Juan Pérez Díez podría estar jubilado, pero no, sin trabajar no sabría qué hacer. El trabajo ha sido su vida. Ahora, con 75 años, ha decidido seguir trabajando media jornada para la otra media descansar y disfrutar de la familia, y de su e-bike…

¿Cuál ha sido la relación con las bicis a lo largo de tu vida?

Pues ya desde pequeño. Mi padre me compró una bici cuando tenía 10 u 11 años y me gustaba mucho ir en bici. En aquella época, lógicamente, no había las bicis que hay ahora, pero siempre había sido algo que me gustaba. De adolescente íbamos a veranear a un pueblo cerca de Barcelona y allí hacíamos las típicas salidas de los chavales por la montaña en bici de paseo. Después ya de más mayor salía en bici de carretera con amigos, ya a nivel más serio, pero sin llegar a ser un apasionado como hay muchos ahora.

¿Y montaña?

Nunca había hecho antes de tener la e-bike. Siempre había querido probarlo porque todo lo que sea estar en contacto con la montaña me apasiona, pero la exigencia física del mountain bike con una bici convencional es muy alta y me pilló demasiado mayor.

Y llegaron las e-bikes…

Sí. Fue probar una y querer tenerla. Mi hijo tenía una y me dijo que la probase. Fue hacer 30 metros y caerme. Toqué el freno delantero y se bloqueo. Caí y me quedé ahí en el suelo un rato hasta que me vi bien. De hecho, me rompí los tendones del hombro. Lo supe días después, porque en aquel momento, me levanté y quise probarla. La probé y vi la luz. Era lo que había querido siempre. Poder ir en bici por la montaña a pesar de no tener la forma física que exige el mountain bike sin motor.

Ahora tienes una propia, ¿verdad?

Por supuesto. Estuve un año entero de recuperación después de aquella caída, con el hombro fastidiado. Cuando me dijeron que ya estaba bien, me compré una. Empecé poco a poco, y ahora ya pedaleo con total normalidad. Hago salidas de entre 25 y 35 kilómetros.

¿Qué te ha dado tu e-bike?

Felicidad plena. Nadie se puede imaginar lo feliz que me hace. Con 75 años, estoy disfrutando de la bici como nunca lo había hecho, como un niño. Es el resurgir deportivamente hablando.

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