La periodista Cristina Spinola se cansó un día de hacer un trabajo carente de sentido y se subió a una bici para dar la vuelta al mundo y exprimir la vida. Estuvo tres años y un mes.

¿Quién es Cristina Spinola?

Soy aventurera. He hecho de periodista. Estuve trabajando en Antena3, en diferentes cadenas de televisión, hasta que un día decidí dejarlo todo y dedicarme a lo que más me gusta: viajar en bici e informar de lo que hacía por diferentes medios, como YouTube. Quería dar la vuelta al mundo en bici y convertirme en la primera española en hacerlo. La primera mitad la hice sola y, la segunda, con una chica que conocí en el camino de México a Ushuaia.

Pero ¿qué te acabó de impulsar a dejarlo todo?

Fue un momento de mi vida en el que me sentía muy vacía, muy poco conectada con el mundo y conmigo. Necesitaba algo más y no me gustaba el periodismo que estaba haciendo. No estaba casada. No tenía hijos, y me dije que era entonces o nunca.

Un cambio de vida que te enganchó.

Sí, ya que desde que hice este viaje decidí continuar con esta vida y montármelo tanto en bici como sin ella, porque al final le coges un poco de rabia (de hecho, cuando hablamos con ella estaba haciendo surf rodeada de tiburones en México).

Empezaste en 2014 el viaje y desde Sudáfrica.

Fue en el mes de marzo. Decidí hacer primero el este de África hasta Etiopía. Intenté pasar a Oriente Medio por Arabia Saudí, pero no me dieron el visado porque iba sola, tenía que ir con un hombre, así que no entré en el país porque iba contra mis principios. Este viaje tenía un objetivo y era el de inspirar a las mujeres a salir de sus casas, a hacer cosas y deporte, y yo montando en bici tenía que dar ejemplo. Tampoco pude pasar por Egipto por el terrorismo, así que fui directamente a la India desde Etiopía, y desde Bombai atravesé toda la India hasta Nepal. Todavía no sé cómo sobreviví, ya que para mí fue el tramo más peligroso.

¿Más peligroso?

Sí, allí las carreteras son una auténtica locura. Aquello es freestyle. Tienen buenas carreteras, pero de repente te encuentras un camión en dirección contraria, gente andando por la carretera y además es muy fácil que intenten asaltarte si eres mujer. Intentaba no pararme y si lo hacía era para comer algo rápido.

¿También habrá momentos buenos, no?

Y muchos, lo cierto es que tienes que comerte las uñas en muchos sitios para no quedarte. Peor te fue en El Salvador. Cierto, me atracaron, pero fue puntual. El mundo es mucho más seguro de lo que nos pensamos.

El pase de Machu Picchu a Bolivia fue especialmente duro, ¿verdad?

Casi me da algo por la altura. Fue durísimo. Estaba muy cansada. Llevaba casi tres años de viaje, pero sí, los Andes y el Altiplano me mataron, y el desierto de Atacama. La Patagonia también, pero fue preciosa.

Igual alguien se anima, ¿cuál era tu presupuesto?

Tenía algunos ahorros, pero me los fundí el primer año. Después me fui buscando la vida. La gente te ofrece tu casa. Yo procuraba no gastar nada y que me invitaran a todo. Suena mal, pero yo también colaboraba y si alguien estaba haciéndose su casa o el jardín, yo lo ayudaba. Tú das y la gente da. También hacía conferencias gracias a colegios o instituciones.

Y ¿salías mucho en bici antes de empezar el reto?

Tenía costumbre de cogerla para todo. Era parte de mi vida e hice algún triatlón y ultramaratón. Yo seguía a algunos americanos y europeos que daban la vuelta al mundo en bici porque en 2014 el cicloturismo en España estaba en pañales. Y no hay nada como viajar en bici para conocer un país y su gente.

Con la poca cultura existente que mencionas, ¿cómo lo hiciste para elegir la bici y el equipaje correcto?

Al principio no tienes idea de nada y metes de todo. Cargas demasiado, pero acabas aprendiendo a viajar con poco. Empecé con una bici que compré en El Corte Inglés por 200 euros, pero se me rompió en Malasia cuando me di una hostia enorme cuando dos hombres intentaron tirarme al suelo en marcha para violarme. Salí corriendo a oscuras por la carretera hasta que un coche se paró. Fue la peor experiencia del viaje. Me dijeron que Malasia era seguro. ¡Y una leche! Para una mujer me pareció muy inseguro.

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