, un estilo.

Y cuando rememoramos los inicios del MTB, nos viene a la retina una instantánea: un mono rojo, rueda lenticular y una técnica exquisita. Nos referimos a uno de los pioneros del MTB, hablamos de José Comesaña.

El biker gallego, nacido un 29 de abril de 1970, contemporáneo de grandes nombres también pioneros de nuestro deporte, como los hermanos Misser, Óscar Saiz o muchos otros que nos hicieron soñar en ruedas de taco y polvo.

Como tantos corredores, durante su infancia, practicó trialsín, una excelente base sobre la que fundamentar su talentosa técnica.

Pero no fue hasta 1988 cuando se compró su primera MTB, una Kuhawara Buttle sobre la que hizo sus primeros pinitos enrolado en el equipo Insane Sports.

Eran otras épocas del MTB, todavía no existían ni los pedales SPD de Shimano, la mayoría de las bicis no tenían amortiguación, se funcionaba con calapiés y los frenos no ofrecían grandes garantías, pero, joder, (disculpad por el taco), cómo molaban.

Empezó con buen pie a competir; ya desde sus primeras carreras lograba alzarse con la victoria en XC o en DH y destacaba entre nombres como Juanma Montero, otro de los mitos del MTB nacional de aquel entonces.

En esa época eran los pioneros. Para que os hagáis una idea, el deporte empezaba. No existían las revistas en España y él, junto con su primo, se desplazaban a Portugal, a apenas 30 km de su casa, para hacerse con los primeros ejemplares de MTB Action, la revista americana para ponerse el día y soñar despiertos en competir con personajes de la talla de John Tomac o Ned Overend.

En el año 1993, en pleno Boom del MTB (y la aparición de las primeras revistas) de la mano de su distribuidor y patrocinador de aquel entonces, Otero, pilotaba una Specialized FSR.

El primer modelo de la casa americana de XC de doble amortiguación. Sin duda, una de las bicis más históricas objeto de rojas fantasías de los bikers de la época. Aún hoy lo recordamos en redacción.

Imaginamos que, contagiado por la estética de uno de sus ídolos, John Tomac, José lució ese mono rojo junto a las ruedas lenticulares y dejó para nuestra humilde historia una instantánea imborrable que pretendemos que perdure gracias a artículos como este.

Sus principales logros se concentran en la primera parte de los noventa, al ser campeón de España de DH en 1992. En pruebas internacionales, en Copa de Mundo, estuvo entre cuatro y cinco veces entre los veinte primeros, de los que destaca el noveno puesto en Mont Sainte Anne en 1994, Canadá, un enclave de bellos recuerdos para nuestro MTB de la mano de Tomás Misser (al ganar por aquel entonces su segunda Copa del Mundo en 1996) o José Hermida (se proclamó campeón del mundo en 2010).

En 1993 logró alzarse con la victoria final en el Open de DH por delante de Óscar Saiz y lograr una meritoria duodécima posición en los Europeos de DH.

Además, José Comesaña ostenta el galardón simbólico de ser el primer ganador de la primera etapa de la primera prueba por etapas en España, la Transpain, en la que, haciendo gala de su polivalencia, talento y técnica, consiguió la etapa prólogo y se llevó así el primer maillot de líder de una prueba por etapas realizada en nuestro país.

Eran los inicios de la época dorada del MTB y Comesaña era un outsider. Un corredor viguense desconocido en sus inicios, que se ganó el respeto de sus coetáneos a base de esfuerzo, kilómetros, un estilo de conducción inconfundible y la capacidad de ganar tanto en pruebas de DH como de XC en los locos noventa, con instantáneas tan míticas como las que aquí os mostramos. De aquí nuestro reconocimiento y admiración.

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