Dejó su carrera profesional como jugador de baloncesto a la edad de 39 años, en 2012, y desde entonces este inquieto madrileño ha encontrado en el mountain bike una vía ideal para seguir practicando deporte y una forma de ayudar a los demás, una labor que realiza encantado.

Iñaki, sabemos de tu pasión por el MTB, pero ¿ya podías montar en bici cuando eras jugador profesional de baloncesto?

En verano, durante la temporada, no, ya que cuando era jugador profesional de baloncesto –una carrera de veinte años–, lo teníamos prohibido por el riesgo que supone y porque era un deporte que no se adecuaba muy bien al baloncesto. Solo hacíamos bicicleta estática para recuperar, aunque ya entonces me gustaba hacer alguna salida esporádica; aunque la afición de verdad me vino gracias a la visita de Julio Agredano.

Julio es el presidente de Freno al Ictus, ¿a qué te refieres exactamente?

Vino a verme a título personal cuando yo trabajaba en el Ayuntamiento de Las Rozas y era el encargado de ciertas actividades deportivas. Me explicó su historia, que sufrió un ictus, que se quedó postrado en la cama y que, gracias a su tesón y fortaleza y al reportaje Imparables de Santi Millán en la Titan Desert tiró hacia adelante. Me dijo que quería hacerla para dar visibilidad a lo que le había sucedido y que pudiera servir de ejemplo. Me vino a pedir ayuda, pero yo le dije que dinero teníamos poco y que lo único que se me ocurría era ir y hacerla con él.

Pero ¿tú conocías la Titan?

No tenía ni idea de lo que era, y no me quedó más remedio que entrenar y entrenar. Y a partir de entonces empecé a engancharme a la bici. Tengo la rodilla fastidiada de mi época de jugador de baloncesto –no tiene ni menisco ni cartílago–, pero me permite hacer ciclismo y la bicicleta, el mountain bike, me ha permitido conocer un mundo y una gente fantástica. Al año siguiente se sumó Dani Rovira y ya empecé a engancharme a la bici.

Mides 2,05 metros, lo que no sé si es bueno o malo para el MTB y el ciclismo en general.

Depende. Para ciertas cosas es bueno, pero no te voy a engañar y te diré que encontrar una bici la primera vez no fue nada fácil. Al principio la encontré gracias a la colaboración de Scott y Mammoth y conseguí una Scott de mi talla, una doble que todavía tengo. Ahora estoy buscando una bici de doble suspensión, una bici de talla XXL o 62, la más grande que exista.

Una doble, por fin.

Es que es otro mundo, y mi espalda y mi cuerpo lo van a agradecer, y me está costando encontrarla. Para la Titan, cuando llaneamos, está bien, así como cuando bajo bastante rápido. Cuando subo penaliza y cuando hay bancos de arena me quedo clavado; en ciertos casos mi altura me beneficia y en otros me perjudica.

¿Cuántas bicis tienes ahora?

Tengo dos, la Scott rígida y una de carretera porque me han dicho que es bueno para coger fondo y este verano surgió la oportunidad, una Cannondale talla 60.

De niño, ¿te subías rápido a la bici?

¡Claro! En mi pueblo de Soria, en Leonardo de Yagüe, cerca del cañón del Río Lobo. Para mí era el transporte de todo el verano. De pequeño ya me gustaba, pero en cuanto me hice profesional no podía cogerla. No estaba permitido y no podía arriesgarme a una caída que acabara en lesión.

Has estado en tres ediciones de la Titan Desert, ¿qué otros proyectos tienes en mente?

Hemos hecho dos veces la Madrid-Lisboa y pruebas sueltas por la zona del noroeste, como el Rally de los Embalses o los 88 de Mammoth. Yo voy allá donde me dicen, siempre con nuestro maillot, porque es nuestra lucha y nuestro proyecto, y estoy encantado de ayudar. Ahora estamos hablando de viajar a Atacama. Nos gustaría hacer otra prueba internacional, pero quien nos lleva la agenda es Julio. Hay muchos retos, pero uno que tenemos es el de la Titan Desert, que se trata de una prueba que tiene algo que te engancha.

Y ¿controlas de mecánica?

Lo justo para arreglar un pinchazo y poco más. En su día nos enseñaron incluso a arreglar una cadena rota, pero se me ha olvidado. Lo básico sí, pero por si acaso siempre voy acompañado.

¿No te gusta salir solo?

Me gusta salir en grupo. Los días que he salido solo a montar en bici me he acabado aburriendo. Me gusta salir, charlar y seguir el ritmo de otro.

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