A diferencia de la mayoría de los corredores, entrena y compite con la misma bici, y ésta duerme con él siempre en la habitación

Esta temporada, Julien Absalón ha empezado a defender los colores del team BMC tras seis años de hacer lo propio con los del Orbea. Pensamos que podíamos aprovechar este cambio para acercaros el lado más desconocido de Julien, sus secretos, manías y fobias. La cara oculta del mejor biker de todos los tiempos.

Hacía tiempo que quería escribir este artículo. Me apetecía escribir cositas que sé de Julien Absalon, que se pueden decir y que no pasa nada por decirlo; al contrario, pues pienso que a todo buen aficionado al MTB le tendría que gustar conocerlas. Para ello, pensé que lo mejor sería hablar con una persona que lo conoce bien, con la que ha compartido muchas horas en múltiples situaciones: Ixio Barandiarán, director del Orbea Racing Team.

Fue él quien contactó con Orbea

Un edificio se empieza a construir por los cimientos, así que, vamos a ello. Mucho se ha escrito respecto de quién contactó con quién. Nosotros podemos deciros que fue Absalon el que contactó a finales de 2006 con el team Orbea. En concreto, en el Roc d’Azur. Julien se acercó a la firma vasca para decirles que le gustaba el equipo porque parecía una familia e informarles de que estaba dispuesto a hablar. Y hablar, hablaron, y mucho; tanto, que acabó firmando primero por tres años y después renovó por otros tres.

El cuatro veces ganador de la Copa del Mundo encontró todas las facilidades posibles en el entorno del Orbea Team. Él comentó a Ixio los hábitos que tenía y no pidió nada que pudiera considerarse extravagante, raro o fuera de lugar. Así, a grandes rasgos, podemos decir que comentó que en las carreras le gustaba comer en el camión –lo que no era ningún problema en Orbea, al tener uno preparado con todas las comodidades posibles– y que a la hora de viajar por Europa prefería hacerlo en coche y no en avión. Él argumentaba esta decisión no por el miedo a volar, sino por el hecho de que al tener fijada la residencia entre Saint Anne y Fréjus (en Francia) le era más práctico desplazarse en coche.

Los que lo habéis seguido un poco o habéis ido hasta la carpa azul en alguna competición habréis visto que su mujer no se despega de él, que lo marca de cerca. Al principio, Julien ya lo manifestó a los técnicos de Orbea que podían contar con Emilie para lo que fuera, que ella siempre estaría dispuesta a ayudar en lo que hiciera falta, como así fue. Además de lucir siempre una agradable sonrisa, lo mismo se la podía ver poniendo la mesa que haciendo los bocadillos o preparando los platos.

Una bici para todo

La llegada de un corredor como Julien al Orbea Team, o a cualquier equipo, requiere un tiempo de adaptación. De adaptación mutua, de él al team y del team a él, y puede haber situaciones que al principio sorprendan. Una de las que más llamaron la atención fue que salía a entrenar y después competía con la misma bici, lo que no es nada habitual en el mundo de la alta competición, y que incluso llevaba el mismo material cuando se preparaba que cuando competía contra el crono. Normalmente se entrena con una y después se compite con otra, pero, como dice Ixio, “Julien no cambia de bici ni para dormir”. Es más, en un fin de semana de competición Julien no se desprende de su bici, hasta el extremo de que siempre duerme con ella. Desconfiado por naturaleza, o precavido, depende de cómo se mire, argumentaba siempre esta postura diciendo: “A mí nunca me la robarán”.

Ya el día de la carrera también le gusta ir a los circuitos, lo que muy pocos corredores hacen. Le gusta verlo porque siempre hay cosas que cambian, y lo hace muy temprano, cuatro o cinco horas antes de que empiece la carrera, y no le vale con que alguien de su equipo le diga por dónde tiene que ir, dónde tiene que poner la rueda. Cuando se le dice, siempre responde: “Ya lo voy a ver yo y después si pasa algo es mi culpa”. Esto no quiere decir que no se fíe de los demás, sino que prefiere verlo por sí mismo.

Le ha sorprendido el gran rendimiento que han demostrado estas últimas temporadas Nino Schurter y de Jaroslav Kulhavy

 

Pero claro, no se puede estar en todo, y de ahí que recurriera a la ayuda del equipo para que en más de una ocasión desde Orbea le grabaran a la hora de negociar los tramos más complicados. A él, y a sus rivales, pero sin llegar a ser un obsesivo del vídeo. En cambio, sí que necesita de un entorno en buena armonía, en el que se respire buen ambiente. El día de la carrera no sólo le gusta conocer cada metro del circuito como las baldosas de su casa, sino que también quiere saber cómo están todos los que forman parte de su equipo. Les pregunta cómo se encuentran, si han descansado –él suele dormir siempre bien, es de los que se acuestan temprano y se levantan a primera hora–. Es como una forma de decir: “Todos están bien, ahora soy yo el que tengo que responderles”.

El éxito no se logra de un día para otro, y Julien no se ha forjado su currículum de la noche a la mañana. Parte de su secreto reside en su carácter metódico. Es un corredor muy metódico en sus entrenamientos y en la forma de preparar las carreras, pero que tampoco se obsesiona con el trabajo, lo que le permite no entrenar el día que viaja, a diferencia de otros corredores. Y cuando hace falta cuenta con la ayuda de sus amigos. Así, cuando tiene que tomar parte en una carrera muy importante, una cita destacada, como un Mundial o unos Juegos Olímpicos, hace lo imposible con sus amigos para construir cerca de su casa un circuito lo más parecido posible al que después se encontrará, lo que posteriormente le facilita la adaptación y un mejor rendimiento.

Exigente y creador de tendencias

Además, sobresale por ser un corredor muy trabajador y por tener una capacidad increíble de memorizar los circuitos, y por no hacer ascos a las duras sesiones físicas. A Absalon le gusta castigarse físicamente. Le gusta trabajar en el gimnasio, y si tiene que pegarse una paliza, se la pega sin problemas.

A lo largo de las seis campañas que estuvo en Orbea, el doble campeón olímpico ha pedido diferentes mejoras en su bici, especialmente ante la llegada de las citas más importantes. No es un biker caprichoso, que pide cosas porque sí, pide cosas con sentido, que tienen su lógica y que pueden mejorar su rendimiento. Así, por ejemplo, de cara a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, donde se hizo con el oro, Julien pidió mejoras a diferentes marcas de las que lo equipan, no sólo a Orbea. También a Mavic, Sram o Hutchinson, y a la firma vasca le solicitó rebajar el peso de la bici, y se la aligeraron 100 gramos.

Es uno de los bikers que más sensibilidad tiene con la bici, y sabe tanto de mecánica como los propios mecánicos

Pero es que además es muy preciosista, entiende de bicis y sabe lo que monta, a diferencia de otros bikers que sólo saben pedalear. Él sabe como el que más, tiene feeling e incluso crea tendencias. Hoy en día ya es del todo habitual ver a diferentes bikers que utilizan un único plato, algo por lo que él ya apostó hace tres temporadas: “No necesito más, ya tengo suficiente desarrollo y me apaño perfectamente”. Además, tiene una sensibilidad especial con las horquillas. Hay muchos bikers que no saben distinguir el tipo de presión que llevan, pero él sí. “Le ponías la presión que él pedía, pero si creía que no estaba bien, te la verificaba, y él la modificaba en función del circuito”, recuerda Ixio, quien añade: “Es muy de principios y al mecánico se lo da todo hecho. Le dice cómo quiere la bici y no hay mucho para debatir, ya que él sabe tanto de mecánica como los propios mecánicos”.

No obstante, a pesar de las dotes de probador y desarrollador de producto de las que ha hecho gala a lo largo de su vida, sorprende que siga montando en 26” y renuncie de forma absoluta a las 29”. La verdad es que nunca lo tuvo claro, que en este sentido es bastante conservador y le gusta apostar por el caballo ganador. Se subió por primera vez a una 29” hace dos años, después de que en Orbea le dijeran si la quería probar. Es verdad que cuando hizo el test no tenía mucho dónde elegir, por ejemplo, no había cubiertas o ruedas, pero la toma de contacto no fue un flechazo. Argumentó que no lo tenía claro y que para adaptarse a las exigencias de una 29” necesitaba mucho más tiempo del que había tenido hasta la fecha.

Casero y poco dado a dejarse ver

Hay una cosa que sorprende especialmente, y es la relación diferente que siempre ha mantenido con la casa madre de Orbea y la que mantiene con los aficionados. Para éstos, y doy fe, nunca tiene un no. Es un corredor muy próximo, amable, y nunca se cansa de firmar autógrafos, pero, en cambio, en seis años se pueden contar con los dedos de una mano las veces que ha estado en la sede guipuzcoana de Orbea, en Mallabia. Siempre le costó desplazarse, ya que le suponía dos días de desplazamiento por carretera. Se cuenta que a Emilie tampoco le gustan demasiado estos viajes, que es muy hogareña y que no es muy amiga de estar mucho tiempo fuera de casa, algo que no gustó nunca en la firma vasca: “Esto es una cooperativa, y los socios que aportan dinero querían saber y ver a quién se lo daban”. Es más, como decíamos al principio, es muy accesible para los aficionados. Sabe que es un ídolo, que todos le conocen, y, ya sea para bien o para mal, siempre lleva un rotulador en el bolsillo.

Tiene mal perder y no acepta el paso del tiempo

A nadie le gusta perder y a nadie, a mí tampoco, le gusta hacerse mayor. Y a Julien Absalon tampoco. Tiene mal perder. Un ejemplo, el mano a mano que le ganó Nino Schurter en los últimos metros de la Copa del Mundo de Dalby Forest, Yorkshire, Inglaterra, y que posteriormente repetirían en más de una ocasión. El suizo le ganó la partida en los últimos compases, y pilló tal mosqueo, que no se detuvo a felicitar a Nino. Quiso quitarse del medio y tuvo que ser Ixio el que fuera a cogerle. “Le dije, ellos no te han hecho nada. Has perdido tú”. Luego, cuando entra en razón, y cuando se le pasa el calentón, ya reacciona y da marcha atrás, pero le cuesta aceptar las derrotas. Nunca se ha mirado el ombligo y, como es normal, a medida que iba avanzando su trayectoria deportiva los más jóvenes se le empezaban a subir a las barbas.

Varios ejemplos. Los Juegos de Londres fueron un gran fiasco, un triste adiós de Orbea en una prueba grande de verdad. Intentó buscarle toda clase de explicaciones al pinchazo que le hizo bajarse de la bici a las primeras de cambio: “Es un riesgo que corren todos los corredores. Me hubiera gustado saber cómo, dónde y por qué”. Unos meses atrás, en Val d’Isere, se pegó un trompazo de consideración. No estaba fino, se le veía descentrado, de ahí que se cayera.

Después vio hasta la saciedad el vídeo de la caída para ver dónde había cometido el fallo. El carácter se le ha endurecido, mejor dicho, avinagrado, en los dos últimos años, a raíz de perder prestaciones, de no ser ya el referente y ganar todo. No acepta el progreso de los jóvenes que vienen detrás. No acepta quedar detrás de nadie y sigue pensando que todavía tiene capacidad para estar arriba del todo. Dos de los corredores que más le han sorprendido en las últimas temporadas han sido Jaroslav Kulhay y Nino Schurter. Del checo le sorprendía la fuerza que tenía, y de Nino, que, en cierta forma, guarda muchas similitudes con Julien, cómo podía ir tan bien y lo duro que entrenaba; lo que no hizo sino animarle a seguir entrenando y exigiéndose.

Probablemente, jamás pierda este espíritu competitivo y le quede cuerda para rato, de ahí que haya fichado por el team BMC para las dos próximas temporadas. A sus 32 años, Julien se ve con fuerzas de seguir estando entre los mejores. En esta misma revista, meses atrás reconocía, entre otras cosas, que “después de cumplir los 30 la progresión deportiva no es la misma que cuando tienes 24”, y ante la pregunta de su posible retirada tras los Juegos de Londres, su respuesta fue: “El deporte y el mountain bike son mi vida. Me gusta el MTB y me gusta competir. Puede que siga uno, dos o tres años, depende de cómo vayan los resultados”. Por el momento, parece ser que vamos a disfrutar de él dos temporadas más, lo que sin duda es una gran noticia. Siempre podré decir a mis hijos que he visto correr al mejor biker de la historia, tal como indican sus números, manías al margen.

Y además….

  • No tiene manías con los hoteles, pero, como buen francés, es muy meticuloso con el pan de las comidas.
  • Come básicamente pasta y ensaladas, pero no controla de forma especial el peso. Así, mientras otros corredores sólo comen la pasta limpia, él le pone tomate y lo que haga falta.
  • Es el primero en llegar al circuito el día de la carrera y necesita que todo el equipo esté bien para él encontrarse bien también.
  • A diferencia de la mayoría de los corredores, entrena y compite con la misma bici, y la bici siempre duerme con él en la habitación.
  • Y también le gusta el día de la carrera ir a ver el circuito muy temprano, ya que siempre puede haber cambios de última hora. Tiene una capacidad superior para memorizar circuitos.
  • No es un corredor especialmente pesetero, hasta el extremo de que en varias ocasiones se le ha olvidado de cobrar el premio por ganar la carrera
  • No le puedes dejar ni las llaves del coche ni las de la habitación del hotel, ya que es muy despistado, y ha dado muestras de ello en varias ocasiones, algunas épicas.
  • En los instantes previos a la carrera, mientras el resto de sus compañeros apuran su puesta a punto en el rodillo, a él le gusta calentar en la calle, rodar.
  • Sabe que es un ídolo para muchos jóvenes y siempre lleva un rotulador en el bolsillo para firmar autógrafos, eso sí, todos los que haga falta, porque nunca tiene un no por respuesta.
  • Suele descansar bien. Es de las personas que se van a dormir temprano y se levantan a primera hora.
  • Siempre ha sido muy detallista con los integrantes del team Orbea. Les ha regalado desde productos y detalles de la zona donde vive hasta unas gafas a un mecánico o un reloj a otro en los Juegos Olímpicos de Pekín.
  • Hay tres cualidades que le gustaría destacar de él a Ixio Barandiarán, director del Orbea Racing Team: “Caballero, buena persona y amigo”
  • Emilie, con la que tiene un niño, Tom, es su novia de toda la vida. Está con él desde que tenía 14-15 años. No se separa de Julien y se implica al cien por cien. Puedes verla con el bidón, a los fogones o arremangada fregando los platos.
  • No le gusta perder ni al parchís o a las cartas. Si pierde y no tiene el día, puede llegar a tirar las cartas y echar en cara a sus compañeros de mano que han hecho trampas.
  • Una de las razones por las que fichó por Orbea fue porque le gustaba el ambiente familiar del equipo y el camión, ideal para comer todos juntos.
  • Tiene una sensibilidad especial con las horquillas. Siempre sabe qué presión le conviene y de mecánica entiende tanto o más que cualquier mecánico.
  • En las últimas temporadas, los dos corredores que más le han llamado la atención, o por los que ha sentido una especial consideración, han sido Jaroslav Kulhay y Nino Schurter.
  • Con los años, la pérdida de prestaciones y la consolidación de jóvenes rivales ha abandonado parte de su dulzura y su carácter competitivo se ha avinagrado un poco.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.